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Entrevista:Gay Mercader | Promotor musical | música

"Lo de los festivales es como lo de la burbuja inmobiliaria"

Cada vez que los Rolling Stones pasan por España, Gay Mercader tiene reservado un asiento junto a ellos en su avión privado. La vida de este catalán cambió en 1976 cuando trajo por primera vez al grupo británico a nuestro país. "Ya entonces se decía que estaban acabados", cuenta por teléfono Mercader desde su masía en Girona, donde vive rodeado de animales que rara vez abandona. "Y tanto los Stones como yo seguimos vivos, bien y arriba". Gay, Luis Jorge de nombre real, sigue en contacto por teléfono con sus amigos: Keith Richards ("es el tipo más gracioso que he conocido"), Sting, Iggy Pop y Patti Smith.

Pero Mercader tuvo hace un año otro encuentro que le ha vuelto a cambiar la vida. Esta vez enfrente tenía a Roberto Medina, el publicista y director de Rock in Rio. Media hora de reunión bastó para que Gay y Roberto se hicieran socios del mayor festival jamás celebrado en España, del que Mercader ha sido la mano en la sombra. ¿La razón? "Porque si en España triunfas, es mejor desaparecer. No estar nunca en primer plano. Además, Roberto es el ideólogo". A sus 59 años, es el primero y más antiguo promotor español de conciertos, y ahora habla por primera vez sobre la guerra de festivales y Rock in Rio.

"Las pérdidas de algunos festivales me dejan pasmado. Al final del verano va a haber lágrimas"

Pregunta. ¿Hay sitio en España para tantos festivales?

Respuesta. No. Va a ser como la burbuja inmobiliaria, y ya está explotando. Aquí también se ha acabado la época de las vacas gordas, porque todo el mundo ha pensado que montar un festival era Jauja, y no es así.

P. Y este fin de semana empieza la batalla: Summercase contra el Festival Internacional de Benicàssim (FIB)...

R. Es un suicidio organizar un festival en las mismas fechas que el FIB. Summercase es un gigante con los pies de barro. Veremos si se celebra.

P. ¿Por qué lo dice?

R. Porque para hacer un concierto hay que pagar a los músicos.

P. Se dice que esta competencia dispara los precios de los músicos. ¿No ha sido así siempre?

R. Sí, ha pasado toda la vida, pero ahora hay mucho loco suelto que hace ofertas económicas desquiciadas. Me cuentan las pérdidas de algunos festivales y me quedo pasmado. Al final del verano va a haber muchas lágrimas.

P. ¿Cómo le han sentado las críticas al festival Rock in Rio?

R. Mal. Me he pasado la vida quejándome de que no teníamos sitios para hacer conciertos. Siempre los hacíamos en espacios deportivos, plazas de toros... Ahora que encontramos uno, recibo palos por todos lados. Que si hay sponsors... que si era un parque temático... Me ha recordado cuando empecé a organizar conciertos hace 35 años. Todos me dijeron que estaba loco.

P. ¿Y cómo se mete en este lío?

R. Roberto Medina es un tío de educación exquisita, cosa que no se estila en el mundo del rock. Rápidamente me di cuenta de que tenía carisma. El olfato no me ha fallado. Lo tengo intacto desde los años setenta.

P. ¿A qué se refiere?

R. Roberto es un soñador. Normalmente, los soñadores no materializan los sueños. Él sí. Cuando me habló de las cifras que iba a conseguir a través de anunciantes, me parecía tan imposible como que España ganase la Eurocopa. Ambas cosas se han cumplido.

P. Vamos, que se ha sentido usted como el Luis Aragonés del rock.

R. Totalmente. Nos hemos sentido así los dos. Al principio, todo el mundo se puso en contra de Roberto; ahora, media España lo está persiguiendo.

P. ¿Pero no había un exceso de publicidad en el festival?

R. ¿Se queja alguien de que el Real Madrid lleve Parmalat en el pecho? En el rock hay mucho prejuicio. El tipo aparentemente más peligroso del mundo, Keith Richards, ha hecho publicidad de Louis Vuitton y no ha pasado nada. Mi empresa es muy buena montando conciertos y negada captando publicidad. Y Roberto eso lo hace muy bien.

P. ¿Se ha rentabilizado el festival? ¿Veremos sus lágrimas a final de verano?

R. No, porque sí se ha rentabilizado. Ha habido ingresos muy importantes de marcas, pero es que sólo el césped ha costado medio millón de euros. Aunque en un festival trabajas como un hijo de puta y lo que se gana nunca compensa todo el esfuerzo que has hecho. A pesar de ello, se puede decir que Rock in Rio ha ido económicamente bien.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de julio de 2008