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lunes, 2 de marzo de 2009
Reportaje:

Oubiña pone el contador a cero

El futbolista del Celta empieza de nuevo tras superar una grave lesión

Al sol de A Madroa a Borja Oubiña se le pierde la mirada en el horizonte y se apresta a la conversación entre la melancolía y el realismo. Hace casi año y medio que se destrozó la rodilla izquierda. "Tengo clavada la imagen de la lesión, el momento", dice. Luego aclara que ese recuerdo no le impide volver a meter el pie, pero que jamás olvidará aquel 22 de septiembre en Anfield, su segundo partido con el Birmingham City, a donde llegó cedido para evitar la Segunda División y mantener su estatus de futbolista de elite. Oubiña lo tenía todo. Acababa de finalizar la carrera de Empresariales, era capitán del Celta, el equipo de su corazón, y estaba en el grupo que armaba Luis Aragonés de cara a la Eurocopa, pero el descenso le llevó a la Premier League y le puso frente a Dirk Kuyt, un delantero del Liverpool acostumbrado a fajarse al límite. "Lo vi venir. Era una acción que igual repito tres o cuatro veces en un partido, metes la pierna en cualquier fregado y no pasa nada, pero...".

Se destrozó la rodilla izquierda en su segundo partido con el Birmingham City

"Estoy convencido de que evolucioné como futbolista por tener una vida ordenada"

Su rodilla se quebró. Luego llegó el quirófano y una recuperación que no fue sencilla. Son procesos en los que hay mucho tiempo para pensar y Oubiña ha llegado a una conclusión: a nivel futbolístico nada de lo hecho le sirve ahora. "He tenido que resetearme y empezar de cero", asegura. Quizás exagere. En el fútbol vales tanto como tu última actuación, pero también hay resquicio para la memoria. "Ya, pero todo sería diferente si el Celta estuviera en Primera -reflexiona- y el fútbol es un deporte colectivo. Con todo, Oubiña tiene la receta para llegar a la cumbre. Lo consiguió una vez y no descarta regresar porque en ese reseteo asegura que ha puesto a cero el contador de la ilusión. Es bueno en su trabajo, un medio centro cabal, atento al corte y con capacidad para sacar la pelota bien jugada, ayuda a hacer mejores a sus compañeros, pero no hace milagros. No es Messi. "Jugadores que cambien la dinámica del grupo se cuentan con los dedos de una mano", advierte. Salir de un Celta deprimido en el que le quedan dos años y medio de contrato podría ser una solución. "No lo veo..., pero ahora ya no es como antes y es complicado empezar y culminar una carrera en un mismo club, la gente siempre busca novedades".

Oubiña asume los meses que quedan hasta el verano como un periodo para probar su nivel y ayudar al equipo a salvar la temporada sin agobios. Luego se verá qué ocurre. Su ilusión sería seguir en Vigo. "Jugar en tu equipo es algo incomparable", confiesa. Borja, que llegó de niño desde Vilagarcía con sus padres, ingresó con doce años en el Celta. Siempre tuvo compañeros que llamaban más la atención, pero nunca dejó de ser imprescindible para sus entrenadores. "Igual no tenía las condiciones de otros, pero evolucioné más que ellos porque tuve un entorno favorable en casa y siempre supe escuchar", explica. Todavía sigue con la antena puesta para no caer en la dinámica de divismo que envuelve el fútbol profesional.

El capitán del Celta creció como futbolista al tiempo que se licenciaba en Ciencias Empresariales. Dice que compaginar fútbol y estudios no le resultaba especialmente trabajoso. "Era mi mundo, en el que me movía y al final me dio valores como el sacrificio o el esfuerzo que me sirven para jugar al fútbol. Estoy convencido de que he evolucionado como futbolista por tener una vida ordenada", matiza.

Todo conforma una base de la que obtuvo frutos cuando llegó a la medular de un Celta que se iba a Segunda o cuando Fernando Vázquez le dio galones de mando en el Celta para devolverlo a Primera. Oubiña recopila experiencias y las procesa para que su reseteo culmine con éxito. Incluso el mes y medio que pasó en Inglaterra sirvió para algo más que lesionarse. "Aprendí el respeto a la profesión y al compañero, al directivo, el entrenador o el aficionado". Todavía en rodaje tras una lesión dramática, Oubiña busca su mejor versión, mira los partidos de la selección, triunfante en Austria el verano pasado y favorita de cara al próximo Mundial y lanza una exclamación al sol de A Madroa: "Claro que lo piensas. ¡Yo estaba ahí!"

El medio centro vigués, en las instalaciones de A Madroa. / LALO R. VILLAR

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