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domingo, 18 de mayo de 2008
Reportaje:EN UNA CÁRCEL SECRETA

Un 'yihadista' en el limbo

Mustafá Setmarian es, tal vez, el número cuatro de Al Qaeda, miembro del círculo íntimo de Bin Laden, la pieza más valiosa en poder de EE UU, por la que pagó cinco millones de dólares en octubre de 2005. Desde entonces se le ha tragado la tierra. Las pistas apuntan a una cárcel secreta en la isla de Diego García. Su esposa española exige que se le juzgue

¿Quiénes son los principales dirigentes de Al Qaeda?", preguntó un policía español al sirio de origen kurdo Abdulrahim Abdelrazak Yanko, el preso número 489, en su celda en Guantánamo. Y este universitario, hijo de un padre que le maltrataba y casado con dos mujeres, respondió con cinco nombres encabezados por Osama Bin Laden, Ayman al Zawahiri y Seifeldin al Masri. En cuarto lugar de la lista citó a Abu Musab al Suri, el apodo guerrero de Mustafá Setmarian, uno de sus profesores y entrenadores en la "casa de árabes" de Faruk, campamento de entrenamiento terrorista a unos 15 kilómetros al norte de Kabul y cerca del aeropuerto.

El agente Rafael Gómez Menor, uno de los mayores expertos en las redes de Al Qaeda, reconoció de inmediato el nombre del sirio Mustafá. Era el 24 de julio de 2002, y una misión española interrogaba a 13 presos detenidos en Afganistán en busca de información sobre este tipo pelirrojo que había alcanzado la cúpula de la organización terrorista más poderosa del planeta. Dos años después, el 18 de noviembre de 2004, Adam Erli, por entonces portavoz del Departamento de Estado norteamericano, anunció en Washington la orden de busca y captura contra Setmarian, y la aprobación por Colin Powell, jefe de la diplomacia de EE UU, de una recompensa de cinco millones de dólares por su captura.

El misterioso paradero de Setmarian fue revelado al juez Baltasar Garzón por ex agentes de EE UU de los servicios de inteligencia

"Me reuní por última vez con el jeque Osama, que Dios le proteja, en noviembre de 2001, y me comprometí a la 'yihad"

"Es clave para la Casa Blanca porque puede llevar hasta Bin Laden", dice un alto responsable europeo de inteligencia

Ya ha sido pagada. Ha hecho ricos a varios lugareños de Quetta, localidad paquistaní cercana a Afganistán, uno de los feudos yihadistas en ese país, y la foto de Setmarian ha desaparecido de la página web de recompensas del FBI. El sirio nacionalizado español y casado con una madrileña fue detenido en octubre de 2005 en esa ciudad y entregado a agentes norteamericanos, pero desde entonces el fundador de Al Qaeda en España se ha esfumado. Se lo ha tragado la tierra.

¿Cuántas personas conocen el paradero de Mustafá Setmarian? ¿Aparecerá alguna vez? "No más de una docena, entre militares y civiles", responde a la primera pregunta un agente de la CIA agregado a una de las embajadas de EE UU en Europa. La segunda pregunta no recibe respuesta, nadie lo sabe. Tampoco nadie se atreve a especular.

Setmarian, de 50 años -hijo de un maestro de Alepo, miembro de la Hermandad de los Hermanos Musulmanes, creador de la nueva yihad y hombre de confianza de Bin Laden-, se ha convertido en la pieza más valiosa que la CIA tiene en su poder desde su captura en Quetta, un escenario en que el sirio-español se movía como pez en el agua. En Islamabad (Pakistán) nacieron varios de sus hijos, y allí se refugió tras la invasión norteamericana de Afganistán, en el otoño de 2001.

Desde entonces, y al igual que otros presuntos yihadistas menos conocidos, Setmarian figura en la lista de desaparecidos, de presos en el limbo de las cárceles secretas inauguradas por la Administración de George W. Bush. Y ha batido un macabro récord que no lograron tipos importantes de Al Qaeda como Kalik Sheikh Mohamed y Ramzi Binalshibh, cerebro y organizador del 11-S, detenidos también en Pakistán y reaparecidos después en la base de Guantánamo (Cuba).

Elena Moreno, su esposa madrileña, y organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch reclaman sin éxito una respuesta del Gobierno de EE UU, pero éste guarda un celoso y sospechoso silencio. "Responden que es secreto de Estado o simplemente no confirman ni desmienten su secuestro", se lamenta Elena desde Doha (Qatar), donde reside con sus cuatro hijos y ejerce de profesora de inglés en un colegio.

