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viernes, 30 de diciembre de 2011
Reportaje:24 HORAS EN... VIC

El cielo de las 'llonganissas'

Los murales de Josep Maria Sert marcan una ruta artística por la ciudad barcelonesa, famosa por su charcutería, del salchichón a la butifarra. Y además: Can Jubany, con una estrella en la 'Guía Michelin'

La gula, según dónde, puede no ser un pecado capital, sino una bendición. En Vic, por ejemplo. El célebre salchichón (llonganissa) de Vic es la punta de iceberg de una batería golosa que se prodiga en charcuterías y ferias a granel. Nada raro, pues, que en sus calles hubiera más de cuarenta iglesias o conventos, sin contar la catedral, y un seminario del que salieron tipos listos como Cinto Verdaguer o Jaime Balmes, y algún que otro santo. Era sede episcopal ya en tiempos de los visigodos, pero antes había levantado a los dioses romanos un templo, que sigue como nuevo. Ciudad burguesa, con bellos edificios modernistas, culta, con universidad privada, dos semanarios y casi toda la obra del muralista Josep Maria Sert. Semejante pastel ha atraído a tantos inmigrantes que estos forman ya la cuarta parte del vecindario (en total, 40.000 vicenses, que no vikingos) y han sido motivo de tira y afloja con algunos ediles de malas pulgas. Todo arreglado, parece, y ahora a desafiar la crisis con mucha fusión y apuestas de calado, como el centro rompedor que se llama L'Atlántida: igual que el poema de Verdaguer que pone texto a la más ambiciosa obra de Falla.

9.00 Un baño de románico

Hay que ir temprano, desayunados y con fuerzas para hincar el diente al Museo Episcopal (1) (Bisbe Oliba, 3; www.museuepiscopalvic.com), el primero de su clase que abrió en España (en 1891, por iniciativa del obispo Morgades); sirvió de ejemplo a otros y está considerado entre los tres o cuatro mejores del mundo en su género (23.000 piezas de escultura y pintura románica y gótica, sobre todo). Ocupa un edificio reciente pegado a la catedral (2). Esta conserva, de época románica, la cripta y el campanario, y de tiempos del gótico, un retablo de alabastro y el claustro, donde reposan Balmes y Josep Maria Sert. Este último cubrió de murales las paredes neoclásicas del templo; en la Guerra Civil quedó todo destruido, pero Sert volvió a pintar los muros en un empeño titánico que concluyó solo un mes antes de morir (en 1945).

12.00 Fábrica harinera para el arte

La ruta Sert es la más demandada en la oficina de turismo (Carrer de la Ciutat, 4; 938 86 20 91; también se puede descargar la aplicación Vic en iPhone o iPad; consultar www.victurisme.cat). La oficina está a unos pasos de la capilla de la Piedad (3), donde se exhiben los bocetos y telas que Sert diseñó para la catedral en 1906, veinte años antes de su primera intervención. La ruta se completa con las 15 grandes telas (copias) que pintó para el Waldorf Astoria de Nueva York y que cuelgan en El Sucre (4) (antigua fábrica harinera) y con las obras (originales) que guarda el ayuntamiento, entre las cuales destacan los murales que pintó entre 1917 y 1920 para un palacete francés. El ayuntamiento (5), de origen medieval con reformas barrocas y modernistas, se puede visitar; preside la plaza del Mercadal o plaza Mayor, explanada donde se celebran mercados martes y sábados; está rodeada de soportales medievales y casas de varias épocas, algunas pintadas o esgrafiadas, casi todas torcidas.

14.00 La gula como virtud capital

Numerosas charcuterías pueblan los soportales de la plaza y calles adyacentes. Al salchichón o llonganissa de Vic (denominación protegida) acompañan fuets, bisbes, baiones, somallas, botifarras, xorisos... Una docena larga de fabricantes y otras tantas ferias a lo largo del año alimentan el fervor gastronómico, palpable en tiendas, bares, restaurantes y asociaciones como el Gremi d'Hostaleria (www.ghosona.com) y Osona Cuina (www.osonacuina.com). Para comer como prelados, Ca l'U (6) (Riera, 25), en una mansión señorial del XVIII; Boccati (7) (Josep Gudiol, 21) o Basset (8) (Sant Sadurní, 4); si se dispone de coche, Can Jubany (938 89 10 23; www.canjubany.com) está a solo un par de kilómetros por la carretera de Sant Hilari y tiene una estrella Michelin.

