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viernes, 30 de septiembre de 2011
Reportaje:24 HORAS EN... LOVAINA

Una flamenca muy marchosa

Los 'erasmus' toman el relevo de Erasmo, que dio clase en Lovaina. Cursos intensivos de vida relajada, bicis y cerveza en la universitaria Salamanca belga

Un cuarto de hora. Es lo que se tarda en llegar en tren desde el aeropuerto internacional de Bruselas (Zaventem) a Lovaina (www.leuven.be). En flamenco, Lovaina es Leuven. El viajero casi se pasa. Nada más poner un pie fuera de la estación, repara en tres cosas. Una: huele al mejor olor del mundo, mejor que el pan recién horneado y que la tierra mojada después de una tormenta de verano; huele a malta. Dos: la gente es muy joven. Tres: hay que hacerse ya mismo con una bici para no desentonar.

09.00 En bici, aunque pese

Lo primero tiene fácil explicación: a mano derecha, según se sale de la estación (1), está una de las mayores fábricas de cerveza del planeta, la de Stella Artois (www.inbev.be; visitas guiadas los domingos de mayo a octubre, y con reserva los demás días del año). Lo segundo, también: la fama de Lovaina, de su universidad, fundada en 1425 (y en la que enseñó en el siglo XVI el humanista Erasmo de Rotterdam), y de su marcha, atraen cada año a más estudiantes, que ya son 40.000, una tercera parte de la población. Y lo tercero tiene fácil solución: a mano izquierda, subiendo unos pocos metros por Tiensevest, hay un fietspunt o alquiler de bicis (www.fietsenwerk.be). Solo cuestan nueve euros al día. La pega es lo que pesan.

10.00 Trufas y una rubia ligera

Pedaleando por la ancha y rectilínea Bondgenotenlaan (2), camino del centro, el viajero se detiene en la primera bocacalle para regalarse unas trufas en Tartufo (3) (Louis Melsensstraat, 14), para muchos la mejor bombonería de la ciudad. En Grote Markt (4), la plaza mayor, las terrazas ya están a tope. La verdad es que se está bien, bebiendo una rubia ligera, estilo Pilsen -Stella, Júpiter, Maes-, con la espalda apoyada en la iglesia gótica de San Pedro (5) (visitable de 10.00 a 17.00, excepto domingos por la mañana). En la girola se exhiben dos trípticos de Dirk Bouts (1410-1475) con una perspectiva de lo más radical y primitiva y con un detalle, sobre todo los objetos de vidrio, que asusta. Enfrente, el ayuntamiento (visitas guiadas a las 11.00 y a las 15.00), también gótico, luce en su fachada 236 esculturas de personajes históricos. Por salir, sale hasta Felipe II, al que no se recuerda con especial cariño en estas tierras de Flandes.

11.00 Donde las viudas hacían piña

En bici se llega rápido (no hay ni un kilómetro) al Gran Beaterio (6), un encantador barrio del sur de la ciudad, con casitas de ladrillo y callejuelas empedradas, donde cientos de viudas -360 cuando alcanzó su auge, en el siglo XVII- se juntaban para vivir seguras, continentes y en paz, casi, casi, como monjas, pero sin el fastidio del voto de pobreza. Hoy es residencia de estudiantes y de turistas con posibles que se alojan en el Begijnhof Hotel (7) (Groot Begijnhof, 15; www.bchotel.be), una casa de beatas con sauna, bar, impecable jardín y terraza a la vera del río Dijle. La doble no baja de 165 euros. En el Bed & Breakfast Alizée (8) (Sint-Maartenstraat, 41, www.bbalizee.be; 100 euros), un coqueto hotel familiar lleno de ositos de peluche, la dueña prepara para el desayuno bollos humeantes, quesos, fresas y zumo recién exprimido. Otro bet & breakfast por el estilo es Gasthof De Pastorij (9) (Sint-Michielsstraat, 5; www.depastorij.com).

12.00 'Pic-nic' en la abadía

Los estudiantes de letras tienen sus facultades en el centro, lo cual no está mal, porque es donde más bares hay (de hecho, todos). En cambio, los de ciencias disponen de un apacible campus más allá del Gran Beaterio, en el parque Arenberg, con kilométricos céspedes y paseos a orillas del Dijle. El castillo de Arenberg (10) (Kardinaal Mercierlaan, 94), que en 1783 vio despegar de su patio el primer globo de gas tripulado, aloja la facultad de ingenieros. Al lado, la biblioteca del campus es una destacada obra de Rafael Moneo. Desde allí, siguiendo la vía del tren, se llega en dos pedaladas a la abadía del Parque (11) (www.parkabdij.be), un monasterio dieciochesco con un cementerio donde la mayoría de los inquilinos son rectores y profesores. Es un camposanto de gran nivel intelectual, abonado con la mejor materia gris. Y la abadía, rodeada de lagunas y prados en los que pacen vacas rollizas, el lugar perfecto para comer de pic-nic.

15.00 M de museo

De vuelta en el centro, parada larga para visitar el Museo M (12) (Leopold Vanderkelenstraat, 28; www.mleuven.be), donde la arquitectura moderna y la antigua se barajan con la misma alegría que los artistas clásicos y los contemporáneos. La perla es el Tríptico de los siete sacramentos, de Rogier van der Weyden (1400-1464).

17.00 El bar más largo del mundo

Será por terrazas. En Oude Markt (13), plaza antigua y larguirucha, de 165 por 25 metros, se suceden uno detrás de otro 34 establecimientos con sus respectivas terrazas, razón por la cual es conocida como "el bar más largo del mundo". En el extremo sur siempre hay un escenario montado, porque raro es el día en que no se celebra algo. Las sillas de cada terraza son de distinto color, algo muy útil cuando se empieza a ver borroso.

20.00 Mejillones de temporada

Y más terrazas. Las de los restaurantes que copan la calle Muntstraat (14) y sus aledañas. Hay cien sitios, entre ellos Très (Muntstraat, 20; www.tr3s.be), un local de moderna arquitectura y decoración donde se puede tomar desde tapas hasta platos creativos. En Kokoon (Meierstraat, 1; www.kokoon.be) está rico todo lo que hacen al wok, y los mejillones cuando es temporada, en los meses con erre. Domus (Tiensestraat, 8; www.domusleuven.be) destaca por la cerveza, que se elabora allí mismo y es muy aromática.

21.00 Cerveza como champán

Visto el amor que aquí sienten por el jamón y el vino azucarado, el viajero ni pestañea cuando descubre una torre clavada a la giralda descollando sobre la Biblioteca Central de la Universidad (15) (www.bib.kuleuven.be/bibc). Está en Ladeuzeplein, una plaza inmensa donde también hay un escarabajo gigante pinchado en la punta de una aguja de 23 metros, obra de Jan Fabre. Los fakbars, o bares de facultad, montados por y para estudiantes (cerveza, un euro; decoración, cero) tienen su calle en Tiensestraat (16). Los de Psicología beben en Pavlov (Tiensestraat, 51); los de Derecho, en Huis der Rechten (Tiensestraat, 53); los de Sociales, en Politika Kaffe (Tiensestraat, 55); los de Empresariales, en Dulci (Tiensestraat, 77)... Muchos llevan ropa vieja. No es por amor a lo vintage. Es porque la cerveza, según avanza la noche, corre como el champán en un podio de fórmula 1.

Un hombre juega al frisbee ante la Biblioteca de la Universidad de Lovaina / A. C.

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