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Una madrina para el ciberactivismo de África Occidental

Anna Guèye tuitea serena pero sistemáticamente alejada del estereotipo del exhibicionismo de las redes sociales y se ha convertido en referente para los ciberactivistas de África Occidental

Una madrina para el ciberactivismo de África Occidental

Anna Guèye es una persona casi anónima, una mujer que tuitea serena pero sistemáticamente desde la ciudad holandesa de La Haya. Es el contrapunto al estereotipo del exhibicionismo de las redes sociales, porque desde su perfil de Twitter, rodeada por un cierto halo de misterio, se ha convertido en un referente para algunos de los ciberactivistas más activos y dinámicos de África Occidental y de la esfera francófona del continente. Anna Gueye es para muchos de estos cibermilitantes un modelo y un ejemplo y, sin embargo, ella revela con cuentagotas sus datos personales, intenta mantenerse a la sombra en cualquier cosa que no sea su identidad virtual y se resiste a ser fotografiada. Visualmente, Anna Gueye es poco más que la foto de la cándida niña vestida de blanco que ostenta en sus perfiles en las redes sociales, pero simbólicamente es la madrina de los ciberactivistas de África Occidental.

Se ha ganado a pulso su reputación digital, a golpe de tuit, con una actividad frenética pero rigurosa y, más allá de la cantidad, con un tremendo grado de implicación en cualquier iniciativa de carácter social. Anna Gueye tuitea sobre temas diversos, pero la verdad es que es una auténtica adicta a las causas que tienen que ver con el África en la que hunde sus raíces, ya que a pesar de haber nacido en Francia es hija de un senegalés y una guineana. Empezó a construir su prestigio en el hashtag #Sidibouzid, en relación con la revuelta tunecina que se desarrolló a partir de diciembre de 2010. Pero su actividad más intensa se ha desarrollado en los hashtags más genuinamente relacionados con el ciberactivismo de África subsahariana.

Todo el abanico de causas

Primero, en #CIV2010, una etiqueta que basculó desde el debate político a la solidaridad directa (con su secuela #CivSocial) como respuesta a la crisis que se abrió con los resultados de las elecciones presidenciales de Costa de Marfil en 2010. Se empleó a fondo en el hashtag #Sunu2012, durante los comicios presidenciales senegaleses de 2012 y ha mantenido el hilo en las diversas iniciativas puestas en marcha por los ciberactivistas de este país de África occidental. El presidente de la asociación de blogueros senegaleses, Basile Niane, la considera una tuitera “influyente” y “clarividente” y destaca su tremenda actividad; mientras que Cheikh Fall, uno de los ciberactivistas con más proyección de África Occidental, dice de Gueye que es “la reina de la curación (clasificación, presentación y enriquecimiento de contenidos) de la información para África”.

Además de estos hilos de conversación, Gueye frecuenta los que tienen que ver con la libertad de expresión. Fue una de las tuiteras activas en la campaña #FreeMakaila, para protestar contra la expulsión de Makaila Ngueble, el bloguero chadiano disidente expulsado de Senegal. Y es una de las habituales en las campañas que se lanzan periódicamente para exigir la liberación del periodista sueco-eritreo, Dawit Isaak, encarcelado en Eritrea desde el año 2001. Así, la ciberactivista emplea a menudo el hashtag #FreeDawit u otros similares.

Todas estas acciones le han servido para que sea considerada por otros tuiteros como “la ministra encargada de la lucha contra los dictadores” de un supuesto gobierno de Twitter, e incluso algunos han reclamado su ayuda. Un tuitero malí pedía su colaboración para desplazar a otro dirigente contestado, en este caso el general golpista malí Amadou Sanogo. En todo caso, Anna Gueye se ha labrado este prestigio con mucho trabajo, su perfil de Twitter, una red a la se unió en junio de 2009, muestra que el pasado mes de abril superó ya los 200.000 mensajes emitidos y que cuenta con casi 9.000 seguidores, usuarios de la red de microblogging a los que llegan los contenidos compartidos por Gueye. Sin embargo, toda esta repercusión no se traduce en autocomplacencia. Anna Gueye señala que está demasiado implicada” en las iniciativas mencionadas y que “no tiene la suficiente perspectiva para valorar cuál ha sido la más exitosa”. Sin embargo, sí que se permite lamentarse parcialmente del resultado de #FreeMakaila: “Lamento que Makaila Nguebla no hubiese podido regresar a Senegal, aunque hubiese podido refugiarse en Francia”.

Confiada pero sin garantías

Anna Gueye está convencida de las posibilidades que pueden ofrecer las redes sociales en diferentes ámbitos, pero sobre todo en términos de gobernabilidad. “Como hemos visto”, explica Gueye, “en diversas crisis, las redes sociales acompañan a las reivindicaciones sociales ya que permiten lanzar consignas, coordinar manifestaciones, difundir las imágenes de la represión violenta y actúan, de esta manera, como contrapeso de los medios oficiales. Permiten igualmente un diálogo directo entre los políticos y los ciudadanos, como por ejemplo, los marfileños Guillaume Soro o Alain Lobognon. De esta manera, estos políticos pueden escuchar otras canciones que las de los cortesanos que les rodean”.

