La glamurización de Sergio Ramos

Ha pasado de chico de barrio a actualizar el legado estilístico de Beckham

El defensa del Real Madrid moldea una imagen mediática a su medida, tanto fuera del campo, en su relación con Pilar Rubio, como dentro, plantando cara a Mourinho

Sergio Ramos, el pasado mes de septiembre, llegando a la Ciudad Deportiva de Las Rozas. / ALEJANDRO RUESGA

Al regreso de la boda de Paulina Rubio y Nicolás Vallejo-Nágera, en 2007, un grupo de invitados se quedó de piedra en el pasillo del puente aéreo de Madrid a Barcelona. El motivo no era ni la resaca de los tres días de fiesta en Cancún ni mucho menos la precoz profecía de que el matrimonio no llegaría a cumplir un lustro. Era la visión de Sergio Ramos, su nariz cubierta por un vendaje que evidenciaba una intervención quirúrgica. Ramos sonreía, enseñando su dentadura como si fuera una colección de joyas, estrechaba manos sin disimular el vendaje. No tenía por qué, todo el mundo sabía que la intervención se debía a una lesión durante un partido, muy frecuente en los laterales. Lo curioso era que un jugador del Real Madrid escogiera para la rinoplastia que cambió su perfil a un cirujano barcelonés.

En Sergio Ramos, casi todo es igual de frontal y contradictorio. Fuerte carácter y convicción de liderazgo. Con 19 años y no más pisar la hierba del Bernabéu declaró que soñaba “con ser capitán de este equipo”. La frase no encajó entre los capitanes vigentes, desnudó, quizá demasiado pronto, la ambición del recién llegado, fue una metedura de pata. Convertido en el segundo capitán, 2012, el año de los recortes, está a punto de terminar con Ramos hecho un nuevo gol mediático.

Todo chutó con un cambio de corte de pelo. En junio de este año, para la Eurocopa, apareció con un peinado que incluye un cierto tupé y recupera un tono castaño rojizo. “Yo también me veo el parecido con Val Kilmer”, llegó a reconocer cuando se le comentó la coincidencia con el joven actor de Top Gun. Con ese peinado certificó que tiene igual brillantez en la coordinación de sus movimientos delante del balón como al mando de su propio estilo. Previo paso por Miami, vino su actual romance con Pilar Rubio, que apasiona porque se les mira como si fueran la respuesta sexy al idilio institucional y corporativo que representan Sara Carbonero e Iker Casillas. “Sara e Iker son muy ¡Hola!; Pilar y Sergio son más Rolling Stone”, observa un columnista social. Otros sostienen que así como el Príncipe se enamoró de Letizia viéndola por televisión, los futbolistas siguen esa opción. “Una foto de ellos juntos vale muchísimo, y sería inmediatamente diseccionada en las secciones de estilo de las revistas juveniles”, vaticina una colaboradora de Cuore. El noviazgo ha hecho saltar a Ramos del césped al cuché, aunque ya mantuvo otra relación mediática intermitente, durante casi tres años, con la periodista deportiva Lara Álvarez.

Resultó un conquistador compulsivo. Ligar, al menos hasta hace un año, era un deporte

Ramos ha vivido todo de manera meteórica. Fue meteórica su llegada al fútbol, a la cantera del Sevilla. Y meteórico su aterrizaje en el Real Madrid, en plena era galáctica, con 19 años, aire de chico de barrio y la formación en un hogar con padre funcionario, seguidor de Felipe González. Se crio en Camas, una barriada popular recostada en la falda de un cerro sobre el Guadalquivir. De Camas también son Curro Romero y Paco Camino, y el toreo es algo que continúa fascinando a Ramos. “Criado en un ambiente socialdemócrata y andaluz, Ramos resultó ser un conquistador compulsivo. Ligar, al menos hasta hace un año, era un deporte”, resalta un periodista sevillano. Es probable que cambie a medida que madure, porque tiene mucho sentido de la responsabilidad. Pero su instinto es competitivo, con los compañeros y con los amigos, y traslada esa competencia a las conquistas. Por eso es mujeriego, no de forma tan espectacular como Cristiano Ronaldo, aunque en algún momento se han “pasado” a la misma chica.

