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viernes, 8 de mayo de 2009
Crítica:

La edad de oro

J. O. 8 MAY 2009
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Eran artistas, eran geniales, eran diferentes. Lorca, Dalí, Buñuel. Residencia de Estudiantes, conjunción de astros, choque inevitable. Paul Morrison elucubra en Sin límites sobre aquella edad de oro, sus triunfos y sus miserias. Y lo hace intentando abarcar su importancia artística, su vena genial y su radical distinción en una España de cántaro, terruño y rabia. Salvo algún desvarío (Buñuel apaleando gays), demasiadas reiteraciones (hasta tres veces se verbaliza el espíritu "sin límites") y una desnortada introducción de las consignas artísticas, políticas y sociales, el guión salva la papeleta gracias a los guiños metalingüísticos y a la buena graduación de la evolución afectiva entre Lorca y Dalí. En cambio, fracasa en el aspecto técnico, con una fotografía deplorable, y en la muestra del contraste entre las personalidades y su ámbito social.

 
 

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