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“Las mujeres violadas pasan de ser víctimas a protagonistas de su vida”

Caddy Adzuba, periodista y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, insiste en el poder de recuperación de las mujeres que han sufrido violencia sexual en Congo

Caddy Adzuba, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia Ampliar foto
Caddy Adzuba, fotografiada en 2010.

Imaginen a una familia: un padre, una madre y dos o tres niños. Imaginen que unos soldados llegan a su vivienda y obligan a uno de los hijos a violar a su madre. Éste se niega y, en represalia, los militares matan al padre. Vuelven a forzarle y reciben otra negativa. Y matan a su hermano. Asesinan a todos los varones de la familia hasta que solo quedan las mujeres: la madre y, quizá, alguna hermana. A ellas las violarán después, y para eso los soldados ni siquiera necesitarán introducir sus genitales; les meterán armas y objetos cortantes en la vagina. Luego las obligarán a caminar a pie y heridas unos 12 o 20 kilómetros hasta la base de su grupo armado. Allí las atarán a un árbol como a animales y, durante varios días las dejarán allí. Serán sometidas a prácticas inhumanas, les harán cortes y usarán sus cuerpos para apagar cigarrillos.

Este es parte del espeluznante relato que Caddy Adzuba ofreció este miércoles en el Círculo de Bellas Artes de Madrid ante un público enmudecido. No es una historia nueva; la periodista y activista congoleña lleva años denunciando la discriminación y la violencia contra las mujeres en su país, la República Democrática del Congo, en guerra desde los años noventa y donde 1.100 son violadas al día. Su lucha pacífica la ha hecho merecedora de numerosas distinciones, la más destacada, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2014.

Adzuba habló en el marco del encuentro Women4Change (#w4c en redes sociales, que llegó a ser trending topic), organizado por la Fundación Esperanza Pertusa de la firma española Gioseppo. El formato, una conversación entre la congoleña y la directora del Huffington Post, Montserrat Domínguez. Se iba a debatir sobre los retos conjuntos de las mujeres en los países del Norte y del Sur y su aporte a la sociedad, pero las mujeres de Caddy y su capacidad de recuperación se llevaron todo el protagonismo. Por ellas les preguntó Domínguez y también asistentes al evento y ciudadanos anónimos que enviaron preguntas a través de las redes sociales.

Adzuba explicó que la estrategia de guerra en Congo es violar a las mujeres porque ellas son el motor de la familia y del desarrollo. Ellas son las que trabajan y sustentan a los suyos. El sexo es un asunto tabú y, al abusar de una mujer, ésta será repudiada por la familia y la comunidad. "Si rompes las familias, frenas la oportunidad del país de desarrollarse; es una estrategia de guerra pensada para destruir a las mujeres de la manera más humillante posible", aclaró.

Sufrir violencia sexual no es el fin del mundo

"Algunas consiguen ser rescatadas por alguien, pero quedan rotas. A partir de ese momento comenzarán un largo proyecto de curación física y espiritual. Regresan tan destruidas que algunas necesitan hasta 15 cirugías y otras pierden todos sus genitales", aseveró Adzuba. Pero en medio de esa violencia, la congoleña ve un rayo de luz. "Las mujeres pasan de ser víctimas a ser protagonistas de su vida: este es el camino de la esperanza". Ellas no quieren ser víctimas toda la vida. "Sufrir violencia sexual no es el fin del mundo. Pueden tardar hasta 15 años en entenderlo, pero al final ellas han visto su fuerza y su poder", aseveró la activista, quien no dudó en tachar al género femenino como el sexo fuerte, y no el débil, como es habitual escuchar. "Un hombre no resistiría los abusos que se comenten contra las mujeres en mi país".

Caddy Adzuba mantiene una lucha constante y tenaz por visibilizar esta realidad que lleva a cabo desde la ciudad de Bukavu, al este de RDC, y a través de las ondas de Radio Okapi, la emisora de radio de la misión especial de la ONU para la pacificación del país, A su juicio, es fundamental seguir porque el feminicidio de las congoleñas aún no ha obtenido la atención que merece por parte de la comunidad internacional. "El reconocimiento nos sirve para hacer lobby. Hay que explicar qué ocurre".

