COLUMNA

Ánimo, presidente

¿Cuánto tiempo resistiremos las órdenes contradictorias que recibimos de usted y los suyos cada día?

Estimado señor Rajoy, por la presente le rogamos que se apunte a uno de esos cursos de liderazgo que dan las escuelas de negocios. Nosotros le pagamos la matrícula, le damos una beca. Después de haber tapado a escote el agujero de Bankia, un curso de ESADE, por caro que sea, nos parecerá una gilipollez. Los contribuyentes, aunque con el agua al cuello, resistiremos hasta que le den el diploma. Fíjese en el temple que hemos demostrado ya estos días viéndole comparecer y descomparecer con el rostro lívido por el espanto; oyéndole decirse y desdecirse a la velocidad de una peonza; observándole huir por el garaje de las preguntas de la prensa. Somos un pueblo áspero, pero bizarro. Y eso que las balas silban cada vez más cerca: en nuestro entorno familiar y laboral caen como moscas. Los vemos alejarse, les decimos adiós y, alzados sobre la punta de los pies, tragando agua y mierda a discreción, nos afanamos en sobrevivir. Estamos maltrechos, sí, aunque moralmente enteros.

¿Cuánto tiempo resistiremos las órdenes contradictorias que recibimos de usted y los suyos cada día? Ni idea. Tampoco hemos logrado averiguar si nos hundimos por culpa de Zapatero, de la climatología, de Merkel, Dragui o de Rodrigo Rato, sin descartar a Miguel Ángel Fernández Ordóñez, un bárbaro capaz de acabar, él solo, con una cultura milenaria. Pero aquí seguimos, firmes, a la espera de un líder que nos muestre el camino y tranquilice a los ministros, que corren sin objeto de un sitio a otro, como una tripulación de malas azafatas entregadas al pánico en un avión que atraviesa una zona de turbulencias. Anímese, ESADE forma líderes en cuatro días. Pero si el curso de liderazgo no le bastara para dirigir el país como Dios manda, estamos dispuestos a pagarle también un taller de escritura creativa para que al menos nos cuente bien las trolas.

 

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