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Entrevista:LA JEFA DE TODO ESTO | Belén Llera, directora técnica de la Biblioteca Nacional

"Lo que me motiva es la creatividad"

La directiva 'gobierna' 26 millones de libros y a 600 personas

Se llama Belén Llera, tiene 40 años y es madre de un hijo de corta edad. A sus órdenes trabajan 600 personas, entre funcionarios y contratados. Son bibliotecarios, encuadernadores, fotógrafos, administrativos, restauradores, microfilmadores... Bajo su mirada cruzan cada mes unas 70 toneladas de libros, impresos, documentos y carteles. Le compete la responsabilidad de motivar a sus subordinados y mantener técnicamente viva una masa ingente compuesta por 26 millones de libros y documentos, cuya savia constituye la sangre intelectual, letra, imagen y sonido, de este país.

Ello compone la descomunal dote que se alberga en 12 plantas del paseo de Recoletos y en cinco naves -pronto serán seis- de hasta seis pisos cada una que se alzan entre Alcalá de Henares y Meco. Además, la custodia de todo texto que lleve depósito legal y que deba ser legalmente registrado, es, en teoría, competencia suya y destinataria de sus decisiones, para su mantenimiento, conservación y cuidado. Son los poderes que le confiere ser directora técnica de la Biblioteca Nacional de España, con sede en el corazón de Madrid.

"Lo más difícil es el seguimiento de las decisiones que propones"

"La cercanía de joyas como el 'Cantar de Mío Cid' me emociona"

Aplomada y reflexiva, Belén Llera estudió Filosofía y Letras en la Universidad Complutense y pronto orientó sus pasos hacia el mundo de los libros, concretamente el de las bibliotecas. Una estadía en Inglaterra y un master de Alta Dirección de Administración Pública en la Fundación Ortega y Gasset le guiaron primero hacia Alicante, luego a la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, de Madrid, y por fin, hasta la Biblioteca Nacional, donde recaló hace tres años; desde noviembre de 2007 desempeña en el palacio decimonónico del paseo de Recoletos sus cometidos, cargados de responsabilidad por su envergadura.

Fascinada por el pensamiento de Martin Heidegger, el filósofo del tiempo autor de Sendas perdidas; seguidora del realismo mágico, señaladamente de Gabriel García Márquez; y admiradora de Jorge Luis Borges, al que cita reiteradamente, cree que la Biblioteca Nacional "bien podría ser un aleph", el impar mirador situado en el peldaño de una escalera, "desde el cual cabe divisar todo el mundo". La riqueza documental e icónica de los fondos que atesora el palacio madrileño de los libros, así permitiría atestiguarlo. "La Biblioteca Nacional", explica, "cuenta con una plantilla muy profesionalizada". Es proverbial el sentimiento corporativo de su funcionariado. Mientras, el mundo de la biblioteca vive hoy una transformación drástica, signada por la digitalización y otros procesos de informatización.

¿Cómo cambiar, en equipos tan amplios, la cultura profesional tradicional sin despertar en ellos el vértigo? "Con sentido común", responde. "No se debe ir nunca como una apisonadora, porque se acaba perdiendo la legitimidad y la razón. Lo más importante", explica Belén Llera, "es contar con un proyecto sólido, sin el cual es imposible recabar los apoyos que lo hacen posible. No pueden hacerse los cambios así porque sí; ahí se pierden los apoyos por ganar y los ya ganados, también".

Entre las modificaciones más importantes que Belén Llera ha emprendido destaca la catalogación digital de todos los fondos que, a su juicio, va a redundar en beneficio de los usuarios y de los propios funcionarios. "Con ella simplificamos mucho una serie de procesos mecánicos, muchos de ellos manuales, que restaban tiempo a los bibliotecarios para disponer de la creatividad que su trabajo requiere". ¿Para qué ese tiempo? "Para organizar y seleccionar, dirigir a los lectores... ¿Algo parecido a los libreros? "Bueno, sí, algo semejante", responde.

"Es precisamente la creatividad, el móvil que más me motiva en mi trabajo", según confiesa. "Me apasiona la apuesta creativa, porque sé que de una idea sale un mundo". Y añade: "Además, comprobar que trabajas con un equipo cuya gente responde, produce mucha satisfacción". ¿Qué es lo que le resulta más difícil para mandar sobre tantas personas? "Lo más dificultoso es hacer un seguimiento de las actuaciones que has propuesto; la Biblioteca Nacional es un organismo vivo tan grande que hacer ese seguimiento se convierte en una tarea de gran complejidad. Por eso a veces me pierdo, porque me resulta dificilísimo seguir hasta el último detalle el proceso propuesto...". ¿Y dejar a los funcionarios libertad de iniciativa? "Por supuesto, no podríamos conseguir nada, ninguna de esas metas, sin esa iniciativa suya".

¿Experimenta alguna emoción por la cercanía a alguno de los manuscritos que la Biblioteca Nacional atesora, como el Cantar de Mío Cid o manuscritos de Lope de Vega? "Sí, ése es uno de los privilegios que tiene el trabajar aquí, donde la gente puede hallar un ritual, un silencio que le permite aproximarse al Universo desde los libros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de febrero de 2009