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domingo, 14 de febrero de 2010
Reportaje:

Así de mal funciona el DNI-e

Aventurarse en trámites administrativos con la tarjeta de identidad electrónica resulta engorroso y difícil; además, el sistema informático falla a menudo

"Si funcionara bien, sería muy útil", suspira Samanta Sagredo después de haber dedicado una tarde a verificar hasta dónde llega la tan publicitada administración digital. Desde que el 1 de enero entró en vigor la Ley de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos, está vigente el derecho a gestionar la mayor parte de trámites administrativos "utilizando métodos exclusivamente electrónicos". La Administración argumenta que está preparada para el reto "a un 85%", y 14 millones de españoles poseen el DNI electrónico (DNI-e), la llave para la mayoría de trámites. El Gobierno avisa de que, a pesar de todo, muchos procedimientos todavía están "en construcción"; y Samanta puede dar fe de ello.

Las prestaciones telemáticas son casi nulas en los ayuntamientos

"Se supone que ya no es burocracia tradicional", dice una usuaria

Samanta tiene 26 años, es licenciada universitaria y posee los conocimientos informáticos propios de un usuario medio. Para saber si podrá solventar los 200 procesos considerados básicos por el Ministerio de la Presidencia -dirigido por la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, y responsable de la informatización de la burocracia- y que equivalen al 95% de procesos administrativos, Samanta se ha hecho con un DNI-e en una comisaría y con un tarjetero en unos grandes almacenes. El aparato cuesta 22 euros y viene con un CD que hay que instalar. Después debe conectar el tarjetero con el DNI-e insertado. El ordenador ha de estar conectado a Internet. El software del CD se ocupa de todo, pero Samanta se siente un poco despistada ante los mensajes técnicos, un poco confusos, y los continuos reinicios de la computadora. "¿Voy bien?", se pregunta. Al final del proceso, el navegador instala automáticamente un certificado raíz expedido por la policía y se vuelve a reiniciar.

La instalación básica ya está completa. Cuando Samanta entra de nuevo en su navegador, se abre una pequeña ventana que le pide la contraseña (PIN). Ésta es el número secreto que le habrán entregado en la comisaría cuando le expidieron el DNI-e. Es importante no fallar al introducirla porque, después de tres intentos, se bloquea. Si esto ocurre, o se ha perdido el PIN, hay que pedir otro en comisaría. Vista la complicación del PIN que le han facilitado (RWG?Pt+7), durante 10 minutos Samanta intenta cambiarlo en la página web de la Policía Nacional, pero no tiene éxito.

Lo primero que quiere hacer Samanta con su flamante DNI-e es comprobar su informe de vida laboral. No sabe dónde buscarlo. Hay varias páginas oficiales con información sobre el DNI-e. "¿Dónde entro?", pregunta. El esfuerzo pedagógico de la Administración para explicar el proceso es patente, pero la multiplicidad de fuentes aturulla. Por un lado está la página www.dnielectronico.es, con detalles sobre la expedición, la utilidad del documento, etcétera; por otro, la página www.usatudni.es, más digerible (por ejemplo, es muy comprensible la explicación de cómo usar el DNI-e), pero en la que se accede más o menos a la misma información que en la anterior.

En todo caso, para comenzar a relacionarse con la administración digital, en la pestaña "servicios" de www.usatudni.es se reúnen los enlaces con las administraciones y departamentos regionales y estatales que permiten operar con el DNI-e, con certificados digitales que emiten instituciones públicas y privadas, o con claves personales. A su vez, esta misma información también se concentra en una tercera página, www.060.es, que el Gobierno pretende que sea el portal de acceso del ciudadano a la administración electrónica.

A estas alturas, Samanta tiene la lengua fuera. "Esto es una liada". Por medio de www.060.es llega a la antigua página del Instituto Nacional de Empleo (Inem), www.redtrabaja.es, desde donde puede solicitar la prestación de desempleo, firmar el paro o consultar el informe de vida laboral. Los accesos a los servicios funcionan bien, a pesar de que regularmente se producen errores al cargar la información y es necesario volver a introducir el PIN.

