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porque lo digo yo
Columna
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Hay que hablar

Ceder continuamente el uso de la palabra, esa empecinada costumbre nos perjudica a todas. Y a ellos, aunque no lo sepan

Elvira Lindo
La escritora Elvira Lindo charla con su marido, Antonio Muñoz Molina, en el Ateneo de Madrid, en una foto de archivo.
La escritora Elvira Lindo charla con su marido, Antonio Muñoz Molina, en el Ateneo de Madrid, en una foto de archivo.Bernardo Perez

Imparto una charla sobre mi trabajo. Al final, se abre el turno de preguntas del público. La situación es incómoda, porque quien desee preguntar ha de acercarse al micrófono. Entiendo que intimide. A mí, acostumbrada como estoy a hablar en público, también me pasa, pero he comprendido que la timidez no es aceptable como excusa. Aunque la audiencia es mayoritariamente femenina, sólo los hombres preguntan. Sin embargo, cuando el acto termina, se me acercan varias de las mujeres que tan atentamente me han escuchado a compartir de tú a tú sus pensamientos.

Acudo al jurado de un premio. La representación femenina es ridícula. La quinta parte. Hablan los hombres, hablan y hablan. Nada nuevo. De vez en cuando, una de las tres mujeres apostilla. O sonríe. O asiente. O niega dulcemente. Yo trato de no hablar demasiado para no parecer la típica mujer que habla demasiado. El resultado es que intervenimos poco y nuestro papel se me antoja meramente representativo.

Tal vez no se puedan construir teorías generales de la experiencia propia, pero tras muchos años de oficio y haber observado el frecuente silencio de las mujeres, el voluntario y el forzado, se me vienen a la cabeza algunas preguntas que formularía a todas aquellas que tienen, tenemos, alguna posibilidad de cambiar esta inercia: ¿por qué no hablamos? ¿por qué sólo opinamos en las distancias cortas? ¿no estamos hartas de escuchar? La brillante investigadora Jocelyn Bell se pregunta por qué si mejoramos los equipos con nuestra presencia nos retraemos luego en cuanto hay que pelear por un puesto directivo. O cedemos continuamente el uso de la palabra, añadiría yo. Esa empecinada costumbre nos perjudica a todas. Y a ellos, aunque no lo sepan.

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Sobre la firma

Elvira Lindo
Es escritora y guionista. Trabajó en RNE toda la década de los 80. Ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por 'Los Trapos Sucios' y el Biblioteca Breve por 'Una palabra tuya'. Otras novelas suyas son: 'Lo que me queda por vivir' y 'A corazón abierto'. Su último libro es 'En la boca del lobo'. Colabora en EL PAÍS y la Cadena SER.

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