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martes, 22 de julio de 2008
Crítica:MÚSICA

Tormenta e ímpetu

El Festival de Músiques de Torroella de Montgrí inauguró su vigésimo octava edición con un concierto que, bajo el epígrafe L'Sturm und Drang o la gènesi del romanticisme musical, agrupaba diversas piezas instrumentales y vocales.

Si las instrumentales -una selección de diversos números del ballet Don Juan de Gluck, la Sinfonía núm. 1 de CPE Bach y, muy especialmente, la Sinfonía núm. 25 K.183- se podrían encuadrar sin problemas dentro de una sensibilidad sturmer, las vocales -la Lamentación primera del Miércoles Santo de Niccolò Jommelli, el aria 'Viens Hymen', de Les Indes Galantes, de Rameau, y las arias 'Si promete fácilmente' y 'Vorrei punirti indegno', de La finta giardiniera de Mozart- sólo muy marginalmente y rizando mucho el rizo podrían adscribirse al movimiento Sturm und Drang ('tormenta e ímpetu'), el movimiento alemán, principalmente literario, pero también musical y pictórico que en la segunda mitad del siglo XVIII reacciona contra el racionalismo de la Ilustración anunciando ya, de forma embrionaria, el romanticismo.

ACADÈMIA 1750

Isabel Rey, soprano. Alfredo Bernardini, director. Obras de Gluck, Jommelli, CPE Bach, Rameau y Mozart. Iglesia de Sant Genís. 28º Festival de Músiques de Torroella de Montgrí, 18 de julio.

La principal novedad y alegría del concierto estuvo en Acadèmia 1750, la orquesta histórica del Festival de Torroella, una formación mayormente joven en la que se integran solventes instrumentistas formados en algunos de los más reputados conjuntos que actualmente se dedican a este tipo de repertorio. El romano Alfredo Bernardini asumió la dirección y logró óptimos resultados, especialmente en la Sinfonía núm. 25 de Mozart, que consiguió que sonara con verdadero espíritu Sturm und Drang.

Las obras vocales fueron defendidas con seguridad, elegancia y capacidad por la soprano valenciana Isabel Rey. Si en 'Ierusalem, convertere ad Dominum', la parte final de la Lamentación de Jommelli, la cantante pareció incómoda enfrentada a una partitura que la obligaba a sumergirse en un registro excesivamente grave para su voz y en el aria 'Viens Hymen' el encaje con el acompañamiento instrumental, una traicionera filigrana delicadísima formada sólo por violines y flauta, no fue perfecto y quizá requería más ensayo, en las arias de Mozart de la segunda parte desplegó gracia, muy buen estilo y cálida y justa expresividad.

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