Pero el esfuerzo compensa. El informe le permite a Samanta comprobar que ha cotizado más días de los que creía, por lo que le correspondería una prestación de desempleo mayor. Una alegría. Se guarda el documento en su ordenador y puede imprimirlo. Luego quiere comprobar los datos de su prestación de desempleo, pero el sistema no le deja: "Aviso. Se ha producido un error en la conexión con el servidor de validación".

Los procedimientos con la administración central no están todavía pulidos. Pero en el caso de las comunidades autónomas, las prestaciones telemáticas son aún mucho más discretas, por no hablar del caso de los ayuntamientos, casi nulas. Vía www.060.es, Samanta intenta solicitar la tarjeta sanitaria. Es de Burgos, y ese servicio sólo lo tienen habilitado en Asturias, Galicia y el País Vasco. Así que tampoco puede.

La web reúne sólo un puñado de ayuntamientos que operan por Internet. Samanta podría conseguir un permiso de obras en Ermua, pero no ofrecen servicios telemáticos ni el Ayuntamiento de Burgos ni el de Madrid, donde vive ella. Si va directamente a la web del Ayuntamiento de Madrid, allí le informan de que con DNI-e todavía no puede hacer nada, "ya que los procedimientos se encuentran en fase de desarrollo". Sí puede ocuparse del pago y consulta de multas, gestiones de impuestos municipales o la obtención del volante padronal sirviéndose de un certificado digital de los que emiten numerosas entidades autorizadas.

Experimentando con las posibilidades de la administración electrónica, Samanta descubrirá que hay cosas que puede hacer, y otras muchas que no. La Agencia Tributaria le ofrece gran cantidad de opciones, empezando por el borrador de la declaración de la renta, para el que hace falta sólo una clave. Algunos trámites requieren instalar codex, programas y aplicaciones. Por ejemplo, la declaración de la renta exige ControlActiveX. Curioseando, encontrará que puede llegar hasta una solicitud de orden de protección por maltrato, pero no rellenarla online, hay que imprimirla. Sí que puede solicitar una beca del Estado; o también consultar los puntos de su carné de conducir, y para ello no hace falta el DNI-e, sólo introducir el número de licencia y la fecha de expedición. Muchos trámites continúan siendo presenciales; por eso puede consultar el censo electoral, pero no cambiar los datos.

Exhausta al final del proceso, Samanta aventura una conclusión final: "Se supone que ya no es burocracia tradicional, pero lo parece por la cantidad de pasos y requisitos. No responde bien al dinamismo que pide la web. Esto es muy complicado". El proceso todavía necesita rodaje.

Paciencia para un proceso pionero

La oficina responsable de la digitalización estima que se revolverán a corto o medio plazo 545 millones de expedientes anuales, el 95% de las tramitaciones, por esta vía. De momento, la definición de lo que son trámites de digitalización prioritaria es difusa, porque sí se puede registrar, por ejemplo, una obra en el registro de propiedad intelectual, pero no se tramitan telemáticamente muchas de las medidas estrellas de la última legislatura, como la renta básica de emancipación para jóvenes.

La Administración pide paciencia para un proceso pionero, pero más allá de las complicaciones técnicas, el principal problema para que empape la digitalización parece ser la poca implicación ciudadana. Pueden tener el DNI-e 14 millones de españoles, pero una proporción muy alta ni lo han usado ni saben cómo se hace. El Ministerio de la Presidencia, coordinador del proceso junto con Industria e Interior, reconoce que "la utilización del DNI electrónico no es acorde con el volumen de tarjetas emitidas".

El trámite para lograr el DNI-e es el habitual. Los papeles que exigen en la Oficina de Expedición son los mismos que para el documento de identidad tradicional.

Un usuario introduce su DNI-e en el lector de la tarjeta para acceder a las operaciones.

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