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Cómo disimular la calva sin hacer el ridículo

Rapados, flequillos, repeinados… Todos los trucos para tapar coronillas, entradas y otras miserias capilares

“Peinado que llevan algunos hombres calvos para encubrir, con el pelo de los lados de la cabeza, la calvicie de la parte superior”. Así define la RAE al “emparrado”, también llamado “cortinilla”, esa magna obra de ingeniería capilar que ha hecho caricaturescamente famosos al político vasco Iñaki Anasagasti o al candidato republicano a la presidencia de EE UU, Donald Trump. Y es que, durante décadas, solo había dos opciones para disimular la alopecia: la cortinilla y el peluquín. Pero las ciencias de la belleza han avanzado una barbaridad en los últimos tiempos, dando lugar a técnicas mucho más dignas para disimular los distintos grados de alopecia sin necesidad de caer en el más estrepitoso de los ridículos.

Para echarnos una mano (y un peine), contamos con un par de expertos estilistas capaces de lograr que hasta las ranas luzcan pelazo. El primero es Xavi García, director creativo de Salon44, que aconseja, antes de nada, “acudir a un especialista para ver si el problema tiene solución y considerar opciones de tratamientos en función de la causa, que puede ser estrés, genética, medicación o muchas otras. Si no hay remedio, hay que sacar partido a una estética nueva y ahí entramos los estilistas capilares”.

Nuestro segundo consejero es Quique Carballo, director de las peluquerías Luis & Tachi de El Corte Inglés de Preciados y Princesa, ambas en Madrid. Este diestro peluquero, que como para hacer patria luce un espectacular rapado, aboga por “soluciones a golpe de tijera o maquinilla, porque los peluquines ya solo se los ponen señores de más de 60 años”, y define el cambio de paradigma capilar con una frase lapidaria: “Antes ver a un calvo era como ver a un extraterrestre, hoy es hasta tendencia”.

Cuando llegan las primeras entradas
Este primer grado de calvicie es el más sencillo de ocultar. Quique Carballo recomienda, si es que queda algo de cabellera, “dejarse crecer el flequillo, o el pelo un poquito más largo en la zona superior que en el resto, para disimular las entradas”. Esta solución es ideal para cabellos lacios y manejables, que pueden moldearse al gusto y logran que hasta un Frankenstein disimule su amplísima frente.

Para pelambreras más rebeldes, Xavi García propone otra sabia estrategia: “Si pretendes disimular tus entradas, los cabellos irregulares con movimiento ayudan a que no se note tanto la carencia de pelo”. Para ello, es preciso dejarse el pelo un poco largo y revolverlo. De esta forma, la atención del prójimo se desvía hacia la cara, quedando el marco capilar en segundo plano… y las entradas a la sombra.

Elton John tenía la cabellera tan despoblada como se ve en este concierto de 1976. Y un buen día apareció con un hermoso peluquín que no se ha vuelto a quitar. Getty

Cuando tienes poca cantidad de pelo
Si el tipo de alopecia que padeces te provoca una escasez general y progresiva de cabello, Xavi García aconseja “llevarlo lo más corto posible. De esta forma, por un lado disimulas la falta de volumen y por otro vas aceptando tu problema de calvicie. Puede ayudar mucho pensar en iconos masculinos como Jude Law, John Malkovich o Zidane. Ellos son tres ejemplos de que es mejor sacar partido de lo bueno que tenemos, que intentar esconder o disimular lo que no nos gusta”. Dejar crecer el pelo moderadamente para arreglarlo luego en capas cortas también es una solución eficaz, pues las capas otorgan volumen y movimiento a la cabellera.

Cuando hay calvicie en la coronilla
En principio, esta variante de alopecia no se aprecia por delante, pero hace que desde atrás “se te vea el cartón”, como se suele decir coloquial y jocosamente. Para evitarlo, la opción más obvia es tapar la coronilla con el pelo del resto de la cabeza, peinando por ejemplo hacia atrás; pero es un apaño efímero que puede estropear una ráfaga de viento traicionera. Xavi García lo solucionaría “con un buen corte". Y ñade: "Al cortar más los laterales la nuca despoblada se disimula un poco porque compensamos volúmenes”.

El actor Yul Brynner no tuvo problemas en exhibir con gran orgullo su calva. Cordon

Quique Carballo apunta: “Existen fibras de cabello natural que, aplicadas en el pelo, disimulan muy bien porque se entremezclan con el cabello que tiene el cliente y tapan la piel; pero es un arreglo temporal, que se suele utilizar en ocasiones especiales”.

Cuando tu alopecia ya está muy avanzada
Según Xavi García, para calvicies de tercer grado lo suyo es “utilizar productos mate y que aporten volumen, en ningún caso gomina puesto que parecerá que hay menos cantidad. Pero en estos casos lo mejor es aceptar la calvicie y rapar con maquinilla, adoptando una nueva estética. Por ejemplo, un hombre con la cabeza afeitada y barba puede ser muy interesante”.

Quique Carballo también es partidario de trasquilar la cabeza y llevar la calvicie con naturalidad, aunque no por sanear el cuero cabelludo, como se suele decir: “Hay que desmontar el mito de que cortando mucho el pelo sale con más fuerza; sí se disimula la alopecia, pero ni coge más fuerza ni crece mejor. El cabello tiene una vida, que suele obedecer a razones hereditarias, y en ella no influye cortar más o menos”.

Cuando tu frondosa melena se ha convertido en cuatro pelánganos
Xavi García sostiene que en esta etapa de alopecia terminal “lo mejor es cortar de raíz. Siempre nos quedan las técnicas de implante capilar, que cada vez son más efectivas y no se notan”.

Quique Carballo, por su parte, comenta que “a partir de 1992 o 1993 empezó el fenómeno de raparse la cabeza. Antes si ibas rapado te preguntaban si eras skinhead o estabas enfermo, pero ahora está de moda y vienen a la peluquería muchos chicos a raparse. Son buenos clientes porque vienen como cada quince días, más a menudo que los que quieren un peinado”.

En fin, que mejor lucir una alegre calva que dejarte crecer los cuatro pelos que te quedan. Porque, como dice el refrán, “los calvos con melena son feos y dan pena”. Salvo que seas Santiago Segura o uno de los heavies de la Gran Vía, claro.

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