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jueves, 10 de febrero de 2005
Editorial:

Lenguaje terrorista

La bomba que ETA hizo estallar ayer en el Recinto Ferial de Madrid, tras un aviso telefónico, no estaba seguramente destinada a matar, aunque pudo haber matado. Así ha ocurrido otras veces, y puede ocurrir siempre que se coloca un coche bomba en la vía pública. Ayer hubo 42 heridos leves, incluidos seis agentes que estaban desplegando el cordón de seguridad. Esa relativa incertidumbre sobre el resultado de los atentados con aviso previo forma parte del mensaje que con ellos suele querer transmitir ETA: esta vez no ha habido víctimas, pero podría haberlas mañana.

El atentado se produce en un contexto de especulaciones sobre supuestos contactos con la banda, bien de la policía francesa, bien del Gobierno español, en términos de "paz por presos". El ministro del Interior lo desmintió ayer. Pero se sabe desde hace décadas que cada vez que se especula, con o sin fundamento, sobre diálogo con ETA, hay atentados. Si se especula, suele ser porque se piensa que la banda está muy débil; pero la posibilidad misma de una negociación tiene efectos euforizantes en los jefes terroristas. Y de momento, ponen una bomba. Para decir que están más fuertes de lo que se piensa, o para transmitir cualquier otro mensaje.

Es cierto que ETA está débil, y que la eficacia policial -14 detenidos ayer, más de 700 presos en las cárceles- es alta. El apoyo a la violencia se ha reducido al mínimo, incluso entre los votantes de Batasuna (7%, según el último Euskobarómetro). En un debate que hubo hace dos años en el periódico Gara surgieron voces que comparaban el aumento de las detenciones con la reducción del número de atentados para concluir que no traía cuenta. Pero existe el peligro de que la mera expectativa de negociación, abandonada antes como irreal, devuelva a ETA un objetivo por el que matar. Ese efecto perverso aconseja extremar la prudencia. Más vale atenerse a los hechos; y los hechos son las bombas de Getxo y de Madrid.

De manera algo críptica, el presidente Zapatero advirtió ayer a los terroristas y "quienes les apoyan" de que "no caben en la sociedad política". Es posible que sea una respuesta a la pretensión de Otegi de abrir cauces para la participación electoral de Batasuna. Sin embargo, no es algo que esté en manos del Gobierno. Sólo el abandono de la violencia por parte de ETA o la condena explícita por parte de Batasuna podría poner en marcha un proceso judicial que llevase a autorizar en algún momento listas de esa formación.Ayer se vio que no se da ninguna de esas condiciones.

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