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jueves, 6 de marzo de 2008
Necrológica:

Joseph M. Juran, el gran 'gurú' de la calidad en la gestión empresarial

Aportó teorías de gran impacto sobre eficiencia y productividad

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Joseph Juran, experto en control de calidad y gestión empresarial, falleció el miércoles en su casa de Rye, Nueva York, a los 103 años de un ataque al corazón. Fundador del Instituto Juran, su aportación fue clave para el desarrollo de la llamada Administración de la Calidad Total Japonesa y su nombre figura en el panteón más importante de los expertos que transformaron el concepto de calidad en una de las fuerzas claves de los negocios.

Este peso pesado del desarrollo empresarial del siglo XX tomó prominencia en los años treinta al acuñar el llamado Principio de Pareto, también conocido como la Ley 80/20, que sostiene que el 80% de los efectos están provocados por el 20% de las causas. Como teoría se puede aplicar prácticamente a todo, aunque en su caso fue muy útil para la gestión de empresas: el 20% de los consumidores compran el 80% de los productos, el 20% de los trabajadores cometen el 80% de los errores... Y, según el Instituto Juran, que él mismo fundó en 1979 para impulsar las investigaciones en la mejora de la calidad, aún hoy millones de empresarios "continúan apoyándose en ese principio para separar lo 'poco y vital' de lo 'abundante y trivial' en sus actividades".

Joseph Moses Juran nació el 24 de diciembre de 1904 en Braila, Rumania. A los cinco años, su padre, zapatero, decidió emigrar a Estados Unidos y, a los pocos años, él y su madre se instalaron junto a su progenitor en Minnesota. Trabajó desde los ocho años, vendiendo zapatos, conduciendo un carro de caballos e incluso haciéndole la contabilidad a un heladero.

Eso no le impidió encontrar tiempo para estudiar y en los años veinte se graduaba por la Universidad de Minnesota en ingeniería eléctrica, y poco después en leyes por la Universidad de Loyola. Al entrar a trabajar en la planta manufacturera Western Electrics Hawthorne como supervisor, Juran se dio cuenta de que la producción a gran escala minaba los resultados de calidad. "El artesano realizaba todas las fases del proceso de producción, y si se equivocaba en una podía corregirla en la siguiente", explicó durante una entrevista. En cambio, esa habilidad se perdía al compartimentalizar la producción y era difícil mantenerla o mejorarla limitándose a utilizar a un supervisor una vez que el producto ya estaba terminado. Juran entendió que era un gasto absurdo y que la calidad debía ser un objetivo anterior a la finalización del producto. Fue entonces cuando escribió el borrador de lo que se convertiría en el libro Manual estadístico del control de calidad de AT&T, que era la empresa propietaria de Western Electrics.

Tras la II Guerra Mundial, recibió una invitación del Sindicato Japonés de Científicos e Ingenieros para que enseñara a los empresarios de ese país sus teorías sobre el control de calidad, hoy conocidas también como Sigma Seis.

Juran definió el concepto de calidad como algo "listo para su uso" y elaboró entre otras la llamada "trilogía de calidad", como base para iniciar cualquier proceso: "mejoras de calidad", "calidad de planificación" y "control de calidad". En Japón sus teorías se aplicaron con tal éxito que en pocos años Toyota se convirtió en un gigante automovilístico que comenzó a amenazar a ese sector de la industria americana, entonces el más poderoso.

A lo largo de su vida escribió 13 libros, aunque el que aún hoy sigue siendo un best seller del sector es el Manual del Control de Calidad, la primera obra de referencia sobre el tema y del que está en imprenta su sexta edición en EE UU.

Su nombre, además, estuvo asociado al de Edwards Deming, considerado el primer estadista que quiso aplicar las teorías del control de calidad en Japón. "Deming era un filósofo que aspiraba a darle a Japón una nueva visión del mundo. Juran era un hombre práctico que deseaba enseñarle a la gente a gestionar mejor sus empresas", escribió sobre ambos Phil Landesberg en el Journal for Quality and Participation.

Juran consideraba que el siglo de la calidad sería el XXI, como el siglo XX lo fue de la productividad, según el modelo de Frederick Taylor, que separaba la planificación de la ejecución. Sin embargo, en una sociedad donde los trabajadores están más capacitados tecnológicamente, Juran sostenía que la mejora de calidad dependerá de permitir a los trabajadores un margen de planificación "porque están perfectamente preparados para ello".

Las enseñanzas de Juran incluían además mercadotecnia, diseño y desarrollo del producto, producción, inspección y ventas. Su instituto, en el que siguió trabajando casi hasta su muerte, sigue hoy siendo uno de los centros claves para las enseñanzas de gestión.

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