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Crítica:

La vitalidad de Ugo Cornia

Hay libros que son un verdadero acontecimiento y nos trascienden. Se convierten en una presencia, una voz que nos dice, nos relata, nos remueve. Es el caso de Sobre la felicidad a ultranza, de Ugo Cornia (Módena, 1965), que se inscribiría en la nueva generación de autores italianos de la "autoficción", aquella que utiliza la primera persona como una forma de indagación interior, de eje narrativo para llevarnos a través de experiencias muy subjetivas (la reflexión, la narración, la evocación) que terminan indagando temas universales, la soledad, la vulnerabilidad, el desamparo. Escrita en un lenguaje sencillo y fresco, Sobre la felicidad a ultranza tiene ese tono espontáneo de la confesión tanto como la poesía de los contemplativos, y por eso, muchas veces, trasciende el género: ni hombre, ni mujer, una persona que se observa. Rara vez, una voz encarnada en un sujeto masculino (salvo en Edad de hombre, de Michel Leiris, donde describe su cuerpo) nos ha hablado de esta manera de sus inicios sexuales, de las confidencias a la madre, mostrando una imagen de padre que no representa la ley. Más raro todavía, un hombre que no tiene complejos en mostrarse vulnerable, llorar con cada pérdida, vibrar con cada mañana, imaginar la propia muerte y mantener un amor intacto por la vida. Al margen cualquier pathos de la experiencia, Cornia nos describe las experiencias más extremas, la pérdida de sus padres, la de una tía, la del amor no reconocido: aquella mujer con la que pasa tres años haciendo el amor, sin pronunciar esta palabra, sin fijar la experiencia en el lenguaje. Muchas veces esa inocencia nos parece trabajada, pero no resistimos mucho sin dejarnos invadir por ella: y pactamos. Tal vez uno de sus encantos también sea que no hay una trama convencional, sino un fluir continuo, una música, a veces desesperada, pero nunca trágica ni pesimista. Esta es una generación de una Italia desencantada (junto con los Nouveaux Barbares y los 15 M en España) que se mantiene al margen de los discursos políticos y que no confía en ellos, a pesar de que el autor dice ser hijo de un padre anarquista y una madre luchadora, y, si ninguno de ellos tampoco creyó en Dios, esto no les impidió transmitirle un amor incondicional por la vida. La vitalidad es el tono del relato, es su ética y su epifanía. La vida aparece siempre como un misterio, incompleta (no imperfecta) y extraordinaria a la vez, arbitraria, inasible y efímera, como una mirada o un gesto. Y al mismo tiempo eterna. Como dice su autor: "Una bomba de relojería nadando al aire libre".

Sobre la felicidad a ultranza

Ugo Cornia

Traducción de Francisco de Julio Carrobia

Periférica. Cáceres, 2011

176 páginas. 16,50 euros

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de agosto de 2011

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