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domingo, 13 de agosto de 2006
Reportaje:

El último viaje de Kiko

Ira von Fürstenberg se enteró de la detención de su hijo durante una fiesta en Montecarlo. La tragedia del príncipe Cristoff culmina la década 'horribilis' de la familia Agnelli, la gran dinastía industrial italiana.

Se necesita muy poco para apagar una sonrisa. La de Ira von Fürstenberg se quebró, de repente, la noche del 29 de julio en el Hotel de Paris de Montecarlo, en una fiesta celebrada en honor de las creaciones de la princesa, una línea de joyas diseñada por ella misma; y en medio de la alegría y de las felicitaciones de los amigos de la jet set, reunida una vez más en el principado mediterráneo. Una llamada desde Bangkok abrió una grieta de ansiedad esa noche: Kiko, de 49 años, hijo de Ira y Alfonso von Hohenlohe, estaba detenido en una celda tailandesa, por falsificar con un bolígrafo la fecha de caducidad de su visado de turista. Un gesto minúsculo y silencioso que acabará con la vida de su autor.

Ira abandona repentinamente la fiesta, acompañada por su segundo hijo Hubertus. Ambos vuelan casi inmediatamente a Bangkok para sacar a Kiko de ese absurdo lío. A Ira le dará incluso tiempo a verle, seis días después, el viernes 4 de agosto, en la cárcel dónde estaba detenido. Poco después, Kiko sufriría una aguda crisis -estuvo cuatro horas pidiendo ayuda médica, según la embajada suiza en Tailandia- que le llevaría a la muerte, en la noche del lunes al martes pasado, en la cama de un hospital cercano a la cárcel. Aunque las primeras informaciones apuntan a una septicemia, provocada por una diabetes, como causa del fallecimiento, la verdad es que lo que pasó en aquellas horas no está nada claro. Tal vez lo aclare una nueva autopsia. Mientras, Hubertus tiene prevista su llegada hoy a Marbella, Málaga, para preparar el funeral de su hermano.

Pese a que su apellido no lo ponga de manifiesto, el de Kiko es el nuevo eslabón de la impresionante cadena de tragedias que ciñe la historia de los Agnelli, la gran dinastía industrial italiana, los dueños de la Fiat y del Juventus: la verdadera familia real de la República italiana -según una definición asentada desde hace décadas. Christoff von Hohenlohe, Kiko, era nieto de Clara Agnelli, hermana de Giovanni, el legendario Avvocato.

"La historia de la dinastía Agnelli parece la de personas que se mueven en ámbitos fuera de lo normal. No se vive ni se muere normalmente en esa familia", comenta en una conversación telefónica Pierangelo Sapegno, el redactor de La Stampa -controlado por los Agnelli- que desde hace años sigue las vicisitudes de la familia. "Todo en su historia parece marcado por una fuerza incontrolable", observa Sapegno. Fuerza que ha permitido a los Agnelli modernizar Italia más que ninguna otra familia del país transalpino.

La muerte de Kiko -que no pertenecía al núcleo duro de la familia, por lo menos no tenía cargos directivos en el universo de sus empresas- culmina la década horribilis de los Agnelli. En 1997 fallecía por un cáncer fulminante Giovanni Alberto, Giovannino, el hombre designado como sucesor del Avvocato. Tenía 33 años y era sobrino del patriarca.

Tres años después, se suicidaba Edoardo, el primogénito del Avvocato. Su cuerpo fue encontrado en el fondo de un valle bajo un puente de la autopista Turín-Savona. Arriba, quedaba aparcado su Fiat Croma, un coche lejos del lujo que habría podido permitirse. El propio Giovanni Agnelli se trasladó en helicóptero hasta el lugar para reconocer el cuerpo de su hijo. La relación entre los dos siempre había estado llena de incomprensiones, quizá porque en el Avvocato siempre dominó el alma de gran líder sobre la de padre.

'Crescendo' dramático

El crescendo dramático alcanzó su clímax el 24 de enero de 2003, día en el que murió, de cáncer, el Avvocato, coincidiendo con uno de los momentos más duros de la grave crisis que ha afligido a Fiat durante los últimos años. Italia entera rindió homenaje a uno de los pocos hombres respetados por todos los bandos de la fragmentada escena política y social del país. Pero no era todo. Su sucesor, su hermano Umberto, falleció, también de cáncer, en 2004. Su nieto Lapo -responsable del marketing de Fiat- fue ingresado en estado de coma por una mezcla casi letal de estupefacientes y medicamentos, del que consiguió salir. Era el 2005.

