Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Imposible divorciarse en Filipinas

Por Georgina Higueras

La detención por “concubinato” días atrás del multimillonario Francisco Ortigas, quien salió en libertad en menos de 24 horas tras depositar una fianza de 10.000 pesos (173 euros), ha vuelto a sacar a la palestra el anacronismo de Filipinas, único país del mundo –aparte del Vaticano- donde no existe el divorcio. El escándalo ha sido clamoroso porque la policía se presentó en el exclusivo edificio de oficinas de Ortigas y trató de llevarse al empresario y exembajador en México sin su abogado, aunque finalmente metió en el furgón a los dos. Un juez había ordenado su apresamiento después de que la exmujer de Ortigas –Susana Madrigal- le denunciara por vivir con su amante y antigua secretaria.

El culebrón, con explosivas declaraciones de Madrigal a la prensa, está servido, pero nadie teme que Ortigas dé con sus huesos en la cárcel, porque es hombre y sobre todo porque tiene dinero. En Filipinas no hay divorcio pero por unos 3.000 euros la Iglesia católica –el 80% de la población se confiesa creyente- acepta sin reparos las discapacidades psicológicas certificadas por psiquiatras y declara la nulidad de los vínculos matrimoniales. El adulterio está penado en este país asiático.

Con 95 millones de habitantes, de los que más de un tercio viven con menos de un euro por día, el presidente filipino, Benigno Aquino, soltero a sus 52 años, rechaza la propuesta de ley del partido feminista Gabriela, atascada desde 2010, que permitiría divorciarse y ayudaría a legalizar su situación a cientos de miles de filipinos separados.


En un país donde la policía reconoce que recibe miles de denuncias diarias de acciones violentas y de maltrato tanto físico como psíquico contra mujeres en sus hogares –apenas la punta del iceberg de lo que en realidad ocurre-, Gabriela propone una restrictiva ley que permitiría el divorcio a la parejas que hayan vivido separadas durante al menos cinco años o bien por la incapacidad mental de uno de los cónyuges o por diferencias irreconciliables.


Pero Aquino y sus diputados, además de otros miembros conservadores de la Cámara, temerosos de enfrentarse a la poderosa Iglesia, no ceden. El presidente se ha limitado a decir que está dispuesto a facilitar una nueva forma de separación civil en la que los cónyuges podrías volver a casarse “solo en casos muy particulares”. Muchas activistas consideran que esa modalidad seguiría dejando en la estacada a los más vulnerables, sobre todo a las mujeres que viven un infierno en sus chabolas, y fomentaría más corrupción.


Con una Iglesia en pie de guerra porque el Gobierno filipino prepara una ley de planificación familiar con la que combatir la pobreza y el alto índice de natalidad, muchos filipinos aguardan ahora el final del culebrón Ortigas para ver si seguirán condenados a vivir con quien no quieren. Otra solución es que se pasen masivamente a la fe de Mahoma, religión que permite el divorcio, por lo que la ley filipina acepta que los musulmanes –el 5% de la población- se divorcien, como también se lo permite a los casados con un extranjero, siempre y cuando tramiten el divorcio en otro país. Excepciones a una cerrazón inadmisible en el siglo XXI.

Comentarios

¿Pero cuándo cuándo cuándo nos libraremos de esta maldita lacra de las iglesiaaaaaaas! qué desgracia dios mío, y qué asco de machismo apestoso.