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Un tesoro en el aula contigua

Un centenar de institutos históricos pugnan por preservar el patrimonio escolar de antigüedades

La última vez que el escritor Francisco Ayala visitó el instituto Padre Suárez de Granada en el que estudiaba de niño, preguntó por el tigre, un enorme ejemplar disecado que formaba parte de sus recuerdos de infancia. El mismo que el instituto muestra al visitante y a los alumnos. En el Padre Suárez, fundado en 1845, siguen hoy las clases en aulas con más de un siglo de historia y mucho material por descubrir. Más de 6.000 piezas -entre libros, animales disecados, herramientas científicas o expedientes escolares- están expuestos al visitante.

Gracias a su archivo sabemos hoy que el poeta Federico García Lorca no fue un gran estudiante de ciencias, como revela su expediente escolar. "No era brillante en esas materias, no, nada del otro jueves", asegura Luis Castellón, catedrático de Ciencias Naturales y artífice de que el patrimonio de su centro siga en pie. Forma parte del centenar de institutos históricos de España, fundados entre mediados del XIX, según estimaciones del Gobierno. En todos siguen las clases pero en laboratorios y bibliotecas que esconden incunables o especies desaparecidas (como el lince de Sierra Nevada disecado del Padre Suárez).

Hasta ahora, estos centros conservan ese patrimonio a base de buena voluntad, con profesores que dedican sus horas libres a mantener y catalogar expedientes, minerales, colecciones botánicas o instrumentos científicos. Desde hace cuatro años celebran además un encuentro anual entre ellos. El cuarto será en julio de 2010 en Santiago de Compostela.

Hace ocho meses, recibieron un espaldarazo desde el Congreso de los Diputados. Una proposición no de ley impulsa la elaboración de un catálogo general que contabilice y exponga todos sus tesoros, además de prever medios de conservación y un plan de divulgación con créditos presupuestarios. La impulsora es la diputada socialista Cándida Martínez, que reclama "un tratamiento singular" para los centros y reconoce la labor tanto de los antiguos profesores que adquirieron los valiosos materiales como de los actuales docentes que pelean por mantenerlos con apoyos puntuales de las administraciones.

La cuartilla está encabezada con el titular "Clases de palanca" en letra redondeada. Al texto manuscrito le acompañan dibujos minuciosos de una carretilla y un cascanueces de un alumno que tomaba apuntes en 1923. El cuaderno y el historial del joven aún se conservan. "Llegó a ser un gran arquitecto", explica Encarnación Martínez, catedrática de Geografía e Historia. Junto a una colega, la catedrática de Biología y Geología Carmen Masip, informatiza, ordena y mantiene los fondos del instituto Isabel la Católica de Madrid, fundado en 1918 como instituto escuela. En la biblioteca del centro hay 1.500 libros que explican el método de aprendizaje en el que primaba la observación y experimentación del alumno.

Los antiguos laboratorios con grandes vitrinas de madera del centro, en los que se seguía dando clase hasta hace tres años, almacenan microscopios de la época con sus respectivos cristales con muestras entre otros cientos de herramientas y utensilios. "Aún no hemos cuantificado todo lo que tenemos aquí", explica Martínez, que aspira a "difundirlo al máximo". De momento, las salas más antiguas del instituto se abren a alumnos y visitantes cada año durante la Semana de la Ciencia.

En la sala de profesores del instituto Práxedes Mateo Sagasta, en Logroño, los muebles son isabelinos. El instituto conserva desde su fundación en 1843 parte del mobiliario a la vista de todos. Otros elementos menos vistosos pero con quizá con más valor los ha ido rescatando el bibliotecario del instituto, Fernando Blanco. "Con todo lo que he recopilado tendrían para escribir 20 libros", asegura. La biblioteca dispone de 10.000 volúmenes antiguos y un herbario con 1.250 especies vegetales recopiladas entre 1850 y 1890, que supone "una de las tres únicas colecciones que existen", asegura Blanco, orgulloso de los tesoros hallados durante 14 años de trabajo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de diciembre de 2009