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Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'Las bicicletas son para el verano'

EL PAÍS presenta mañana, sábado, por 1,95 euros, el filme de Jaime Chávarri

La obra Las bicicletas son para el verano, de Fernando Fernán-Gómez, obtuvo el premio de teatro Lope de Vega en 1978. Seis años después, en 1984, se estrenó su adaptación cinematográfica, dirigida por Jaime Chávarri y con guión de Salvador Maldonado. La "comedia de costumbres", como la describe su autor, situada en el contexto de la Guerra Civil española, se convirtió en uno de los grandes éxitos populares de dicha temporada.

En 1978, Fernando Fernán-Gómez ganó el Premio Lope de Vega del Ayuntamiento de Madrid con su obra Las bicicletas son para el verano. Aun cuando el premio comportaba su estreno inmediato, por criterios administrativos se tardó cinco años en autorizarlo. Cuando lo hizo, esta "comedia de costumbres", en definición del autor, obtuvo "un extraordinario éxito y una afluencia poco común de espectadores", como reseñó Haro Tecglen, que no dudó en calificar como "obra maestra" este sainete dramático que gira en torno a una familia de clase media durante la Guerra Civil, circunstancia "que da a esta comedia de costumbres una dimensión profunda", especialmente a través de don Luis, el padre, "personaje riquísimo de ideología subyacente", que Francisco Umbral definió como "un madrileño anti-Arniches, o un Arniches pasado por Gorki, un hombre templado, de humor a punta seca, eficacísimo, el mismo humor conversacional del propio Fernán-Gómez".

"La Guerra Civil da a esta comedia de costumbres una dimensión profunda"

No es de extrañar que el cine se interesara por la obra. Los productores Alfredo Matas y José Vicuña, de acuerdo con Benjamin Benhamou, supervisor en España de Twentieth Century-Fox, encargaron el guión a Salvador Maldonado y la dirección a Jaime Chávarri; ambos acababan de obtener un buen éxito con Bearn o la sala de las muñecas, sobre la novela de Lorenç Villalonga, galardonada en el festival de Montreal. Del reparto teatral respetaron a Agustín González, que había dado vida a "un personaje extraordinario, una auténtica creación humana con solvencia y calidad de gran actor" (Haro Tecglen). González recibió por esta película el premio al mejor actor en el Festival de Karlovy Vary, y también el de la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York (ACE), que igualmente consideró Las bicicletas... como la mejor película de la temporada. "Chávarri consigue transmitir la densa y sin embargo casi imperceptible textura dramática que constituía la grandeza del espectáculo teatral: la pintura de cómo un acontecimiento histórico irrumpe entre los individuos de una comunidad, les altera y modifica sus vidas, ya nunca más iguales", escribió Molina Foix en Fotogramas.

La historia se inicia en el verano madrileño de 1936, cuando Luisito (Gabino Diego), que ha suspendido Físicas, se queda sin la bicicleta que le habían prometido sus padres (Agustín González y Amparo Soler Leal). Estalla la guerra y la familia deberá adaptarse al miedo, al hambre, a la alteración de las costumbres, de la lógica y de la razón, junto a una serie de personajes entrañables que igualmente sufren esta inesperada situación inhumana (la hermana, el pretendiente, la criada, las vecinas... interpretados por un magnífico reparto: Victoria Abril, Marisa Paredes, Patricia Adriani, Aurora Redondo, Carlos Tristancho, Laura del Sol, Emilio Gutiérrez Caba, Alicia Hermida, Guillermo Marín...). La cotidianidad de la guerra vivida desde el comedor (que la película amplía a otros escenarios) está vista con un humor lúcido que en ocasiones resulta acongojante. Cuando la historia parece haber concluido al llegar la paz, el padre observa con amargura que no es la paz lo que les ha venido, sino la Victoria. "Sabe Dios cuándo habrá otro verano". Difícil contener las lágrimas.

Chávarri se sorprendió de que se le hubiera ofrecido a él dirigir la película toda vez que el autor de la obra es un reconocido director de cine y de teatro. Así se lo contó a Enrique Alberich en Dirigido por...: "Fernán-Gómez dijo que no quería saber nada de la película. Incluso se extrañaba de que quisiéramos consultarle aspectos del guión. Cuando él había adaptado al cine a Mihura, o a cualquier otro escritor, no se le había ocurrido preguntarle qué le parecía esto o aquello, porque ya imaginaba que lo que estaba haciendo con su obra le iba a sentar fatal". Y así fue, en efecto, según ha confesado Chávarri: "Al acabar el guión nos dijo que habíamos quitado media obra, lo cual era cierto. Lo habíamos hecho porque no disponíamos de tiempo ni de presupuesto necesarios para hacer una película de más de hora y media. Tuve la sensación de que Fernando se había quedado con cierto resentimiento respecto a la película. Una vez, en un viaje que tuvimos la oportunidad de hacer juntos, le pregunté qué pasaba realmente. Me contó que le daba la sensación de que habíamos quitado de la historia todo aquello que se refería al anarquismo, que a él le interesaba mucho. Tenía razón. Pero no lo habíamos hecho adrede como él pensaba, sino que al ir acortando el texto se habían ido perdiendo algunos matices".

"En cualquier caso", escribieron en su libro Miguel Ángel Barroso y Fernando Gil-Delgado, "domina la impronta de Fernán-Gómez en esta historia contada desde el prisma de los vencidos, con respeto y atendiendo más al drama humano de la guerra en la gran ciudad que a las digresiones políticas". Román Gubern aseguró que "los recursos escenográficos utilizados por Chávarri han permitido dinamizar el ritmo original, procurando no sacrificar su intimidad", coincidiendo con Marcel Oms, que aseguró, por su parte, que "la transposición fílmica de la obra teatral ha sido magistralmente resuelta por Chávarri, quien no ha vacilado en utilizar elipsis y metáforas, ni en recurrir a escenas para acercarnos esos personajes cuya cotidianidad ordinaria eleva a niveles de ejemplaridad".

La película, estrenada en enero de 1984, convocó a dos millones de espectadores, situándose entre las de mayor éxito del cine español.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de febrero de 2004