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martes, 10 de febrero de 2009

El futuro de Israel, en manos de un millón de indecisos

El derechista Netanyahu mantiene una ligera ventaja en los sondeos sobre Livni

"Tengo buenas y malas noticias", dijo el sargento a la tropa. "La buena es que vais a cambiaros los calcetines sucios. La mala es que los intercambiaréis entre vosotros". El analista político Uri Avnery recurre al chiste para esbozar el panorama que afrontan los 5,27 millones de electores israelíes que eligen hoy el Parlamento. Optarán por caras viejas, todos veteranos dirigentes que despiertan escasas simpatías y atesoran pocos logros. El país está sumido en el desconcierto. Casi un millón de indecisos decantarán el resultado a favor de Benjamín Netanyahu, jefe del derechista Likud, o de Tzipi Livni, candidata del liberal Kadima.

Y votarán influidos por dos miedos: el temor a un Irán nuclear inculcado con perseverancia y a una recesión económica que en Israel llega con retraso. El expediente palestino, a diferencia de otras campañas, se ha diluido.

Muchos expertos auguran un Gobierno de unidad nacional

Mucha gente duda. El hartazgo hacia una clase dirigente -el Likud ha fichado como estrellas a veteranos ex diputados como Benny Begin, hijo del ex primer ministro Menahem Begin, y al ex jefe del Estado Mayor Moshe Yaalon- que apenas provoca reacciones como la de Rinat, economista empleada en un banco: se tapa la nariz. Su colega de despacho tampoco se había decidido anteayer.

Los hay que dudan entre Los Verdes y el seudofascista Avigdor Lieberman, azote de los árabes-israelíes. O entre éste y Livni, porque rechazan las políticas neoliberales de Netanyahu ahora que la crisis económica va a arreciar. Con semejante incertidumbre y lo ajustado de la disputa -un par de escaños en favor del Likud (27) frente a Kadima (25)- el pronóstico es una aventura de riesgo.

Contribuye a la vacilación la estrategia del mutismo aplicada por los candidatos. Mejor callar que meter la pata. La campaña ha estado repleta de eslóganes sin compromiso. Fuerte en economía, fuerte en seguridad, rezaba el de Netanyahu, cuya actitud se asemeja a la del ex canciller soviético Andrei Gromiko, apodado Mr. No. "No devolveremos el Golán a Siria", ha repetido. "No desmantelaremos asentamientos en Cisjordania", ha insistido. "No dividiremos Jerusalén", ha reiterado. Su rival, Livni, tampoco se ha mojado. Un líder diferente, es su lema.

Pocas propuestas y muchos ataques mutuos sobre la capacidad para ejercer el cargo de primer ministro han jalonado la campaña que ha revelado dos tendencias firmemente consolidadas en la sociedad israelí.

Sea cual sea el resultado, la derecha se consolida. Desde las elecciones que siguieron al magnicidio de Isaac Rabin (noviembre de 1995), que otorgaron el triunfo a Netanyahu en mayo de 1996, los laboristas sólo gobernaron un periodo (1999-2001). El mandato de Ehud Barak, candidato de nuevo, acabó como el rosario de la aurora, y le sucedió el halcón Ariel Sharon. Y, en segundo lugar, crecen las voces que abogan por un vuelco en la legislación para instaurar un régimen presidencialista.

La ley electoral, que establece un sistema proporcional puro en un distrito único, favorece el florecimiento de partidos. Con un efecto positivo: todos los sectores de la heterogénea sociedad israelí -ultraortodoxos sefardíes o ashkenazis, árabes-israelíes, los representantes de los colonos, laicos xenófobos, laicos de izquierdas, liberales de centro, los inmigrantes de origen ruso- ostentan representación en la Kneset. Pero con una secuela ineludible: la inestabilidad que aqueja al sistema político.

Doce partidos contaban con presencia en la 17ª Cámara de la historia de Israel. No se prevén menos en la próxima. Y una solución se augura, para muchos expertos, inevitable: la formación de un Gobierno de unidad nacional que permitiría afrontar los desafíos venideros -el programa atómico de Irán y los estragos de la crisis económica en un país estrechamente vinculado a Europa y EE UU- con garantías de que el patio político mantiene prietas las filas.

Porque el eterno conflicto con los palestinos ha sido desdeñado. En marzo de 2006, en la convocatoria previa a las urnas, el primer ministro saliente, Ehud Olmert, proponía la retirada parcial de Cisjordania como ancla de su campaña. Y sólo hace un mes, la sociedad se manifestaba en bloque en su apoyo al castigo a Hamás y la destrucción de Gaza. Ahora, apenas vagas menciones. Retomar la negociación o no es asunto marginal

Principales partidos

- Likud. Sondeos: 26-27 escaños. Líder: Benjamín Netanyahu. Orientación política: derecha.

- Kadima. Sondeos: 23-25 escaños. Líder: Tzipi Livni. Orientación política: centro-derecha.

- Yisrael Beiteinu. Sondeos: 18-19 escaños. Líder: Avigdor Lieberman. Orientación política: derecha radical.

- Laborista. Sondeos: 14-17 escaños. Líder: Ehud Barak. Orientación política: centro-izquierda.

- Otros. Ocho partidos menores lograron el 40% de los escaños en las elecciones de 2006.

Un soldado israelí recoge su papeleta para votar en la base de Mount Hermon (altos del Golán). / EFE

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