Aunque en este sentido, Gueye destaca especialmente la influencia que las redes sociales han tenido en el papel de la sociedad civil y los ciudadanos anónimos: “Permiten saber lo que piensan los internautas. Antes de las redes sociales nadie sabía qué pensábamos, nadie nos preguntaba nuestra opinión. Pero este fenómeno es igual en todo el mundo”. Así es cómo esta ciberactivista considera que el continente africano se equipara al resto del planeta. En todo caso, no está tan segura de que las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) vayan a ser el remedio para acabar con el desequilibrio entre África y Occidente: “En un estudio, Torero y Von Braun muestran que el acceso a las TIC dependen de los ingresos, la educación y los recursos y que la fractura digital forma parte de una fractura de desarrollo: el desarrollo económico provoca una utilización más intensa de las TIC y no a la inversa”.

Gueye tampoco está del todo segura del efecto directo de las TIC para fomentar el desarrollo: “El subdesarrollo de África se debe al hecho de que las materias primas no se transforman allí y que, por tanto, no hay empleos estables. No tengo respuesta sobre el efecto de las TIC en esta situación, pero los estudios nos dice que a pesar de la pobreza, la utilización de teléfonos móviles ha aumentado más rápidamente en África que en ningún otro lugar. Los operadores de telefonía móvil, que han invertido 90 mil millones de dólares en África, son las empresas más rentables en algunos países y están creando empleos. El oro, el tantalio, el estaño y el tungsteno, se utilizan en la fabricación de los teléfonos móviles y de otros aparatos relacionados con las TIC (por eso, se dice que los teléfonos móviles financian la guerra en la RD Congo). Zambia y la RD Congo proveen el material utilizado en más de la mitad de las baterías recargables de litio-ion del mundo. Las TIC se pueden usar en agricultura para formar e informar a los productores y las productoras, en telemedicina y en el acceso a la educación”.

Del interés personal al uso comprometido

Con estas convicciones Anna Gueye es una usuaria convencida de las TIC desde la generalización del uso de la informática. Asegura que empezó a utilizarlas por cuestiones prácticas: "Como traductora, estoy obligada a estar al tanto de la evolución del lenguaje, sobre todo teniendo en cuenta que ya no vivo en Francia, principalmente leer la prensa y la web es un instrumento excelente. Twitter me permite seguir la actualidad o me obliga a seguirla. También es, de alguna manera, un ejercicio de archivo de artículos”.

Para Gueye las redes sociales son además un elemento fundamental para mantener el vínculo con sus orígenes africanos y, por otro lado, le ofrece la posibilidad de ser una usuaria influyente a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia del continente africano. “Lo que está bien de estos fenómenos virtuales es que nadie sabe desde dónde se tuitea o se escribe un blog. No es importante si el usuario es parte de la diáspora o no, lo que cuenta es la implicación. Por el contrario, las TIC permiten a la diáspora estar informada en tiempo real sobre los temas sobre los que antes hacían falta horas o días para enterarse”.

Esta traductora y tuitera compulsiva, que guarda celosa sus datos personales “por cuestiones laborales” a pesar de que considera que no hay gran diferencia entre su identidad virtual y su identidad “real”, se muestra confiada en el futuro de las redes sociales: “El último proyecto Africtivistes se ha puesto como objetivo reunir a los cibermilitantes para compartir experiencias y ayudarse entre sí ante las crisis que están por venir. Y, por qué no, uno de los puntos de encuentro puede ser la lucha conjunta contra injusticias como la violación de mujeres como arma de guerra en la RD Congo o la situación de los negros en Mauritania”.

Con este espíritu, Anna Gueye ha explotado diversos canales, desde la red de microblogging Twitter, los blogs, las herramientas on line de compilación de información, las comunidades de periodismo ciudadano o las publicaciones on line. La que Basile Niane llamaba en agosto de 2012 “la mujer de los 145.000 tuits” se ha convertido ya no sólo en la mujer de los más de 200.000 tuits, sino en la mujer de los más de 200.000 tuits comprometidos y de las innumerables causas de ciberactivismo, por eso Anna Gueye continua siendo un espejo, un modelo y un referente para los cibermilitantes de África Occidental.

Los elementos de la identidad digital de Anna Gueye:

- Twitter.

- Google+.

- Scoop.it (Revue de presse “Afrique”).

- Blog personal (para la publicación de fotos).

- Usuario de Global Voices en francés y de Global Voices Online.

- Publicaciones en Rue89 y en Minorités.

- Impulsora de una web de información contributiva en Francia.