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Reportaje:AL SOL

Plenitud playera en Fuerteventura

Lenguas de arena en la península de Jandía y las dunas de Corralejo

Bañistas, familias, surferos, paseantes, aficionados al naturismo... Marcados por la brisa y el sol, los 125 arenales de la isla reúnen a los buscadores de vivificantes experiencias playeras.

Saber que el nombre de la playa rectilínea más deslumbrante de Europa, los 28 kilómetros a sotavento de la península de Jandía, les suene a muchos españoles a puerto valenciano no deja sino perplejos a cuantos turistas extranjeros acuden a la isla majorera. Es el arenal por excelencia de Fuerteventura, la isla canaria con la mayor longitud de costa. El parque natural de Jandía conserva la mitad de la arena dorada de la isla. Y hace que ese bañista que todos llevamos dentro despierte compulsivamente al sonido de las olas, a la vista de su plataforma costera inmersa en una lujuria cromática inigualable. La plenitud playera.

Compañeros de Jandía son el viento, la arena y las cordiales ardillas morunas, que no se recatan a la hora de acercarse. Los alisios son otro elemento primordial: hacen girar el parque eólico, y, después, entubado en el istmo de La Pared y recalentado por las dunas, impulsa las velas de los windsurfistas, barriendo una costa semivirgen y de escaso oleaje. La playa de la Barca es el lugar donde a finales de julio se celebran pruebas valederas para el campeonato mundial de windsurf y kiteboard, así como competiciones de cometas.

Sin viento, bien es verdad, sería achicharrante el calor africano que hornea los barrancos de la zona meridional. Y qué decir de la arena llamada jable. De origen marino, es de una textura tan refinada que los coches quedan enterrados a la mínima aproximación. A tanto llega el fervor arenífero que no son raros los turistas cuyo equipaje deja un reguero delator en el vestíbulo del aeropuerto.

Lo costero más carnal tiene su plasmación en este paraíso donde son moneda corriente los bañistas desnudos y caminantes, con esa interpretación del naturismo (vocación normalizadora podría decirse) habitual en el público alemán, auténticos disfrutadores de Jandía. Entre los barrancos, de absoluto repertorio es el de Los C anarios. Luego, en dirección a Puerto del Rosario, merece la pena el mirador de Pecenescal, un balcón playero apabullante. A sus pies, la flecha arenosa que se interna en el mar con perspectivas soberbias de aguas turquesas salpicando la línea de costa.

Alrededor de 25 kilómetros de las 152 playas de Fuerteventura están alfombrados con arena negra de origen volcánico. Después del disfrute de Jandía nunca está de más contrastar dicha experiencia con el trío playero del término municipal de Tuineje, compuesto por Gran Tarajal; Tarajalejo, con paseo de palmeras, y Giniginámar, aldea excluida del mundo por las puntas del Morrete y Barlovento, donde los ambientes turístico y pesquero -quedan seis marineros- conviven en armonía. Es el litoral más cercano al continente africano, tristemente famoso por el arribo de pateras.

La fachada del Atlántico

Muchos beneficiarios de Fuerteventura descartan la costa de barlovento. Y se pierden paseos por un cuadro fragoroso, feliz complemento a las transparencias encalmadas de sotavento. La fachada que encara al Atlántico se desaconseja para el baño, al congregar en sí todas las resacas. Altos cantiles y paseos de arena se abren en bajamar al paso de viandantes, que comparten espacio con los surfistas, por ejemplo, en la playa del Viejo Rey (La Pared).

Si hay un playón para perderse y sentir con fuerza la naturaleza salvaje del gigantesco apilamiento de coladas basálticas, ése es Cofete. Rebasado el puerto de Morro Jable, por una pista de tierra de 23 kilómetros, se alcanza en todoterreno la aldea de Cofete, a los pies de la inmensidad montañosa señalada por el islote accesible a pie. A la vista, la casa de los Winter, al decir de muchos una base de recambio de tripulaciones de submarinos nazis. La mansión logró rango literario del tinerfeño Alberto Vázquez-Figueroa.

El noroeste de la isla siempre ha estado preservado por el viento que lo barre sin tregua. Pero la presión inmobiliaria no podía dejar de amenazar El Cotillo, y hoy su defensa es bandera ecologista en el archipiélago. Gracias a la barra de escollos se forman en El Cotillo unas lagunitas pintadas con una magnífica gama de colores donde los niños chapotean a placer en aguas siempre limpias. De los crepúsculos se hacen lenguas propios y extraños. En materia dunar, Corralejo se mueve en registros superlativos, y ello gracias al extenso mar de dunas. Un estado mental, mitad nudista, mitad cometero. Ahí sí baten las olas y los windsurfistas amasan con ellas acrobacias, o navegan hasta la Caleta del parque natural del islote de Lobos, una especie de tostadero ideal para bronceados tropicales.

GUÍA PRÁCTICA

Dormir y comer

- Esmeralda Maris (928 87 61 00; www.esmeralda-maris.com). Costa Calma, Pájara. Bungalós. 76 euros.

- Hotel-apartamentos Lobos Bahía Club (www.lobosbahiaclub.com; 928 86 71 43). Gran Canaria, 2. Corralejo, La Oliva. 60,82 euros.

- Restaurante Marabú (928 54 40 98; www.marabu-online.com). Esquinzo, Pájara. Menú, 16 euros.

- Restaurante La Marisma (928 53 85 43). El Cotillo, La Oliva. Unos 30.

Información

- Turismo de Fuerteventura (928 53 08 44; www.fuerteventuraturismo.com).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de abril de 2004

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