Kiko vivió lejos de la esfera de poder en la que se toman las decisiones en la casa Agnelli. Esa distancia estaba representada por su distancia geográfica de Torino. El príncipe vivía básicamente entre Honolulú, en las islas Hawai, y Suiza. Marbella le vió crecer. Su presencia en Bangkok no era nada más que la enésima etapa de un periplo que le había llevado en pocas semanas de Manila, donde el 2 de julio asiste a la fiesta de cumpleaños de Imelda Marcos -mujer del ex presidente de Filipinas Ferdinand Marcos-, a Dubai, donde se encontró con algunos amigos, y Brunei. La relación entre la ex primera dama filipina y Christoff era muy íntima, reveló ayer el diario italiano Corriere della sera. "Ella le quería como a un hijo", recuerda su hermano Hubertus. Cuando la avisaron de su muerte, Imelda se desmayó "¿Qué le han hecho a mi Kiko?". A Kiko le detuvieron por su fatal ligereza en el aeropuerto de Bangkok casi un mes después de esa fiesta en Manila. Los agentes de aduana detectan la falsificación. La policía lo lleva a la comisaría central. Según indica el diario La Repubblica, Kiko es nervioso, levanta el tono de voz ante las autoridades. Eso le perjudica: los agentes redactan un informe duro sobre él; el juez confirma su arresto y le envía a la cárcel de Klon Prem Remand, en la capital, denegándole la posibilidad de salir bajo fianza.

Recluido en una celda con otros 40 detenidos empieza su última semana. El viernes su madre puede verle, gracias a la intermediación de los diplomáticos suizos e italianos que se interesan por el caso. "Estaba desesperado", relatará. Pero sin ningún síntoma de estar incubando enfermedades o sufriendo violencia. Sin embargo, poco después pasa algo. Kiko se encuentra mal. No queda claro cuándo ni cómo. Sólo que sobre las 13.00 del sábado le visita el doctor Lerwitworapong y ya está en condiciones desesperadas. El nivel de azúcar es altísimo. Tiene una infección en los pulmones. Le trasladan a un hospital. Sus órganos colapsarán dos días después.

¿Qué pasó en esas horas? ¿Es posible que Kiko tuviese diabetes sin saberlo? La familia no tenía constancia de sus problemas de salud. Eso sí, había engordado en los últimos años. Y por eso había ido a Bangkok: para cuidarse en una clínica especializada en tratamientos adelgazantes.

"Después de irse a vivir a Honolulú", cuenta Sebastian von Fürstenberg, tío de Christoff, al Corriere della Sera, "se dejó crecer el pelo, lo tiñó de amarillo-naranja, y le entró la manía del body-building. Creo que empezó a tomar anabolizantes, sustancias que engordan los músculos y hacen daño al corazón. Pero excluyo que tomara drogas". "Si pienso en él, los primeros rasgos que se me ocurren son fragilidad y ruidosa soledad. Alegre. Y solo, incluso en las compañías más exuberantes", prosigue Sebastian. En palabras de la princesa Beatriz de Orleans, que lo conoció en Marbella, "Kiko fue un artista muy culto y discreto que escribía de maravilla. Además era una bala de pimpón, porque no paraba de viajar", informa Javier Martín-Arroyo.

A Kiko le gustaba la dolce vita. Pero sabía vivirla con cierta discreción, sin estar en el centro de la atención pública, a diferencia de su madre, que en este sentido no estaba en sintonía con un rasgo dominante en la familia Agnelli: el horror a la ostentación. Los Agnelli viven bien y mandan, pero huyen de las ostentaciones gratuitas. Como demuestra Marella, la mujer del Avvocato, que acostumbra a no llevar joyas. O John Elkann, el nieto destinado a tomar las riendas del imperio, que se distingue por su absoluta discreción.

Kiko también vivió bien, entre Marbella, que su padre contribuyó de forma decisiva a transformar en una meca turística internacional, y Bangkok. Ahora la madre y el hermano están tramitando la vuelta del cuerpo de Kiko a Marbella, para su entierro en el panteón de familia.

Retrato de familia en Marbella. De izquierda a derecha, Desirée, Hubertus, Alfonso von Hohenlohe, Ira von Fürstenberg y su hijo Kiko. / CORBIS

Giovanni Agnelli, el Avvocato, junto a su hijo Edoardo, a la izquierda, que se suicidó hace seis años. / EPA

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