“No tiene obsesión por los coches caros, ni los relojes, ni las viviendas aparatosas”, aseguran sus allegados. A pesar de ello, acabamos de ver cómo se ha mudado a la lujosa urbanización La Finca. Cuando llegó al Madrid galáctico, con Beckham en Dolce & Gabbana, Zidane y Figo centrados en sus familias, por un lado, y las excesivas fiestas del brasileño Ronaldo, por el otro, Ramos se aferró a su estilo de chico de barrio. Pantalones anchos llenos de bolsillos, camisetas estampadas, botines XL y sin atar, alguna cadena suelta, habitando un piso de Valdebebas rodeado de amigos que hacía, igual que en Sevilla, en la calle. Aunque el look fuera una exportación del hip-hop de Camas, la verdadera lectura era que no quería convertirse tan pronto en un señor de traje y corbata, un galáctico cubierto de logos, un millonario enrarecido como la mayoría de sus sobrevestidos compañeros.

Ramos pertenece a una generación donde la ropa agudiza su poder como mensaje. Muchos insisten en que busca racializar el legado estilístico de David Beckham. Traerlo a su terreno y llevarlo mucho más lejos de lo que hizo Guti. Pero no tanto como el torero José María Manzanares, con labios de color rosa con volumen en sus fotos para Vanity Fair. En ese mestizaje se mantienen incólumes dos constantes, los tatuajes y la depilación. El tupé de su peinado es similar al de Beckham, pero no parece una caricatura. Los trajes de Ramos son ceñidos pero flexibles, a veces hay brillos en los materiales, pero su edad e ingresos lo permiten. En sus medidos encuentros con Pilar Rubio lleva cazadora de piel, la tendencia de la temporada, y vaquero oscuro, zapatillas de cuero, camisetas más grises que blancas. Estos matices son importantes, embellecen al jugador y cumplen un objetivo: alejarlo del macarra chic de Cristiano Ronaldo. Y acercarlo a los brazos de Pilar fomentando un hombre que al no tener miedo no genera confusión con su atuendo. Sorprendentemente, el primero en imitar a Ramos ha sido el propio Cristiano, que se vio obligado a remodelar su look capilar.

Ramos, en la boda de su hermana Miriam con Carlos Muela en Sevilla, el 14 de julio. / EUROIMAGEN

En el medio tiempo del partido Real Madrid-Granada el pasado septiembre, Mourinho apartó del juego a Özil delante de sus compañeros. Dicen que Özil rompió a llorar ante la humillación mientras pocos del equipo se le acercaron para no desdecir las órdenes del técnico. Una vez solos, Ramos le habría dicho: “Dame tu camiseta, que voy a marcar un gol y te lo voy a dedicar”. Ponerse la camiseta de otro jugador es “ponerse la piel de otro en su piel”. “Era una reivindicación absoluta, una declaración de amor y de guerra al mismo tiempo”, diría Torres. Ramos no pudo meter el gol, pero la camiseta sudó polémica. La afrenta a Mourinho era obvia. Florentino Pérez intervino para exigir al jugador que ofreciera una disculpa. Ramos lo pensó. “Estaba en juego no solo su sentido de la justicia, sino su posición como capitán, que es vital para él”, comenta Torres. Ramos accedió a la disculpa, pero no a Mou, sino a sus compañeros, “por haber demostrado preferencia por Özil sobre los demás”.

