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sábado, 29 de octubre de 2005
Reportaje:

Muere Alberto Ormaetxea

El entrenador que dio sus dos únicos títulos de Liga a la Real Sociedad falleció ayer en San Sebastián tras una larga enfermedad

Alberto Ormaetxea, el hombre que llevó a la Real Sociedad a la conquista de dos Ligas, murió ayer tras una larga enfermedad en San Sebastián, la ciudad que no olvida al equipo campeón de las temporadas 80-81 y 81-82. Aquella Real inteligente defensivamente, versátil en el medio campo y letal en los contragolpes, fue dirigida sin ruido y con buena mano por Alberto Ormaetxea, entrenador de talante discreto que coronó la obra de sus tres predecesores: Rafael Iriondo, Andoni Elizondo y José Antonio Irulegui. Atrás habían quedado los amargos años en Segunda División, en los que Ormaetxea participó como lateral izquierdo en una defensa que luego se hizo respetar en Primera División. Cuando la Real regresó a la máxima categoría en 1967, muchos dudaron del futuro de aquel equipo. Pero alrededor del portero Esnaola y de los defensas Gorriti, Martínez y Ormaetxea, se pusieron los cimientos de un equipo extremadamente competitivo, vinculado como pocos a su afición, con una firmeza defensiva que sería decisiva mucho años después, cuando el minucioso y excepcional trabajo con la cantera desembocó en la aparición de jugadores como Arconada, Kortabarria, Diego, Perico Alonso, Zamora, Satrustegui y López Ufarte. Eran futbolistas de carácter, complementarios, capaces de adaptarse a todo tipo de partidos, a los fuertes y a los finos. A todos ellos les dirigió Ormaetxea sin ninguna de las vanidades que tanto caracterizan a los técnicos de hoy.

Discreto, serio y eficaz, mantuvo los rasgos del equipo y sacó lo mejor de sus jugadores

Natural de Éibar, comenzó su carrera en el equipo de su pueblo natal. En 1962 ingresó en la Real Sociedad, por entonces en Segunda División. Era un lateral izquierdo más alto y fuerte de lo que se acostumbraba en aquellos días. Junto a Gorriti y Martínez formó una defensa expeditiva, poco proclive a los alardes técnicos. Para esas cuestiones estaban Mendiluce y el extremo izquierdo Boronat. En contra de los pronósticos, el equipo se estableció con garantías en Primera División, apoyado en el inexpugnable Atocha, el mítico campo donde la Real comenzó a dar las señales del éxito. Presidido por José Antonio Orbegozo, el club se decidió por una política estricta de cantera. El resultado fue impresionante. Cuando Ormaetxea se retiró en 1974, la Real ya no era el equipo que había sufrido una larga travesía por la Segunda División, ni el club que sólo pretendía mantenerse en Primera. Los objetivos eran otros: aprovechar al máximo una generación de magníficos jugadores.

Ormaetxea, que entrenó brevemente al Éibar, regresó a la Real para dirigirla en 1978. Lo que sucedió en sus siete años como entrenador es algo imborrable. Ganó dos títulos de Liga (temporadas 1980-81 y 81-82), una Supercopa y fue subcampeón de Liga en la 79-80, en el que posiblemente fue el mejor año del equipo. Sólo perdió un partido en toda la temporada, pero la derrota en Sevilla en la penúltima jornada -el gol de Bertoni jamás se olvidará en San Sebastián- le privó del título, obtenido por el Real Madrid. No fue el éxito casual de un club destinado a decaer. Ormaetxea, hombre de pocas palabras, serio y eficaz, mantuvo los rasgos de la Real y sacó lo mejor de sus jugadores. Lo hizo apoyado en su viejo compañero de ala, Marco Antonio Boronat. El tándem funcionó a la perfección en todos los aspectos. Nada les distrajo de lo principal. La Real estaba en condiciones de hacer historia. Los dos títulos de Liga fueron la culminación de una obra que, vista con perspectiva, resulta excepcional. Desde 1967, año de su ascenso a Primera, la Real es uno de los cuatro equipos que no han descendido a Segunda. Los otros son el Real Madrid, el Barça y el Athletic.

Sustituido por John Toshack en 1985, Ormaetxea dirigió al Hércules, donde se encontró fuera del hábitat que conocía perfectamente. Fue su último trabajo como entrenador. Regresó a San Sebastián y se desvinculó profesionalmente del fútbol, pero no perdió su relación con el equipo. Hasta hace poco tiempo ejercía como entrenador del equipo de veteranos. Y sus comentarios en el Diario Vasco se han publicado hasta el pasado jueves. Comentarios sensatos, sin estridencias, como correspondía a su carácter.

Alberto Ormaetxea. / EFE

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