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CRÓNICA

La civilización del espectáculo a debate

El ensayo de Mario Vargas Llosa 'La civilización del espectáculo' ha suscitado un interesante y espontáneo debate, que sigue vivo, entre alguna de las firmas de EL PAÍS.

"La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer. Y acaso haya desaparecido ya". Estas son algunas de las primeras líneas del último ensayo del premio Nobel Mario Vargas Llosa La civilización del espectáculo (Alfaguara). El escritor adelantó ya sus ideas sobre esta obra en un artículo publicado en EL PAÍS el 22 de enero del pasado año en el especial número 1.000. Su título era el mismo: La civilización del espectáculo.

Meses más tarde, el escritor mexicano Jorge Volpi publicaba en las páginas de opinión de este periódico un artículo que marcaba las distancias entre las distintas generaciones a cuenta de la cultura y, más concretamente, se refería a la nueva forma de leer a través del libro electrónico. Su artículo, titulado Réquiem por el papel, daba la bienvenida a un instrumento que podría convertirse en "la mayor expansión democrática de la cultura desde la invención de la imprenta". Vargas Llosa no comparte su diagnóstico sobre las nuevas tecnologías.

El artículo de Volpi tuvo su réplica apenas dos meses después en un texto del también escritor Vicente Molina Foix. En El siglo XXV: una hipótesis de lectura expresaba su añoranza por las viejas bibliotecas, que son obras de arte en sí mismas, y defendía la coexistencia del libro de papel y el electrónico.

El pasado mes de abril, Jorge Volpi insistía de alguna manera en sus tesis relativas a la modernidad de la cultura con su artículo El último de los mohicanos. En él, Volpi comenta el ensayo recién publicado de Vargas Llosa La civilización del espectáculo y afirma que es un "vehemente elogio de la aristocracia". "Vargas Llosa acierta al diagnosticar el final de una era: la de los intelectuales como él", escribe, y luego subraya que lo hace porque añora "los buenos tiempos en que una élite —justa e ilustrada— conducía nuestras elecciones".

También en abril, concretamente el 28, se publicó en las páginas de Babelia el comentario que Jordi Llovet escribió sobre el libro de Vargas Llosa. En él afirma, entre otras cosas, que arremete contra las nuevas tecnologías, que "no sólo no son neutras, sino que han acostumbrado a sus usuarios a una relación banal con la información, desuncida de todo lo que se refiere a los verdaderos saber y conocimiento".

César Antonio Molina, el director de la Casa del Lector y exministro de Cultura, hizo una aportación al debate a mediados de mayo. En Mohicanos y bárbaros en el gueto, se pregunta por qué tanta prisa por despachar al libro de papel sin honores, por jubilar una herramienta tan útil, "¿por qué tanto rencor hacia Gutenberg, a quien la humanidad le debe uno de sus mayores logros?". Y termina cuestionándose qué será del propio escritor, incluido Volpi, si, como defiende el mexicano, "se difuminan nuestras ideas de autoría y propiedad intelectual".

La última aportación, por el momento, la ha hecho el catedrático de Literatura Española Jordi Gracia, que el 6 de junio de 2012 publicaba su artículo Los espejismos del Apocalipsis. En él, Gracia se distancia de la tesis de Vargas Llosa asegurando que no estamos asistiendo a la extinción de la cultura, sino a un cambio forzado por la transformación social, educativa y tecnológica de Occidente. "La seriedad no está reñida con el entretenimiento", dice. "La civilización actual incluye la obra de un buen puñado de autores que son al mismo tiempo cultura del espectáculo y alta cultura".

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