A su juicio parte de la reparación del daño y de la recuperación de las mujeres pasa por la participación política y por la condena de los responsables de esta masacre de género. "Congo porque es un país con necesidad de justicia", aseveró. Para ello pidió ayuda a España, ahora que va a presidir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que impulse la creación de un Tribunal Internacional para juzgar los crimenes de guerra en RDC. "La condena del verdugo también es una terapia para las víctimas", aseguró. En este sentido, explicó que sí ha habido juicios y condenas a paramilitares autores de abusos sexuales, pero solo a los de bajo rango, mientras que los responsables verdaderos, los antiguos jefes rebeldes, han pasado a ser coroneles y generales del Ejército y son intocables para la justicia.

También reclamó que la comunidad internacional que se beneficia del conflicto compense económicamente a las mujeres violadas y que no se compren minerales como el coltan de su país si no tienen una trazabilidad. Estas dos últimas peticiones las hizo en referencia al interés de multinacionales y gobiernos occidentales por promover la guerra para controlar los recursos naturales de RDC, pues son los grupos rebeldes quienes explotan las minas de donde salen los minerales que se utilizan en la construccion de teléfonos móviles y otros aparatos tecnológicos que se usan en el llamado primer mundo. “Se cree que es una guerra de los congoleños, pero es una guerra debida al progreso tecnológico, por el coltan que procede del Congo. Como sociedad civil nos tienen que ayudar a vivir y respirar, somos capaces de desarrollarnos solos, pero necesitamos la paz y la vida", sentenció Adzuba.

La activista reconoció que siente temor porque su vida está amenazada desde hace varios años pero, como agente de la ONU, no duda en pedir la protección de los cascos azules cuando ve peligro. ¿Por qué seguir viviendo en Congo cuando su vida está en riesgo? "Ante las amenazas de muerte pensé en quedarme en Europa y fui a España, pero a los tres meses estaba de vuelta. Mi lugar está en Congo", concluyó.

El debate no finalizó sin que Caddy también realizara sus preguntas. La primera, lanzada a todos los periodistas, si creen que los medios están haciendo todo lo posible para lograr la igualdad y por qué no son conscientes del poder que tienen para lograrlo. Respondió Montserrat Domínguez asegurando que en Europa se puede hacer mucho más. La segunda, una punzada en las conciencias: "¿Por qué los europeos cerráis el corazón a refugiados e inmigrantes? ¿Por qué no les dais la oportunidad de vivir?". Ante eso, Domínguez señaló a la congoleña que hay otra Europa que sí los acoge y también cuenta. La periodista Esther Palomera, moderadora del debate, apostilló que también hay una España más solidaria abierta al cambio, aunque aún quede mucho por hacer.

Una pulsera por el cambio

Este evento ha servido para lanzar la pulsera Women4Change cuyas ventas irán destinadas ayudar a la reinserción socio-laboral de 150 mujeres víctimas de la violencia en la República Democrática de El Congo. Estará a la venta desde hoy en la web w4c.es y en las tiendas de Gioseppo.


Al inicio del encuentro, tuvo unas palabras de admiración para Caddy y para la lucha de las mujeres por lograr la igualdad la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Ella también alertó de que el potencial para el desarrollo del mundo es un 40% menor por las trabas que se ponen a las mujeres en su camino profesional. Su llamamiento a la sociedad civil fue para lograr "una sociedad donde la convivencia entre ambos sexos signifique intercambio y enriquecimiento, no desigualdad y violencia".

Women4Change terminó con una actuación de gospel a cargo del conjunto Gospel Factory, que interpretó cuatro piezas, entre ellas "Happy Day" e "Imagine" de John Lennon. Como colofón, Adzuba recibió un ramo de flores que dedicó a las mujeres que defiende en Congo y pidió un minuto de silencio para ellas, para recordarlas. Pero nunca como víctimas.