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Hacia el final de una economía basada en las energías fósiles

Presionemos todos para que la Cumbre sobre el Clima que empieza en unos días en París alumbre la hoja de ruta definitiva. Es la última oportunidad

Suelo seco en Sudán. Banco Mundial

En realidad la principal batalla ya la hemos perdido: la gran cantidad de gases de efecto invernadero que hemos liberado a la atmósfera desde la Revolución Industrial ya hace prácticamente inevitable que la temperatura media global a finales de siglo sea dos grados superior a la que teníamos en la época preindustrial. Sólo estos dos grados ya tendrían consecuencias muy graves e inaceptables para aquellas poblaciones que están en mayor situación de vulnerabilidad frente al cambio climático.

De lo que se trata ahora es de contener el aumento, mitigar el problema y adaptarse. De ello, —mitigación y adaptación—, y también de financiación (de un Fondo Verde para el clima a partir de 2020 que cuente con 100.000 millones de dólares cada año), hablarán en París los 195 países llamados a alcanzar un acuerdo global que ataje el problema. Pero es que los compromisos, por otra parte voluntarios, de reducción de gases de efecto invernadero que 154 de esos países ya han presentado a la ONU ni siquiera serán suficientes para contener el calentamiento global en dos grados a finales de siglo, pues se prevé que las emisiones sigan aumentando de aquí a 2030, si bien es cierto que de forma ralentizada, para posteriormente empezar a decrecer. Para contener el calentamiento necesitamos recortar las emisiones entre un 40% y un 70% en 2050 y llegar a un nivel cero de emisiones netas a finales de siglo (balance cero de emisiones). Y los compromisos que se han presentado no alcanzan para reducir esas cantidades de aquí a 2050. Pero es que si no se toman medidas y continuamos con la misma inercia, nos vamos a un aumento de entre 3,7 y 4,8 grados, según el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la ONU, lo cual conlleva grandes riesgos para la producción de alimentos y la seguridad alimentaria.

Como vemos, el diagnóstico es duro. Pero no podemos permitir que la gravedad de la situación nos lleve a la parálisis. Al contrario, tenemos que llegar más lejos y avanzar más rápido. Ser más ambiciosos y tomar medidas audaces. Afortunadamente, hay también buenas noticias. En París estarán prácticamente todos los países y todas las grandes economías. En Kioto faltaban Estados Unidos y China, entre otros muchos, lo que hacía que aquel Protocolo, ya caducado, sólo cubriese el 11% de las emisiones globales. Actualmente, en cambio, el 90% de las emisiones globales (todas las de China, Estados Unidos y la UE, más las de otros países) están bajo los compromisos de reducción que se han presentado ya a la ONU. Lo que se necesita ahora es una gobernanza de la lucha contra el cambio climático. No podemos perder otra década más.

Los mecanismos de control y la financiación de todas las nuevas políticas que tenemos que impulsar (agricultura urbana, energías renovables, movilidad no motorizada, edificación sostenible, consumo de proximidad, conservación de los recursos y protección de los servicios ecosistémicos, reparación de los daños ya causados, etc.) constituyen el núcleo de las negociaciones. Necesitamos cambiar drásticamente de rumbo, precisamos una innovación disruptiva. ¿Hacia dónde? Hacia la biomímesis, la economía colaborativa, las finanzas éticas y al servicio de la economía real, el consumo responsable, la transparencia, la corresponsabilidad, las nuevas empresas socialmente responsables y ambientalmente sostenibles, generadoras de valor socioambiental.

Para contener el calentamiento necesitamos recortar las emisiones entre un 40% y un 70% en 2050 y llegar a un nivel cero de emisiones netas a finales de siglo

Otra buena noticia es la alta movilización social, muy superior a la de otras cumbres. La organización 350.org ha puesto en marcha una campaña global de desinversión en combustibles fósiles que ya se ha extendido por 188 países e involucra a millones de personas. Trata de reprender a la industria de los combustibles fósiles por su responsabilidad en la crisis climática. En España, nada menos que 400 organizaciones sociales han presentado una Alianza por el Clima con el objetivo de sensibilizar a la sociedad española de la importancia de alcanzar un acuerdo satisfactorio en París. La movilización no ha quedado restringida a las organizaciones sociales, sino que ha saltado —y este salto es sumamente importante—, a muchas empresas y organizaciones del ámbito económico. Así, por ejemplo, la campaña 1 millón por el Clima se dirige no sólo a ciudadanos y organizaciones sociales o administraciones, sino también a empresas que expresan a través de esta campaña sus compromisos #PorElClima. Las empresas del sector ambiental, particularmente las pymes, se están uniendo al Movimiento por el Clima con la iniciativa Ecopreneurs for the Climate 2015, que llega a nuestro país en la semana del 23 de noviembre, justo antes de Cumbre de París. Se reunirán en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla para discutir sobre los distintos retos y desafíos a los que se enfrentan en relación al cambio climático, y cocrear e impulsar soluciones empresariales económicamente viables y socialmente empoderadoras, que permitan hacerles frente.

Debemos aprovechar esta movilización, esta presión sobre los líderes políticos, y la sensación reinante de que el fracaso en París no es una opción, que esta es nuestra última oportunidad y que todos los países están llamados a alcanzar un acuerdo. París debe marcar el final de una economía basada en energías fósiles, así como la hoja de ruta definitiva que comprometa a todos para alcanzar, sí o sí, la meta de llegar al final del siglo con el problema “controlado”.

Luis Morales Carballo es cofundador y director de innovación de Greenbiz – Green Business Spain, y uno de los promotores de Ecopreneurs for the Climate 2015.