ArchivoEdición impresa

Acceso a suscriptores »

Accede a EL PAÍS y todos sus suplementos en formato PDF enriquecido

lunes, 10 de mayo de 2010
Entrevista:ROGER FEDERER | 'Número uno' del mundo | Tenis

"He llorado mucho"

El tenista suizo está en Madrid para defender el título. Su victoria ante Rafael Nadal hace un año abrió una temporada de leyenda, porque pasó de no haber ganado ningún trofeo a dejar el récord de 'grandes' en 16 al vencer en Roland Garros, por primera vez, y Wimbledon

Terminada la entrevista, Roger Federer (Suiza, 1981) atiende a dos aficionados y bromea con el improvisado fotógrafo en macarrónico castellano: "¡Muy deprisas!" El número uno tiene la palma de la mano derecha encallecida. Luce morenos antebrazos. Habla largo y siempre vuelve sobre el mismo nombre: Rafael Nadal. Hace un año que los dos se enfrentaron por última vez, con victoria del suizo en la final del Mutua Madrileña Madrid Open (hasta el 16 de mayo), donde él ha pedido debutar el miércoles. Federer es hoy un hombre distinto. Ya es campeón de Roland Garros. Ya ha recuperado Wimbledon. Y ya es el tenista con más grandes (16). Las estadísticas, sin embargo, no contienen la esencia del Federer del día soleado de la entrevista, realizada jornadas atrás en Roma: es un hombre que igual habla de sus lágrimas que de sus enfermedades; casado sin anillo; y cercano como para hablar de cuántos días cuesta reconocerse en un hijo.

"¿Las últimas derrotas? Los 'grandes' son una maratón. El resto, un 'sprint"

"En tierra puedes competir con fallos en tu juego. Sólo necesitas piernas"

"Ningún torneo me sabrá igual que Roland Garros. Hasta me preparé en secreto"

"El destino existe. Creí en ganar París pese a que Nadal destruía mis sueños"

más información

Pregunta. El número uno, que también es padre, enferma con una infección pulmonar, como le pasó a usted tras el Abierto de Australia. ¿Qué pasa entonces?

Respuesta. Las niñas no se sentían bien cuando volvimos de Australia. Los seis primeros meses habían sido fantásticos: los pasaron volando alrededor del mundo. Luego, cuando volvimos hacia el frío, empezaron con una infección de oído y luego con los dientes. ¡Chillaban durante toda la noche! Quizás tuvieran el virus. Fue duro para la familia. La primera en coger la infección fue Mirka (su esposa): estuvo tres días en el hospital. Luego, yo empecé a sentirme mal. Paré de entrenarme y aquello sólo empeoró y empeoró. Fui a que me examinaran y vieron que yo también tenía los pulmones infectados. Tuve que ir un par de veces al hospital, porque me sentía terriblemente mal. Ahora me siento bien.

P. ¿Tuvo algo que ver con la mononucleosis de hace dos años?

R. No. No me preocupé tanto. Sólo esperé a que el examen del pulmón no arrojara el resultado de que tenía algo realmente malo. Va de bronquitis a la infección y luego a la embolia. Yo estaba en el segundo paso. La salud va antes que los torneos. No me preocupé tanto como con la mono. Fue más fácil mentalmente.

P. Tras sus enfermedades ha tenido malos resultados. Nunca le ocurre en los grandes.

R. Unos son un esprint a meta. Los grandes, una maratón. Te preparas de una forma diferente.

P. Ahora es padre. ¿Qué ha descubierto de sí mismo?

R. Que no soy un padre tan malo. Estaba un poco nervioso, como cuando fui a examinarme del carnet de conducir. Siempre pensé que sería un conductor terrible. Me asustaba. Ahora, me gusta conducir, igual que ser padre. Estaba demasiado preocupado. ¿Una cosa que he descubierto de mí? Que puedes querer más a tus hijos que a nada en este mundo. Al principio es raro: de repente, le das a dos criaturas un nombre y se supone que les tienes que querer sin fin. ¡Pero al principio no las conoces! Así que es extraño durante la primera semana. Luego, te das cuenta de que es lo mejor del mundo.