El incidente engrandeció al jugador, porque le otorgó un conflicto, su espinosa relación con Mourinho. Son dos líderes. El problema está en que Ramos sería el jugador perfecto para Mourinho. No solo por ser un central casi ambidiestro, sino porque le permitiría españolizar a un equipo con quizá demasiadas estrellas lusas. Se comenta que tanto Mourinho como Ronaldo y otros jugadores portugueses del Real Madrid comparten el mismo mánager. El “culebrón de las camisetas” estableció a Ramos como héroe. Al mismo tiempo que desveló el sadismo de Mourinho, capaz de introducir un dedo en el actual técnico del Barça o de fustigar psicológicamente a Kaká con tácticas similares a las que Hitchcock empleara para martirizar a Tippi Hedren en el rodaje de Los pájaros.

Su juego es descrito como “aéreo y con control acrobático”, un estilo propio. Muchos sostienen que no está remunerado a la altura de su talento. Una fuente sostiene: “Piqué, que también es central, cobra alrededor de siete millones de euros al año. Ramos gana cuatro millones brutos en el Real Madrid. Por un jugador como él tanto en la Premier League inglesa como en Francia estarían dispuestos a pagar 10 millones. El Barça estaría encantado de ficharlo”. Pero nadie tiene claro que Ramos quiera repetir la hazaña de Figo en sentido contrario.

Ni Mourinho ni Florentino pueden detener el idilio que su generación desea establecer con Ramos. Empiezan a observarle como el héroe posburbuja. Un hombre veloz, pero atento; rico, pero en busca de un reto. El tesón unido al talento natural. Su excelente coordinación le hace ser un delicioso bailarín. Es amigo cercano a toreros jóvenes como Talavante y el citado Manzanares hijo. Aunque tenga estrictamente prohibido participar en deportes de riesgo, Ramos ha compartido más de un encierro durante sus veranos. La necesidad de adrenalina, la construcción de un Aquiles moderno, un gladiador llevando el balón a través de la celebridad y el deporte.

Aprendiendo de Beyoncé y de Beckham

Sergio Ramos aprovechó el balonazo metrosexual de Beckham para experimentar con tintes en su pelo, reforzar musculatura y, poco a poco, aprender a exhibirla con perniciosa naturalidad. En su metamorfosis como posible icono de estilo, Sergio ha evolucionado desde sus raíces gitanas y su espíritu de rebeldía. En la boda de su hermana apareció con un chaqué peligrosamente ceñido y blanco. Un guiño a Tony Manero, otro chico de periferia de enorme influencia. El traje respaldaba un rito de paso como el matrimonio de la hermana, pero también reflejaba su necesidad de llevar lo gitano a un nuevo sitio, rodearlo de una cierta globalidad, como lo que Beyoncé o Shakira han hecho con sus idiosincrasias. Ramos se dejó fotografiar cantando y bailando flamenco. “Solo faltaba Mario Testino para un especial ‘Young and Spanish”, exclamaría un agente de modelos. La glamurización de Sergio Ramos marcaba otro gol. Nacía un nuevo ídolo pop, una estrella de estilo masculino. Las revistas lo han detectado. Y los suplementos masculinos, también. “Ramos es viril, pero sin agredir. Joven, con un gesto de responsabilidad. Nadie había podido jugar con esas cosas con tanta fluidez”, explican entusiasmados los miembros de un premio al hombre del año. ¿Hay alguien detrás de esta operación? Fuentes apuntan a René Ramos, el hermano mayor y agente a ratos del jugador. “Dudo mucho que no sea una decisión pensada y madurada por el propio Sergio. Quiere ser el capitán del Real Madrid y también conseguir la globalización del ‘lolailo”, sentencia otro periodista deportivo.

Comparte con Pilar Rubio un físico espectacular que le sirve para resguardar un leve carácter introspectivo. “Cuando la gente percibe a Sergio como antipático, un poco narcisista, no entiende el sentido de responsabilidad que siente sobre su vocación, su desempeño como capitán del Real Madrid”, observa Diego Torres, cronista deportivo. Cuando presentaba ‘Más que baile’, “Pilar era la última en maquillarse para evitar entrar o salir de los problemas del equipo. Tenía que ser parcial como presentadora”, confirma una maquilladora de ese programa. Ramos no siempre ha podido ser tan parcial.

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