EDITORIAL

Un asunto interno

Las consecuencias políticas de la tragedia del Madrid Arena se dirimen en una total opacidad

La alcaldesa de Madrid se siente “legitimada por las urnas” para seguir en el cargo, y en un punto tiene razón: tanto ella como el anterior alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, formaban parte de la misma lista de candidatos votada por 757.000 madrileños hace poco más de año y medio, prácticamente el 50% de los que acudieron a las elecciones municipales en la capital. Aunque la campaña se hizo en torno a la persona de Ruiz-Gallardón, es verdad que cualquiera de los electos puede alegar la misma legitimidad de origen, dado el sistema de elección en lista cerrada y bloqueada que se mantiene en este país. Ese sistema conduce en la práctica a dirimir los problemas políticos como asuntos internos del partido afectado, sin explicarse ante los ciudadanos.

Por ese motivo de fondo, Ana Botella corta cabezas en el seno de su equipo sin explicar el porqué. Simplemente mide el efecto de tales medidas en el pequeño círculo de poder partidista al que pertenece, y que, además de su propia voluntad, será el que determine su futuro político. La tragedia del Madrid Arena, donde murieron cinco jóvenes y se violaron normas de seguridad básicas, se ha cobrado las dimisiones de Pedro Calvo, el responsable de la empresa municipal que alquiló el recinto para la trágica fiesta de Halloween (que, no obstante, sigue siendo concejal), y la del vicealcalde, Miguel Ángel Villanueva. Pero la ciudadanía no sabe si esto se debe a que son responsables de la tragedia, chivos expiatorios o más bien simples cortafuegos para evitar el peligro que se cierne sobre la cabeza de la propia alcaldesa. Todo ello tras el simulacro de una “comisión de investigación” llevada a cabo con las condiciones que impuso el partido mayoritario en Madrid, a la sazón el PP.

La dirección política de la capital de España se encuentra sometida a la inestabilidad. El nuevo equipo de Gobierno es el tercero en dos años. Tras la renuncia del vicealcalde, aparentemente relacionada con la tragedia del Madrid Arena, el equipo original de Ruiz-Gallardón queda diezmado. La capital sigue siendo una de las ciudades más endeudadas de España. Y la alcaldía mantiene tensiones públicas con el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González —a su vez responsable de un plan de privatización de la gestión sanitaria que tiene en pie de guerra a los profesionales del sector, mal explicado a los ciudadanos, más allá de afirmaciones genéricas sobre su menor coste—, reproduciendo así las que durante muchos años enfrentaron a Ruiz-Gallardón con Esperanza Aguirre.

La solicitud de los Juegos Olímpicos para 2020 es lo único en lo que se vislumbra algo parecido a un proyecto. El clima es inquietante en uno de los feudos hasta ahora más seguros del PP, afectado, como toda España, por las políticas de ajuste del Gobierno de Mariano Rajoy, pero agravado por la gestión de sus autoridades.

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