El paradero de Setmarian es un misterio desde que miembros del ISI, el siniestro servicio secreto paquistaní, le entregaron a agentes de EE UU a cambio de la recompensa, pero su pista conduce, después de dos años y medio de oscuridad, hasta la base aérea y naval norteamericana de Diego García, isla británica del archipiélago de Chagos, en el océano Índico, según aseguran ex miembros de los servicios de inteligencia de Estados Unidos. El sirio fue trasladado en noviembre de 2005 a esta remota isla de 27,2 kilómetros cuadrados en la que el ejército de EE UU tiene una base militar, según revelaron al juez Baltasar Garzón ex miembros de los servicios de espionaje estadounidense durante la estancia del magistrado en EE UU.

El magistrado procesó a Setmarian en 2003 y dictó una orden de busca y captura internacional que, al igual que la emitida por EE UU, sigue vigente. "Sin una declaración oficial de su detención no podemos hacer nada", aclara el juez, que todavía tiene sobre la mesa de su despacho en la Audiencia Nacional y en un lugar preferente el expediente del español de origen sirio, experto en guerra química y bacteriológica. El fiscal Pedro Rubira añade que sólo se pedirá su extradición cuando se comunique su arresto, pero desde su detención el silencio de las autoridades norteamericanas es total. Silencio a Elena, su mujer; a organizaciones de derechos humanos, y a toda la prensa internacional. Las reiteradas consultas de este periódico al Departamento de Estado y a la Embajada de Estados Unidos en Madrid reciben siempre la misma respuesta: "Es un asunto sensible. No hay nada que decir".

Setmarian forma parte del "programa de interrogatorio de terroristas de alto valor" recluidos en cárceles secretas, según reconoce un agente del FBI consultado por este diario. En este programa han estado también Abu Zubaida, coordinador de los muyahidines en Afganistán, y Kalid Sheikh Mohamed y Ramzi Binalshibh, los organizadores de los atentados del 11-S, trasladados a la base naval de Guantánamo tras permanecer varios años en cárceles secretas. Los tres tienen fuertes vínculos con yihadistas establecidos en España. Un programa de cuyos resultados se informa día a día a George W. Bush, según varios de sus colaboradores. El presidente es un hombre peculiar que se interesa por los detalles y resultados de las operaciones secretas, como la que en 2005 condujo a un lugar ignoto a Setmarian. "Era un hombre clave para la Casa Blanca, entre otras razones porque puede conducir al paradero de Bin Laden", asegura el responsable de un servicio de inteligencia europeo.

Las confidencias de ex agentes norteamericanos apuntan a Diego García, una de las mayores bases aéreas y navales norteamericanas fuera de su territorio, como el lugar donde los servicios secretos mantienen oculta a su presa. La isla acoge a la VI Flota del Índico, a los bombarderos B-52 que operan en Irak y Afganistán, a escuadrillas de submarinos dotados de misiles antinucleares y, desde 2001, a una siniestra cárcel secreta donde sus fuerzas especiales interrogan y torturan a yihadistas capturados en diversos puntos del planeta. Un territorio británico inexpugnable y sombrío en el que residen varias docenas de ciudadanos dedicados a la pesca, y donde en 2002 hicieron escala, al menos, dos vuelos secretos de la CIA con sospechosos de terrorismo islamista.

Hace 30, cuando llegaron los militares norteamericanos, los pobladores de esta isla, descendientes de emigrantes indios y antiguos esclavos africanos, fueron obligados a abandonarla y conducidos en barcos a las Seychelles o Isla Mauricio. El territorio quedó libre de testigos incómodos, en una acción vergonzosa que se conoció años más tarde y que ha acabado en los tribunales. Descendientes de estos ciudadanos han reclamado su derecho a regresar a la isla.

El Gobierno británico acaba de quedar cuestionado precisamente por las vidriosas e inconfesables actividades que los hombres del general Michael V. Hayden, director de la CIA, llevan a cabo en esta diminuta isla convertida en un limbo jurídico similar a Guantánamo. En una sorprendente e inédita declaración ante la Cámara de los Comunes, David Miliband, secretario del Foreign Office, reconoció hace varias semanas que conoció las escalas de los vuelos secretos en Diego García seis años después. El ministro pidió disculpas, calificó el incidente de "errores de registro" y aseguró que el suelo británico no volverá a ser utilizado sin permiso en operaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos.