P. ¿Y el anillo de casado?

R. ¡No tengo! Me lo pondré cuando me retire. Mirka lo comprendió. ¡Lo importante era que ella tuviera un anillo bonito!

P. Lloró tras perder con Nadal la final de Australia 2009 y al ganar ese mismo año Roland Garros ante Robin Soderling.

R. Es bonito llevarme a la gente conmigo y mis emociones. Prefiero hacerlo así que solo. Puedo volver a esos momentos, están documentados. Soy afortunado porque esos sentimientos me florecieran bajo el ojo público. No lo puedo controlar. Quizás me podría esconder bajo una toalla... ¡Pero no hay toallas en las que llorar durante la ceremonia de trofeos! Y no quedaría bonito (bromea). Hubo un tiempo en el que lloré mucho. Había razones detrás de ello. Ahora, estoy contento de que haya ocurrido bajo el ojo público.

P. "Me siento más hombre", dijo tras ganar su primer Roland Garros en su cuarta final seguida.

R. ¿Por qué la tierra no ha sido tan fácil para mí como el resto de superficies? ¿Por qué no he sido tan dominante? Porque en el resto de superficies puedo hacer mi juego sin pensar. Todo ocurre de forma natural: puedo pasar de la defensa al ataque cuando quiero y como quiero. En tierra no necesitas tener una volea o un saque. Sólo necesitas piernas, una derecha y un revés increíbles, y correr a por todas. No le estoy quitando nada a Rafa: lo ha conseguido todo en otras superficies. Pero en tierra te puedes escapar, puedes competir, con muchos problemas en tu juego. No quiero decir que sea simple, pero sí demasiado fácil. Debí aprender a controlar mi agresión. Me encanta terminar los puntos rápidamente, con un par de tiros. En tierra, puedes hacerlo en el 50% de los puntos, pero si tomas demasiados riesgos estás dando el otro 50%. Tuve que aprender a jugar desde muy atrás y a usar los ángulos. Fue una lección de geometría. En tierra puedes jugar bien y perder. Tienes que jugar inteligentemente.

P. ¿Un segundo título en Roland Garros tendría otro sabor ganándole a Nadal?

R. Obviamente. Ningún grande sabrá igual que mi primer Roland Garros. Es el que estaba buscando, el grande que perseguía, el título para el que me preparaba casi en secreto. Hacía pretemporadas en febrero para estar preparado para jugar las semifinales de Roland Garros en mayo. Siempre supe que podía hacerlo, pero lograrlo realmente, llegar hasta el final, es una satisfacción increíble. Siempre esperé que ocurriera ganándole a Rafa, pero no puedes elegir quién está al otro lado de la red. Seguimos teniendo carreras largas por delante. Espero que tengamos más oportunidades de jugar en la Philippe Chatrier.

P. Habla como si el futuro estuviera marcado.

R. Cuando Agassi me dio el trofeo de Roland Garros, me dijo: "Te lo mereces. Es el destino". Pensé: "Es verdad". Sentí lo mismo. Después de haber entregado tantas cosas de mí mismo durante tantos años en París... Mire, por mucho que haya gente que lo diga, yo nunca pensé que mi problema fuera la tierra. Mi problema era Rafa. El tío es increíble. Hay quien no quiere creerlo, pero esa es la verdad, desgraciadamente para una gran generación de jugadores de tierra. Así que para mí fue como si el destino viniera a buscarme. Ser capaz de manejar la presión, creer cada año que podía ganar pese a que Rafa luego destruía mis sueños, fue clave, mi mayor fortaleza. Puedes desmoralizarte muy rápido. El momento de la derrota te golpea extremadamente fuerte. Siempre creí que podría mejorar. Por eso creo en el destino.

P. ¿Y en Wimbledon 2009? Rompió el récord de 14 grandes de Pete Sampras con él delante.

R. El guión perfecto, con un final feliz de Hollywood. Fue especial por una cosa sobre cualquier otra: venía de una derrota durísima contra Rafa el año anterior. Y me decía: "tío, estuve tan cerca que ahora me toca volver a tener la suerte de mi parte". Ocurrió.

Roger Federer escucha una pregunta. / REUTERS

Atención al cliente

Teléfono: 902 20 21 41

Nuestro horario de atención al cliente es de 9 a 14 los días laborables

Formulario de contacto »

Lo más visto en...

» Top 50

Webs de PRISA

cerrar ventana