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viernes, 22 de septiembre de 2006

Primer revés para el Gobierno Prodi

Telecom Italia no sólo está en el centro de una gigantesca red de espionaje. También es la clave de la primera crisis grave del Gobierno de Romano Prodi, acusado por la oposición, y por parte de sus propios aliados, de maniobrar en secreto para reordenar, a través de Telecom, el sector de las telecomunicaciones. Los problemas de Prodi no tienen, por el momento, relación alguna con el espionaje. Derivan más bien de su errática actitud respecto a la reconversión de la empresa, de sus propias contradicciones y de la sospecha fundada de que intentó presionar a la anterior presidencia de Telecom para renacionalizar, en todo o en parte, las infraestructuras de telefonía fija.

Toda la clase política quedó sorprendida cuando Prodi se enfrentó públicamente a Marco Tronchetti Provera y le acusó de mentir, por no haberle informado con antelación del proyecto de vender Tim, la división de telefonía móvil. Prodi proclamó, además, que Tim no debía acabar en manos extranjeras, con frases que recordaron a las usadas por el ex gobernador del Banco de Italia, Antonio Fazio, cuando en 2005 bloqueó las OPA lanzadas por el BBVA y ABN Amro sobre bancos italianos. La extrañeza general se agudizó al revelar Telecom, tras la dimisión de Tronchetti, que había recibido de la presidencia del Gobierno un borrador de plan industrial que implicaba el retorno al sector público de la red de telefonía fija.

Acción personalista

El más directo asesor de Prodi, Angelo Rovati, asumió toda la responsabilidad de la redacción y el envío del plan y presentó la dimisión. El cortafuegos, sin embargo, no funcionó del todo. No parecía muy probable que Rovati, amigo y colaborador leal de Prodi durante años, tomara por su cuenta una iniciativa de ese calibre. Los principales aliados de Prodi -Piero Fassino (Demócratas de Izquierda) y Francesco Rutelli (La Margarita)-, creyeron ver confirmadas sus sospechas de que el presidente del Gobierno había adoptado una línea de acción personalista, ajena al Parlamento y a su propio Gabinete. Ya había recibido críticas en ese sentido cuando presidía la Comisión Europea. Entonces, la oposición se creció y exigió que Prodi compareciera de inmediato ante el Parlamento.

Romano Prodi se negó en redondo. "¿Pero nos hemos vuelto todos locos?", dijo. No contaba con que en el Senado, donde el centroizquierda dispone de una mayoría exigua, fuera aprobada una moción que exigía la comparecencia del presidente del Gobierno. Y que la Cámara de Diputados, donde la mayoría gubernamental es más cómoda, planteara las mismas exigencias. Prodi tuvo que ceder. El día 28 dará explicaciones ante la Cámara, y después ante el Senado. Es la primera gran derrota parlamentaria del Professore, a la espera de un presupuesto que se presenta dificilísimo.

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