TRIBUNA

Una buena gobernanza, crecimiento e ilusión

Hay que poner fin, de inmediato, al abuso de poder, la evasión fiscal y la corrupción

En toda Europa va aumentando la insatisfacción con la respuesta conservadora a los actuales desafíos que tiene ante sí el continente. Desde París a Bucarest, de Madrid a Atenas, Londres y Dublín, la población se ha lanzado a las calles para protestar por la corrupción gubernamental, la inacción política y las injustas respuestas a la crisis económica, que demandan más sacrificio a quienes más la sufren. En la actualidad, nuestro pueblo desconfía más que nunca de que el Gobierno sea una fuerza positiva o de que él o sus hijos tengan buenas perspectivas de futuro.

En este contexto, muchos han cuestionado que los partidos progresistas estén listos para gobernar e incluso la propia posibilidad del progreso. Los partidos progresistas somos los más afectados cuando mengua la fe en el Gobierno, porque creemos en la acción colectiva y en el papel del Estado como agente de cambio positivo. Nuestras exageradas promesas suelen acentuar la desconfianza y la incredulidad. En Rumanía es especialmente acuciante el desafío que plantean la recuperación de la fe en el Gobierno y la presentación de un plan de progreso realista.

Sin embargo, sí se puede cambiar. El Gobierno puede mejorar las vidas de todos, fomentar la competitividad de nuestros países y proporcionar oportunidades y esperanza en el futuro. Esto es precisamente lo que la Unión Social Liberal de Rumanía se ha propuesto. Y estoy convencido de que los principios que rigen mi programa de Gobierno pueden proporcionar un marco para la revitalización de nuestras políticas y la fe popular en el progreso.

 ¿Cómo podemos hacerlo?

En primer lugar, la reforma del Gobierno y la modernización de la democracia deben ser las ambiciones clave de todos los progresistas. Solo podremos recuperar la fe en el Gobierno si el propio Estado se convierte en un aliado eficaz y transparente del pueblo. Hay que poner fin, de inmediato, a las ineficacias burocráticas, el abuso de poder y la apropiación indebida de fondos públicos. Para alcanzar ese objetivo, en Rumanía nos hemos comprometido a crear un servicio público moderno, bien preparado, con sueldos dignos y, sobre todo, despolitizado. Para complementar este programa de buena gobernanza, debemos también impulsar un proceso de renovación democrática. No solo nos hemos comprometido a mejorar la rendición de cuentas y a poner fin a los abusos legislativos y a los privilegios parlamentarios innecesarios, también a garantizar que el Parlamento sea el núcleo de nuestra democracia, sin quedar marginado por los gobernantes.

En segundo lugar, nuestro enfoque económico necesita ir más allá del debate actual, que enfrenta crecimiento y austeridad. Cualquier político sensato es partidario del crecimiento, del mismo modo que todos estamos igualmente a favor de unas finanzas públicas saneadas. Ambas cosas pueden alcanzarse conjuntamente, si racionalizamos el gasto, invertimos con prudencia los discursos disponibles y arremetemos contra la evasión fiscal. Sin embargo, al ser progresistas, no podemos conformarnos con un mero enfoque economicista. Debemos guiarnos por un sentido de la equidad y la solidaridad, basado en la prudencia económica y la predictibilidad.

Por ejemplo, en Rumanía, la Unión Social Liberal se ha comprometido a equilibrar el presupuesto del país, pero también a reparar los daños causados por los impuestos aplicados por el Gobierno anterior a los pensionistas mediante la devolución del dinero ilegalmente recaudado. La historia juzga a las sociedades por cómo tratan a sus jóvenes, ancianos y enfermos. Y en ese sentido no defraudaremos. Para sufragar esos gastos, nos aseguraremos de que paguen lo que deben quienes más se benefician de nuestro país. Nos comprometemos a poner fin a la evasión fiscal mejorando la cooperación entre las instituciones responsables de combatirla, y también a prevenir y luchar contra la corrupción al más alto nivel.

Sin embargo, del mismo modo que la historia juzga a la sociedad por cómo trata a los necesitados, los mercados juzgan a las economías basándose en los incentivos que dan a la inversión privada, las infraestructuras que facilitan el crecimiento y las cargas que soporta la creación de empleo. A este respecto, nosotros reduciremos la presión fiscal sobre el empleo, aumentaremos nuestra capacidad de absorción y de inversión de los fondos estructurales de la UE, para así invertir en infraestructuras y mejorarlas, y simplificaremos los trámites para la inversión. Dar un nuevo impulso al crecimiento conservando la sostenibilidad del pacto social rumano significa conciliar las necesidades de nuestro pueblo con el respeto a los compromisos previamente adquiridos con el FMI y el Banco Mundial.

Para terminar, en tanto que progresistas, debemos basarnos en nuestro internacionalismo. Muchos de los problemas actuales son de carácter regional y mundial, no solo internos. Para organizar mejor los flujos migratorios continuaremos la integración de Rumanía en Schengen. Para cumplir nuestras obligaciones comunes en materia de seguridad, Rumanía seguirá siendo un miembro activo de la OTAN y fortaleciendo su relación con Estados Unidos y el compromiso con la defensa antimisiles. Además, en el frente económico, sin dejar de cumplir nuestros compromisos con el FMI y el Banco Mundial, trabajaremos con otros socios progresistas de Europa para equilibrar el pacto fiscal, comprometiéndonos con la creación de empleo y la inversión a nivel continental.

El péndulo político ha comenzado a bascular hacia los progresistas. Con confianza en nuestro nuevo programa, no solo demostraremos que estamos listos y deseosos de gobernar, sino que podremos recuperar la esperanza en el futuro y dar más oportunidades a toda la población.

Victor Ponta, primer ministro de Rumanía.

Traducción de Jesús Cuéllar Menezo

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