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Cartas al director

No es un milagro, es ciencia

Hoy hemos salido del hospital con un riñón trasplantado. Tras cinco años de diálisis realizada en el hospital Francisco de Borja de Gandía, los últimos tres incluido en el programa nacional de trasplantes y 15 días de hospitalización tras recibir el deseado riñón, mi padre, de 74 años, ha salido por su propio pie del hospital Doctor Peset de Valencia con un riñón de alguien que, tras perder su vida, quiso que continuara dándola a otros.

La espera de tantos años, cuando finalmente llega el riñón —y no siempre llega—, merece la pena.

La experiencia ha sido impresionante. Impresiona que la maquinaria de nuestra sanidad pública en cuestión de trasplantes, reconocida mundialmente, funcione como lo ha hecho. Impresiona la seguridad con la que el personal sanitario hace su trabajo en el hospital y fuera de él. Impresiona, en fin, que cuando finalmente sales para irte a casa y hacer vida normal —aunque medicado para siempre— creas que todo ha sido un milagro.

Pero no lo es. Ni mucho menos. No es una cuestión de fe, sino de ciencia y de medios. Ha sido el resultado de la coordinación y el trabajo profesional y abnegado de unos, de muchos, de la generosidad de otros —los donantes y sus familias— y, sobre todo, de una sanidad pública que hace posible que todos ellos confluyan con éxito en un momento indescriptible: ver salir a tu padre andando de un hospital público español con el riñón de otro.— Carlos Sabater Cruces.

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