16.00 Una trinchera literaria

Para bajar la comida, nada como pasear. Por ejemplo, seguir la ruta modernista, que abarca una veintena larga de edificios tan notables como la Casa Colomer (frente a la catedral, de J. M. Pericas, 1906), la Casa Bayés (9) (remodelada por Pericas, en ella estuvo la Universidad Literaria que funcionó entre 1599 y 1717, nada que ver con la UVic de ahora, en marcha desde 1997), la Casa Comella (esquina a la plaza Mayor; allí se aloja el Casino, donde también se puede comer o ver algún espectáculo de noche), la Casa Ricart (10) (junto al río) o la Casa Masferrer

(11), donde se reunía l'Esbart de Vic, sociedad literaria de la que formó parte Verdaguer (plaza M. de Clariana). En el vecino palacio Bojons (12) (del XVIII, ahora Museo Balmes) murió en 1848, con 38 años, Jaime Balmes, el clérigo y filósofo muy conocido por salir en los billetes de cinco pesetas. A un paso queda el templo romano, que se descubrió en 1882 al derruir el castillo de los Moncada, pues sus muros formaban el patio interior del castillo; prácticamente rehecho, alberga exposiciones y eventos culturales. Puede hacerse una pausa a tono en L'Occità (13), un café librería (Sant Vicenç, 4).

18.00 La nostalgia de la piel

Tras los romanos, los bárbaros y los sarracenos, Vic fue refundada por Wifredo el Pilós (el Peludo) en el año 878; la llamó Vicus Ausonae (de ahí el nombre de Vic y el de Osona, la comarca). El casco medieval estuvo fajado por una muralla con cuarenta torres y siete puertas; queda solo un paño y la puerta de Queralt (14), junto al río Mèder. El puente románico delante de la puerta heredó la calzada romana hacia Barcino (Barcelona). Al lado languidecen las Adoberíes (tenerías) que fueron importantes y forman parte de la red o Xarxa d'Adoberíes de Catalunya. Siguiendo las ramblas (y el círculo de la antigua muralla) se llega al polo opuesto, la Rambla del Carmen; allí, la iglesia y convento del Carmen han sido convertidos en el Museu de l'Art de la Pell (15), que reúne objetos de la colección privada de un curtidor: desde guadamecíes hasta piezas de culturas lejanas.

20.00 La noche-fusión

Las vías de ocio son casi de gran ciudad, con espacios como L'Atlántida

(16) (F. María Masferrer, 4), con tres salas que inician su segunda temporada de conciertos y teatro. Jazz del bueno puede escucharse en Vic Bang Jazz Cava (17) un hueco en la muralla medieval que es además sede del festival anual (rambla de Moncada, 5). Las mejores discos están en el polígono Sot dels Pradals, como La Femme (diseño, terraza chill out); se puede hacer tiempo en Vikus's, al lado. En los callejones del centro, El Pou de Vic (18) (Vergós, 3) o L'Indià (19) (plaza de Balanyà, 18), con cinco salas y actuaciones los viernes. Un hotel tranquilo es el NH Ciutat de Vic (20) (pasaje Mastrot, s/n). Nuevo y bonito, aunque tenga solo dos estrellas, Estació del Nord (21) que está en la planta alta de la propia estación de tren, pero perfectamente insonorizado. El parador de Vic (22) está apartado (Paraje el Bac de Sau, carretera de Tavernoles, kilómetro 10), en un paisaje espectacular frente a un embalse, y es perfecto como trampolín para descubrir al día siguiente las bellezas de la comarca.

De izquierda a derecha, tres imágenes de Vic: puente románico junto a la puerta de Queralt, interior del Museo Episcopal y puestos en la plaza del Mercadal. / CARLOS PASCUAL

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