Dos aviones de la CIA que trasladaban a sendos sospechosos de terrorismo a Guantánamo y Marruecos recalaron a repostar en Diego García, según la información facilitada con seis años de retraso por el Gobierno de EE UU. Uno permanece en la base cubana, muy cerca de donde sigue preso Yanko, el sirio que sitúa a Setmarian en la cúpula de Al Qaeda, y el otro se encuentra en libertad. Gordon Brown calificó los hechos de asunto "muy grave". "Fue lamentable que no lo supiéramos", añadió, lacónico. "En la guerra contra el terror vale todo, incluso engañar a Gobiernos amigos", reconoce un agente norteamericano destinado durante años en Islamabad.

La base de Diego García es un laboratorio para la guerra contra Al Qaeda, aunque las autoridades norteamericanas niegan por boca de Hayden, el director de la CIA, estas siniestras funciones. Sin embargo, varias fuentes consultadas aseguran que miembros de Al Qaeda como Hambali, jefe de Jemaah Islamiyah -el grupo terrorista asiático asociado a Al Qaeda, presunto responsable de los atentados de Bali (Indonesia), en los que murieron 200 personas en 2002 en una discoteca-, permanecen encerrados en esta cárcel secreta.

Junto a ellos se encuentra, según estos testimonios, el pelirrojo Setmarian, el hombre que en los años ochenta creó las primeras células yihadistas en España, trabajó con el clérigo palestino Abu Qutada en Londres, sirvió al mulá Omar en Afganistán y llegó hasta la cúpula de Al Qaeda. Una carrera meteórica en la yihad que terminó con su detención y desaparición en la frontera afgana. Su libro sobre la yihad global, difundido a través de Internet, ha servido de guía para centenares de terroristas, según aseguran informes de los servicios de inteligencia. Algo que su mujer niega: "Sólo es un escritor. Tiene derecho a ser juzgado como cualquier otro ser humano". Antes de ser detenido, Mustafá preparaba una nueva obra sobre la yihad mundial que tenía previsto difundir en el año 2005 a través de sus páginas web.

El último encuentro de Mustafá con Bin Laden, al que conoció en 1988 en Afganistán, lo relató de esta forma tan explícita: "Me reuní por última vez con el jeque Osama, que Dios le proteja, en noviembre de 2001 durante las batallas en defensa del emirato [Afganistán]..., y me comprometí a la yihad y la guerra contra nuestros enemigos". Lo hizo en un comunicado de 14 folios fechado en noviembre de 2004 y dirigido a sus muyahidin a través de Risalat Al Muyahidin, un boletín electrónico editado por él mismo para comunicarse con sus yihadistas sirios.

Fue su último mensaje antes de desaparecer: "El seij ha decidido poner fin a su aislamiento, que duraba ya tres años, desde diciembre de 2001, en el que se dedicaba a la meditación y a la composición. Asimismo ha decidido reanudar su actividad ideológica y sobre el terreno", anunciaba el director de su oficina, Abd al Tawwab al Shami, en el prólogo del comunicado. Y allí, Setmarian, el hombre que en los años ochenta vendía chalecos de piel y objetos árabes en el Rastro de Madrid, desafió a Colin Powell y anunció que trabajaba en el diseño estratégico y militar de la futura yihad, una nueva guerra santa que emplearía armas nucleares de destrucción masiva, armas químicas, bacteriológicas y bombas sucias, según su confesión.

Setmarian reconocía en su manifiesto que había trabajado para Abdallah Azzam, el verdadero guía espiritual de Bin Laden, un palestino de 48 años que murió asesinado en 1989 en Pakistán después de haber prometido a los muyahidin suicidas el perdón de sus pecados y 72 bellas mujeres en el paraíso; admitió que "rindió pleitesía" al príncipe de los creyentes muyahidin mulá Omar, el clérigo talibán que protegió en Afganistán a Bin Laden y su séquito cuando casi nadie hablaba de ellos, y reconoció su misión en los campos de entrenamiento terrorista. "Trabajé en el Ministerio de Defensa talibán y creé el campamento de Al Guraba, que mencionó Ereli [el portavoz norteamericano que anunció su busca y captura], en el que entrené a muchos árabes y extranjeros. Y los infieles y apóstatas probaron el valor de algunos de los que entrené en el centro de Asia y en Arabia Saudí".

La identificación de Setmarian cuando fue detenido en Pakistán fue fácil. Sus rasgos y el color de su pelo son inconfundibles. El 31 de octubre de 2005, los agentes del ISI le detuvieron en la tienda Al Madina Utilities Store, sede de la organización de caridad islámica Madina Trust, en el barrio Goualmandi de Quetta, una zona predilecta de los yihadistas afganos y paquistaníes. Le acompañaba su guardaespaldas, y Setmarian sobrevivió al tiroteo que acabó con la vida del saudí Shaikh Ali Mohamed al Salim. Salió ileso porque su vida valía demasiado y sus captores tenían orden de cazarlo vivo. "Decenas de yihadistas han sido vendidos en Pakistán por recompensas de 10 a 5.000 dólares. Imagínese lo que se hace por cinco millones", exclama un agente paquistaní que reconoce su captura y entrega a los norteamericanos. Angélica Pathet, de Amnistía Internacional, ha denunciado esta compra y venta de sospechosos.

