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domingo, 3 de julio de 2005
Reportaje:

A tortas en el aceite

Borges desafía al sector y a Agricultura con una mezcla de girasol y oliva

El grupo Borges ha decidido la venta de un aceite mezcla de oliva y girasol en contra de la legislación española, pero respetando las normas de la UE. La decisión, parada por la Generalitat catalana, ha despertado la oposición de Agricultura y el desconcierto en las industrias. La caída de las ventas de aceite de oliva por la subida de los precios en origen se halla en el fondo de la batalla en un sector donde Koipe bajó los precios al consumo.

La subida de los precios del aceite en origen ha provocado una fuerte caída de las ventas, que además están dominadas por las marcas blancas

Para la empresa catalana, la elaboración de este aceite es la respuesta a las demandas de muchos consumidores que quieren un producto de calidad y a buen precio. Además puede ser una vía para frenar la caída de las ventas del aceite de oliva por su elevado precio. El resto del sector productor ha recibido esta decisión con sorpresa y malestar porque romper el pacto que existía para no entrar en este tipo de mezclas. En Agricultura, la decisión de Borges se interpreta como un órdago que van a intentar parar por todos los medios legales en defensa del aceite de oliva y de su imagen en el mundo.

"Al tratar de vender en el mercado nacional un aceite de oliva mezclado con girasol iniciamos una larga batalla, pero nuestra postura la avalan varios estudios jurídicos. No se trata de perjudicar la imagen del aceite de oliva, sino de ofrecer al consumidor un aceite de calidad, a buen precio, y de potenciar nuestras ventas", dice José Pont, uno de los propietarios del grupo, que además preside a los exportadores de aceite de oliva.

Las mezclas en el aceite de oliva en España están prohibidas por un Real Decreto de 1983, aunque la normativa comunitaria sobre etiquetado las permite.

En una especie de pacto, los países productores más importantes de aceite de oliva se opusieron a la venta de ese producto en sus mercados, aunque es posible comercializarlo en terceros países

.

Hace años, una multinacional que comercializaba una mezcla de oliva y girasol en países del norte de la UE, hizo un amago de introducirla en España. Desistió ante la amenaza de los olivareros de plantar cara a todos sus productos.

Un intento frustrado

La industria del aceite de oliva atraviesa serias dificultades por un recorte de los márgenes propiciado por la presión que ejerce la gran distribución. Ésta utiliza el aceite de oliva como producto reclamo y para ello le fija precios de venta muy baratos. Para poder hacerlo obligan a productores y proveedores a reducir sus márgenes.

Una situación que se ha agravado en los últimos tiempos ante el mayor empuje de la denominada marca blanca o marca de la distribución. Según datos manejados por la consultora Nielsen, la marca blanca supone ya el 72% de las ventas en el aceite de oliva de un grado (no en el virgen), hoy calificado como intenso, y el 52% de las del aceite de 0,4º, hoy calificado como sabor suave. Este avance espectacular de la marca blanca se ha traducido en un estrechamiento adicional en los márgenes de las aceiteras, que se ven contra las cuerdas, y en la desaparición casi total de las segundas marcas. La pérdida de posiciones ha afectado también a marcas líderes.

Los problemas se han agravado también, últimamente, por la subida de los precios en origen (han pasado en esta campaña de 1,90 a 2,70 euros por kilo). Encarecimiento que se ha trasladado a los precios de venta al consumidor, que han rebasado la barrera de los tres euros y que al final ha provocado una caída de la demanda.

Frente a la subida de las cotizaciones en origen y la caída en las ventas, el grupo líder, Koipe Carbonell, ha puesto en marcha en junio una política de rebajas en los precios, en torno a un 10%, para intentar frenar la renuncia de los consumidores al aceite de oliva.

La respuesta del grupo presidido por Pont, ha sido aún más agresiva con su intento de colocar en el mercado un aceite de mezcla (84% de girasol, 14% de oliva virgen y 2% de antiespumante). Los responsables de Pont consideran que con esta medida ponen en el mercado un producto de calidad a precio asequible, en torno a 1,80 euros. El grupo estima que con esta política no se va a reducir la venta de aceite de oliva. En su opinión el problema que existe hoy en el sector es el precio alto que tiene el aceite de oliva en origen por el control sobre el mercado de varios grupos cooperativos y la imposibilidad de importar con aranceles bajos desde un tercer país.

Frente a esta estrategia de Borges Pont, el grupo líder Koipe Carbonell se mantiene como espectador, mientras desde la producción, el responsable de las cooperativas, Antonio Luque, denuncia la estrategia de la empresa catalana por considerar que va contra todo el sector productivo. Luque rechaza la acusación de cartel a las cooperativas y se limita a señalar que los precios no bajan porque las previsiones para la próxima campaña con la sequía son malas y el agricultor guarda el aceite.

Desde una perspectiva alimentaria, el doctor Pedro Mata, de la Fundación Jiménez Díaz y experto en el estudio de los efectos benéficos del aceite de oliva en enfermedades cardiovasculares y en el nivel colesterol, señala que la mezcla de Borges promueve en realidad un mayor consumo del aceite de girasol y que éste no es el más apto para su uso en las frituras al sufrir una fuerte degradación con las altas temperaturas.

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