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Políticamente putas

La tercera Marcha de las Putas en Quito (Ecuador) exige el fin del machismo en el país

El movimiento internacional surgió en 2011 contra el policía canadiense Michael Sanguinetti que afirmó que las mujeres deben evitar vestirse como putas, para no ser víctimas de violencia sexual

Una mujer en la Marcha de las Putas en Quito el pasado 29 de marzo. Ver fotogalería
Una mujer en la Marcha de las Putas en Quito el pasado 29 de marzo.

¿Qué empuja a centenares de mujeres a marchar por las calles de Quito y pasear carteles con leyendas como: “Yo decido cómo me visto y con quién me desvisto” o “tengo derecho a caminar, sin que nadie me vaya a escanear”? ¿Qué hace que se autodenominen “putas” y hasta escriban esta palabra sobre sus cuerpos para que nunca más les duela, culpe o estimagmatice? Las respuestas son el machismo y la violencia que éste genera. Seis de cada diez ecuatorianas han sufrido algún tipo de violencia machista y una de cada cuatro ha sido víctima de agresión sexual, según el Instituto de Estadísticas y Censos.

Esta jornada feminista que se hace en Ecuador desde el 2012 ya tiene un nombre propio: “la Marcha de las Putas”. Al igual que en otros países, fue la respuesta indignada que dieron las mujeres del mundo al policía canadiense Michael Sanguinetti que soltó un comentario machista en una charla sobre seguridad: “Las mujeres deben evitar vestirse como putas, para no ser víctimas de la violencia sexual”.

La tercera edición de la la Marcha de las Putas se desarrolló el pasado 29 de marzo y cumplió con su tradición de vetar el machismo en las diez cuadras de recorrido. En el festival musical que cerró el evento se oyeron letras que llamaron a la concienciación como las rimas de las cantantes de hip-hop Caye Cayejera y Rima Roja en Venus: “Me vale un trozo de verga, el patriarcado que te sostenga” o “cicatrices, golpes, basta. Mujer hazte respetar, tú vales más”.

La marcha ya cuenta como un triunfo de las libertades a nivel social. Ana Almeida, una de las activistas que inició el movimiento, explica el trasfondo político de reconocerse puta: “Ser políticamente puta es no tenerle miedo a la palabra, saber que se usa para coartar las acciones de libertad que las mujeres ejercemos sobre nuestro cuerpo”.

La sociedad ecuatoriana está impregnada de ese machismo y se cobra víctimas mortales cada año. Los datos de la Fiscalía dan cuenta de que existe un promedio anual de 200 casos de mujeres asesinadas y que casi el 70% son producto de los llamados conflictos pasionales. El delito de femicidio, como tal, apenas fue incluido en el nuevo Código Penal que se aprobó el año pasado y es sancionado con penas de 22 a 26 años de cárcel.

Una de cada cuatro ecuatorianas ha sido víctima de agresión sexual

La violencia tolerada o velada, que no llega a matar pero que tiende a perpetuar los roles en la sociedad ecuatoriana, también es preocupante. Los mensajes que descalifican a las mujeres han surgido desde el más alto nivel. El presidente Rafael Correa ha tenido desafortunadas declaraciones como las que hizo en una cadena nacional en 2012: “Yo no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente”.

La evolución del movimiento de la Marcha de las Putas en Ecuador ha sido notoria. En el último año han contado con un espacio de reunión en el Centro de Arte Contemporáneo que les ha permitido planificar otras actividades. Ana dice que ha sido “un año de trabajo continuo, de proponer muchas actividades en torno a la libertad sexual y de estética, tomándonos los espacios públicos”.

Entre las acciones estuvo De espaldas al patriarcado, que consistió en convocar a hombres para pintarles esta frase en sus espaldas y salir a las plazas. “Queríamos que esta vez sean los hombres los que pongan el cuerpo para denunciar la sociedad violenta, machista, que estigmatiza a las personas. Incluimos a los hombres en la lucha por la igualdad porque la violencia nos afecta a todos”, cuenta la activista.

Durante el debate del nuevo Código Penal, en el que se discutía la no penalización del aborto, hicieron varios actos para concienciar a la sociedad del peligro de un aborto inseguro. Esta, sin embargo, fue una batalla perdida porque el órgano legislativo solo legalizó el aborto terapéutico y cuando el embarazo fuera fruto de una violación a una mujer con discapacidad. Sin embargo Ana confía en que pueden incidir en otros cuerpos legales que aún están por discutirse: “En el Código Penal ya nos chantaron la penalización del aborto, pero está el Código Orgánico de Salud. Estaremos en cuanto proyecto que tenga que ver con la autonomía y libertad de las mujeres, todos son una oportunidad para hacer incidencia”.

Otra aspiración del grupo de activistas en la aprobación de la Ley de Igualdad, aunque esta está más lejana del debate. “Quisiéramos que se discuta esta ley que reposa el sueño de los justos desde hace dos años. Esto permitiría que todos estos temas que discutimos a nivel social, pasen a otra etapa y se lleguen a convertir en políticas públicas”, dice Ana.

La igualdad que exige este movimiento es para todas las diversidades sexogenéricas que sufren discriminación en Ecuador. Por eso en la Marcha de las Putas también se implican grupos de transexuales y gais que también se apropian de la palabra “puta”. Ana explica el carácter amplio de su petición. “Para nosotros siempre ha sido importante el tema de la igualdad, no es solo un tema de mujeres, es un tema que cruza a todos por igual, no importa el cuerpo en sí, sino las relaciones de poder que se ejercen sobre ese cuerpo. El feminismo no es lo contrario del machismo, es una filosofía de vida que busca la igualdad entre las mujeres y los hombres de la diversidad”.

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