El Gobierno de Pakistán nunca ha reconocido la captura de Mustafá. Al día siguiente de la redada, las agencias de prensa paquistaníes revelaron su nombre, pero tres días más tarde Sheikh Rashid Ahmed, el entonces ministro de Información, negó conocer la identidad de los detenidos. Desde entonces, ni Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores, ni José María Robles Fraga, embajador de España en Islamabad, lograron una respuesta del Gobierno. Algo que provoca la queja de Elena, la esposa española de Mustafá, una mujer que desde entonces lucha desesperadamente por su localización: "Soy española, mi marido tiene la nacionalidad española y mis hijos también. Me parece mal que se hayan olvidado de él. Esperaba una reacción diferente. Por lo menos sentir que no te abandonan. Me siento abandonada".

Alfonso Barnuevo, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, contestaba el pasado miércoles con la frase que emplea desde hace dos años cuando se refiere a este caso: "No hay novedad. No hay respuesta. La orden de busca y captura sigue vigente". El Gobierno asegura que ha hecho todas las gestiones posibles para localizar a este ciudadano español, especialmente ante las autoridades de Pakistán, pero sin resultados. Elena escribió al rey Juan Carlos, pero nadie le ofrece luz sobre su marido.

La esposa de Setmarian se convirtió al islam cuando le conoció en la Escuela de Idiomas de Madrid, en los años ochenta. Sus padres, que viven en el madrileño barrio de Moralataz, no acudieron a su boda. La pareja se trasladó a vivir a Granada, donde el sirio-español abrió una tienda de objetos árabes. Desde que el matrimonio dejó Londres, donde Mustafá dirigía la revista del Grupo Islámico Armado (GIA), y se estableció en Afganistán, los padres de Elena no han tenido una dirección fija sobre su paradero.

Tras el secuestro, Elena buscó refugió en Kuwait, de donde fue expulsada, y posteriormente en Doha, donde reside. Allí hizo las primeras gestiones para localizar a su marido y se entrevistó con Rafael Matos, el embajador español. "La hemos atendido como a cualquier otro ciudadano nacional", señala el diplomático.

Pocas personas han facilitado testimonios sobre su relación con Setmarian en un campo de entrenamiento terrorista en Afganistán. Yanko, el sirio al que entrevistaron policías españoles en Guantánamo, el que le sitúa en el cuarto lugar de la cúpula de Al Qaeda, ofreció algunos datos inéditos sobre Setmarian. Según su relato, recogido en un informe confidencial de la policía, en el campo de Faruk integrantes del tercer curso le acusaron de "espía americano", y en enero y febrero de 2001 le pusieron en manos de un interrogador: era el pelirrojo Setmarian.

La misión de Setmarian era conseguir que Yanko identificara a otros posibles "espías americanos". El interrogatorio tuvo lugar en un lugar denominado Karga, situado en la zona industrial de Kabul, en el margen derecho de la carretera de esta ciudad hacia Kandahar. Yanko manifestó que su interrogador tenía el pelo rojo, era de Alepo (Siria) por su acento y estuvo a unos metros de él. Que entonces ya sabía mucho de él porque "era una figura muy respetada en Afganistán". Que los que vivían en la casa de árabes de Kabul propiedad de Bin Laden acudían a Setmarian "y le pagaban dinero para que les entrenara con explosivos". Que "en cierto modo actuaba como un mercenario" porque entrenaba a los musulmanes que llegaban procedentes de Europa. Antes del 11-S, en un vídeo colgado en portales yihadistas, el hombre que en los años ochenta vendía ropa en los mercadillos de Madrid y frecuentaba la mezquita de Abu Baker ya enseñaba a sus alumnos en Afganistán a estrellar avionetas contra objetivos norteamericanos. "Reitero el derecho de todo musulmán a defenderse de un ataque. Llamo a todos los musulmanes a participar en este derecho, que es un precepto religioso obligatorio, como la oración y el ayuno... El jeque Osama es hoy el símbolo de nuestra yihad y toda la Umma [comunidad]", escribió en su último manifiesto. -

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Milicianos talibanes en Jalalabad el 13 de octubre de 2001, un mes después de los atentados del 11-S en Estados Unidos. / AP

Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda, en una imagen sin fecha. / AFP

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