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miércoles, 15 de diciembre de 2004
Necrológica:

Antonio Paredes Candia, escritor del alma de Bolivia

El escritor boliviano Antonio Paredes Candia, falleció el domingo a los 81 años y sus restos descansarán en la ciudad de El Alto, a la que legó todo su patrimonio cultural. El escritor, nacido el 10 de julio de 1923 en La Paz, reflejó el espíritu y el alma de los bolivianos en 116 libros, cuyo material fue recogido en largos recorridos por el área rural y las ciudades durante muchos años.

En una de sus últimas entrevistas, hace cuatro semanas, cuando no se conocía aún que padecía de un avanzado cáncer en el hígado, Paredes Candia explicó que había legado su patrimonio cultural, valorado en casi medio millón de dólares, a la ciudad dormitorio de El Alto, la más pobre del país y donde se han reunido emigrantes rurales, principalmente aymaras y quechuas provenientes del altiplano, en el occidente boliviano. "Escogí El Alto porque era una ciudad abandonada por las autoridades centrales. Yo vi que era un pueblo anheloso de culturizarse Y, si a un pueblo se le exige actitudes y conductas culturales hay que darle medios para ello", declaró a la revista Escape de La Razón. Creía además que esta ciudad, a 14 kilómetros del centro de La Paz, iba a convertirse en la más poderosa del país porque "sabe trabajar, se sacrifica, es un pueblo cuyas mujeres salen a las cuatro de la mañana, con el hijo a la espalda, a sus ventas y a sus negocios".

Admiró profundamente a los aymaras y, aunque no se casó, adoptó un niño aymara, "porque es una raza a la que admiro, conozco y comprendo". Paredes Candia repartió las tierras que heredó de sus padres entre los agricultores, antes de que llegara la Reforma Agraria de 1952. Dedicó la mayor parte de su juventud a viajar por el vasto territorio boliviano para recoger en fichas las tradiciones, los dichos y supersticiones además de la gastronomía de cada pueblito, villorio y caseríos donde se encontraban los campesinos y reflejó este trabajo en más de un centenar de obras. Siempre al acabar su investigación, ofrecía en la plaza del pueblo una sesión gratuita de títeres. "Fui titiritero y mi teatro de títeres se llamaba El Kusillo". Presentaba obras clásicas adaptadas además de suyas propias.

"Conozco Bolivia palmo a palmo porque he caminado la patria toda mi vida. La amo profundamente y se ama sólo lo que bien se conoce", señalaba. Con mucho orgullo aseguraba que había comido todas las viandas regionales en el lugar donde se originaron, y eso le permitió escribir uno de los más completos libros de cocina de Bolivia.

Paredes Candia tenía la risa fácil y un buen humor a toda prueba, aunque aseguraba que cuando él se enojaba podía temblar la tierra, pero era un crítico implacable de los políticos a quienes censuraba su falta de afición a la lectura. Tras el bachillerato se retiró de la universidad poco después de haber ingresado desencantado, según confesó, por una cátedra en la que el maestro no tenía una sintaxis lógica. Había heredado la rebeldía de su madre, una "vargasviliana" -en alusión al escritor colombiano Vargas Vila famoso por su estilo libertario, virulento y mordaz que escandalizó en la primera mitad del siglo XX- que "en lugar de bordar y coser como las demás señoras leía a Vargas Vila y a mí me compraba los cuentos de Calleja que venían de España y me enseñó a cantar la Marsella y las coplas contra los Capeto".

Hijo y nieto de escritores y jurisconsultos de La Paz, Paredes Candia sentía pesar por no haber escrito más, pues creía que su prolífica obra era en realidad un rasguño ante la riqueza que posee este país andino en expresiones culturales, costumbres, creencias y supersticiones.

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