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viernes, 18 de marzo de 2011
Crítica:

Tragicomedia de un ridículo

Conviene aparcar prejuicios e ideas preconcebidas, porque uno nunca sabe dónde puede aflorar la ambición creativa: ¿quién iba a adivinar que el director de una secuela directa al vídeo de Superagente K-9 (1989) acabaría atreviéndose con una respetable, compleja adaptación de La versión de Barney, una de las novelas más celebradas de quien fue polémica voz de la conciencia de la comunidad judía de Quebec Mordecai Richer? El mundo según Barney -el barniz John Irving del título es responsabilidad de la distribuidora- parece concebida con el Oscar: el trabajo de Richard J. Lewis solo obtuvo una candidatura al mejor maquillaje, pero el Globo de Oro obtenido por Paul Giamatti no es una falsa pista de las bondades del resultado.

EL MUNDO SEGÚN BARNEY

Dirección: Richard J. Lewis.

Intérpretes: Paul Giamatti, Dustin Hoffman, Rosamund Pike, Minnie Driver, Rachelle Lefevre.

Género: drama. Canadá, Italia, 2010.

Duración: 134 minutos.

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Bajo la piel del complejo, turbio, contradictorio y a menudo ridículo Barney Panofsky, aspirante a escritor que acaba siendo productor de ficciones basura para televisión, el actor logra uno de los trabajos más completos de su carrera. La adaptación pierde elementos valiosos del original -las dos voces narrativas no fiables- y el metraje acaba pesando, pero El mundo según Barney tiene fuerza, densidad y proporciona un espectáculo inusual: mostrar el proceso de envejecimiento de unos personajes -Barney y su amor, Miriam-, con verosimilitud y verdad, logrando la invisibilidad de la espuma de látex.

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