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El Papa llama a la paz en Oriente Próximo

Benedicto XVI expresa al llegar a Jordania su "profundo respeto" por la comunidad musulmana - El Pontífice dice que la Iglesia aporta "razón" al proceso árabe-israelí

Benedicto XVI aterrizó ayer a mediodía en Ammán, la capital de Jordania. Nada más pisar tierra en su primer viaje a un país árabe, afirmó que siente "todo el respeto por la comunidad musulmana". Defendió la libertad religiosa y los derechos fundamentales. Además, expresó su deseo de que musulmanes y judíos alcancen la paz. La Iglesia Católica, señaló el Papa, puede ayudar al diálogo entre palestinos e israelíes aportando oración, formación de las conciencias y razón: "No siendo parte política, podemos ayudar más fácilmente a observar los criterios reales y lo que sirve a la paz", dijo.

Ratzinger pasará una semana en Tierra Santa. Estará en Jordania tres días, y luego visitará Israel y la Cisjordania palestina. Es su cuarto viaje a Oriente Próximo (vino ya en 1964, 1992 y 1994), y también la tercera visita de un papa moderno al lugar donde se funden las tradiciones de las tres religiones monoteístas.

"Estoy aquí para llevar adelante el diálogo entre judíos y musulmanes", dijo Benedicto XVI en el vuelo que le llevaba desde Roma a Ammán. "Vengo como peregrino en nombre de la paz, en nombre de Iglesia católica y de la Santa Sede. No somos un poder político, sino una fuerza espiritual". La clave del viaje se mueve sobre una duda. ¿Podrá este Papa, más conocido por sus denuncias de las broncas internas de la Iglesia que por sus dotes para las relaciones públicas, el ecumenismo y la geopolítica, dejar un mensaje que ayude a cambiar la realidad de Tierra Santa? Sus partidarios creen que sí, y recuerdan que sus viajes a Turquía y EE UU fueron ricos en señales simbólicas y palabras de esperanza. Lo que es seguro es que este viaje es el más importante y peliagudo de su mandato. Cada palabra, cada gesto y cada silencio serán observados con lupa.

Tierra Santa es el lugar del mundo donde la palabra diálogo suena más hueca. La realidad es la contraria: un avispero santo. Bronca, ruido y violencia. Intolerancia, división y racismo. Y la religión como estandarte. Salvo momentos estelares olvidados en el tiempo, las tres religiones monoteístas no se tragan ni dialogan. Y en ningún lugar se percibe ese mal rollo a tres bandas como aquí.

El Papa comenzó su periplo mostrando su mejor cara. "Expreso un profundo respeto por la comunidad musulmana, seguro de que la paz en Oriente Próximo se puede alcanzar si se asumen posiciones realmente razonables", declaró nada más llegar a Jordania. Fue recibido por el rey Abdalá, el mejor aliado del Gobierno estadounidense en el área, que se encargará de reformar el borrador saudí del plan de paz, y por su esposa, Rania. A la hora en que los muecines llamaban a la oración en la abigarrada Ammán, una ciudad sin encanto, pero pacífica e incluso liberal (sobre todo con el cristianismo, y si se la compara con sus vecinos), el Papa recordó que el monarca "promueve la mejor comprensión de las virtudes proclamadas por el islam".

Benedicto XVI dijo que judíos y cristianos comparten "la misma raíz en la Biblia y los mismos libros del Antiguo Testamento, que son libros de liberación". "Naturalmente", añadió, "cuando durante 2.000 años se ha vivido de forma distinta, separados, no hay que asombrarse si surgen malentendidos. Hay un cosmos semántico diferente, y las mismas palabras significan cosas distintas. Tenemos mucho que aprender, pero estamos haciendo grandes progresos". La referencia a los "malentendidos" denota el deseo de pasar página. Pero la frase no deja de sonar complaciente. En cuatro años de papado, Benedicto XVI ha dibujado un catolicismo más agresivo: sin complejos. Y en el camino se ha olvidado del ecumenismo, la utopía que el Concilio elevó al podio de sus prioridades. Con el islamismo radical en plena fiebre, Ratzinger dijo en Ratisbona que la "espada" formaba parte de las enseñanzas de Mahoma. Gracias a Abdalá, un rey educado en universidades católicas estadounidenses, la provocación quedó en una apertura de diálogo con 138 líderes musulmanes.

Sus deslices con los judíos han causado disgustos peores. Tras atribuir en Auschwitz el Holocausto a "un grupo de criminales", recuperó la extinta oración de Viernes Santo que anima a rezar por la conversión de los hebreos, y hace unos meses levantó la excomunión a los obispos lefebvrianos, antisemitas casi por definición y con un negacionista explícito en sus filas (el británico Richard Williamson). El ministro israelí de Asuntos Religiosos ha recordado al Papa que la esperanza de los supervivientes del Holocausto es que "condene claramente a los negacionistas y a los seguidores del antisemitismo".

Tercer viaje papal

- Pablo VI. Fue el primer pontífice que viajó a la zona. Lo hizo en enero de 1964, tres décadas antes de que el Vaticano reconociera el Estado de Israel.

- Juan Pablo II. El segundo Papa que viajó a la zona, en el año 2000. Durante su visita, estuvo en el Monte Sinaí, Belén y Jerusalén.

- Benedicto XVI. Es el tercer Papa que viaja a la zona. Tiene previsto visitar Jerusalén, Belén y Nazaret.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de mayo de 2009

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