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Reportaje:

Familias como la mía

Narrativa. Se parece a tan pocas la historia particular de Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) que sólo puede ser mérito suyo haber estado prácticamente ilocalizable en la larga travesía democrática de las letras españolas. Pero ya tenemos Google Earth y seguro que ahora se le puede ver por la zona de Jaca, oteando aves rapaces y escribiendo poemas morales sobre seres humanos más dañinos que las aves. Los pueden leer bajo control intensivo de su estabilidad anímica en Ciudad propia. Poesía autorizada (2006) o en el poemario de 2009, Fámulo o, todavía, en las prosas poéticas diseccionadoras y expertas de otro privativo libro, El bestiario de Ferrer Lerín. No tenía nada de poético, por supuesto, e incluso su primer vagido arranca de una imposible tesis doctoral en 1976, pero el resultado es intensamente literario. Es autor raro porque la nómina literaria de ornitólogos fascinados por los muladares y los ritos de la necrofagia es exigua. Conviene no arrepentirse, por tanto, de llamarlo raro y tampoco habrá que disculparse demasiado de su tardía visibilidad (frente a la estelar consistencia de la luz que sus amigos han emitido poco menos que desde el siglo XIX, como mínimo: Mendoza, Gimferrer, Azúa). Lo que sería mucho más absurdo sería dejar de entrar en ese mundo, del que este libro nuevo es una suerte de geografía figurada. La primera parte de Familias como la mía reproduce Níquel, novela en 2004 que narra las peripecias de juventud de Pablo Amatller -conspirador, jugador de póquer, ornitólogo-. La segunda parte, mucho más breve y a ratos potentísima, se titula con el nombre de una mujer, Nora Peb, y acentúa la ferocidad del humor que es básico en la primera. La estela esencial de su estilo es benetiana y la voluntad literaria también: el pozo del que sale esta literatura es la deformación intensificadora de la memoria y el hallazgo de un territorio moral propio nutrido de observaciones y saber sobre el mundo animal. Vísceras y bestias valen como expresiones depuradas del mecanismo de indagación sobre el hombre, porque todo el libro es una suerte de heterogénea novela de formación y heterodoxia. La razón está en la imaginación morbosa y la libertad ética, pero sobre todo en el estilo y una factura metálica e intrigante, que descuenta el interés del lector y lo sumerge en una minuciosidad descriptiva o analítica con efectos a ratos narcóticos, como en este pasaje de uno de los textos interpolados en el hilo narrativo, como suele hacer con cartas y pasado rescatado por escrito: "El placer en el lanzamiento de objetos orgánicos radica en el placer por hacer desaparecer materia orgánica al ser devorada por aves (se alimentan las aves, se cuidan no sólo para que sus poblaciones no sólo se mantengan sino que aumenten), aunque hay un componente transgresor (no ensuciar la calle, la urbanidad, la asepsia europea, la civilidad) que en orinar fuera de vaso se magnifica (lo he hecho alguna vez, lo hice alguna vez pero hoy excedería el temor al placer; ya no robo libros por ser mayor y más burgués)". En verdad, no del todo: para mí es una toxina disfrazada contra la más sosa burguesía.

Familias como la mía

Francisco Ferrer Lerín

Tusquets. Barcelona, 2011

332 páginas. 19 euros

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de mayo de 2011

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