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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

“Hora menos en Canarias”

Giros nuevos y fórmulas tradicionales para la rutina de dar la hora. ¿Le suena a usted bien eso de “hora menos en Canarias”?

Álex Grijelmo

Debe de resultar tedioso repetir cada día las mismas fórmulas. “Son las dos menos diez, damos paso a la publicidad”, “son las tres de la madrugada, una hora menos en Canarias”. Por eso a menudo oímos en la radio cómo las cambian quienes soportan tamaña rutina: “Faltan 10 minutos para las dos”, “pasan 15 minutos de las seis de la tarde”, “son 40 los minutos que faltan para las nueve”, “son las tres de la tarde, las dos de la tarde si están ustedes en Canarias”.

 Cierto que eso de “pasan 15 minutos de las seis” y “faltan 10 minutos para las dos” suena más próximo a la fórmula inglesa que a la española, pero pelillos a la mar. Y también habrá quien defienda que las horas son las que son independientemente de dónde esté quien escucha (es decir: que son las dos de la tarde en Canarias tanto si uno está allí como si no).

Pero en la última temporada radiofónica nos ha sorprendido un nuevo giro en peligro de extensión: “Les esperamos a las doce, hora menos en Canarias”... Así: “hora menos”, sin la acostumbrada palabra “una” que acompañaba antes a esa expresión. Y además nos descoloca tal afán economizador en las mismas personas que luego sueltan “son quince los minutos que faltan para que sean las once de la noche” en vez de “son las once menos cuarto”.

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¿Le suena a usted bien eso de “hora menos en Canarias”? Entonces no siga leyendo. Quédese tranquilo, no va a empeorar el PIB por este problema.

Debe de ser tedioso decir cada día la misma fórmula. Por eso la cambian quienes sufren tamaña rutina

¿Le suena mal? Entonces intentemos juntos averiguar por qué le pasa eso.

Tenemos en primer lugar los términos “un” y “una”, que pueden vestirse más de un traje gramatical; por ejemplo, el de artículo (“es un poner”, “una forma de hablar”) o el de numeral (“dos oros, una plata y un bronce”). Y además, “un” y “una” no significan lo mismo si están delante de un sustantivo que si van solos por la calle (en el caso que nos ocupa, “una” camina con el sustantivo “hora” en buena compañía). Si van solos, ejercen labor de pronombres (sustituyen o representan a un nombre): “Una es mejor que otra”. Y cuando preceden al sustantivo, como en el caso que nos ocupa, son actualizadores; es decir, esos elementos lingüísticos que permiten pasar de lo abstracto a lo concreto. Por ejemplo, podemos emplear la expresión “profesor de alemán” para referirnos en general a los profesores de alemán como concepto: “Ser profesor de alemán no me parece un mal oficio”. Pero si vamos a lo concreto, necesitaremos el artículo: ”Me da clase un profesor alemán”.

Bien, ya sabemos por tanto que un y una son polifacéticos: pueden pertenecer a categorías gramaticales distintas y asumir funciones diferentes como artículos indefinidos, adjetivos numerales o pronombres: Carne de pluriempleo (en la gramática no hay crisis). Pero aquí no termina este simpático asunto, porque hemos de contar con otra circunstancia gramatical, presente también en la expresión que comentamos. Se trata del uso de “más” y de “menos”, que pueden vestir asimismo ropajes diferentes con igual cuerpo serrano: cuando preceden a un sustantivo son actualizadores (recordemos: términos que permiten pasar de lo abstracto a lo concreto: “no aceptaré menos dinero”), y cuando lo siguen son modificadores: esos adjetivos o adverbios que alteran con su compañía la percepción que tendríamos de las palabras si no estuvieran ellos ahí (“le pagó 200 euros menos").

La norma sale de lo normal. Millones de hispanohablantes saben gramática sin darse cuenta

Y cuando son modificadores, como sucede con el menos de “una hora menos en Canarias”, el sustantivo abstracto se convierte en una idea concreta gracias a un cardinal, a otro indefinido o a un demostrativo (Leonardo Gómez Torrego, Gramática didáctica del español, 2011, páginas 86 y 89, 10ª edición). O sea: que el sustantivo que acompañe a “menos” debe tener delante un número cardinal (“una hora menos”, “dos horas menos”), un indefinido (“algunas horas menos”) o un demostrativo (“esa hora menos que tienen en Canarias”). Hasta ahora a nadie se le había ocurrido no poner nada delante, y decir “hora menos en Canarias”, y mira que llevamos decenios con ese hecho diferencial; como nadie había dicho tampoco “el Madrid marcó dos tantos, gol menos que el Barcelona” (o viceversa), y mira que llevamos Ligas disputadas.

Es cierto que la gramática permite la supresión del artículo: “Amalio era [un] hombre poco dado al vino”. Pero aquí no estamos -quizás en eso reside la confusión- ante un artículo, sino ante un adjetivo numeral. Y no son iguales en significado aunque ambos participen del mismo significante, “una”.

Los numerales sí se omiten en frases hechas (“hora más, hora menos, no importa”), y en las negativas (“no pierde detalle”), porque en esos casos presentan rasgos de indefinidos (“alguna hora más, alguna hora menos”; “no pierde ningún detalle”), pero no desaparecen, en términos generales, delante del sustantivo al que acompañan, ya que se oponen a los cardinales dos, tres, etcétera. Así lo han decidido durante siglos millones de hispanohablantes que sabían gramática sin darse cuenta.

La gramática no dice cómo se debe hablar. Dice cómo se habla. La norma sale de lo normal. Y por ahora no es normal suprimir los numerales delante de los sustantivos. Por eso le puede sonar tan raro al lector que haya llegado hasta aquí -muchas gracias- lo de “hora menos en Canarias”, donde hay palabra menos de las que usted y yo habríamos usado.

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Sobre la firma

Álex Grijelmo
Doctor en Periodismo, y PADE (dirección de empresas) por el IESE. Estuvo vinculado a los equipos directivos de EL PAÍS y Prisa desde 1983 hasta 2022, excepto cuando presidió Efe (2004-2012), etapa en la que creó la Fundéu. Ha publicado una docena de libros sobre lenguaje y comunicación. En 2019 recibió el premio Castilla y León de Humanidades

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