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martes, 30 de septiembre de 2003
Crónica:LA CRÓNICA

La sinagoga mayor de Barcelona

Voy paseando por el Call de Barcelona -el antiguo barrio judío- con Miguel Iaffa, el factótum de la sinagoga de la calle de Marlet. Me cuenta su historia.

"Mi padre era argentino, de Buenos Aires. En 1937 vino como voluntario a las Brigadas Internacionales. Llegó a ser capitán sanitario del ejército republicano y dirigió un hospital de campaña en Marçà, junto a Falset. Ahí nací yo, de madre catalana, en 1939. Mi padre estuvo un año preso, pero tuvo suerte, ya que era amigo de la infancia del chófer del presidente argentino Ortiz, a través del cual consiguió, primero, que no lo fusilaran, y luego, que lo liberaran. Cuatro años más tarde, después de unas cuantas peripecias novelescas, pudimos llegar a Buenos Aires. Allí crecí en el seno de la familia de mi padre, judíos de Lituania y Ucrania. Mi padre y sus hermanos llevaban su judaísmo con un gran orgullo. A veces, incluso con un orgullo agresivo".

Miguel Iaffa ha impulsado la recuperación de uno de los restos más antiguos de la presencia judía en Europa: la sinagoga mayor de Barcelona

"Me instalé en Barcelona en 1975. Desde chiquilín he sido un apasionado de la historia; he leído mucho. Entre 1972 y 1973 hice un curso de Historia Medieval de Francia, en París, en la Escuela de Altos Estudios Históricos, dependiente de La Sorbona. Tengo una gran biblioteca sobre el tema de los sefarditas, un asunto que me interesa especialmente. La familia materna de mi madre sabía, por tradición oral, que eran judíos conversos. Descubrí al llegar a Barcelona que, desde el punto de vista de los estudios históricos, había un gran vacío en lo referente a su pasado judío. Los principales historiadores habían aportado datos muy escasos sobre la cuestión".

"Yo paseaba todos los días por el Call intentando encontrar algún indicio que apuntara a la sinagoga mayor de Barcelona. Leí en el Talmud que las sinagogas debían tener uno de los frentes orientados hacia Jerusalén, con ventanales para que entrara la luz que ya había pasado por la ciudad santa. Eso me puso un poco sobre la pista. En 1985 me compré una brújula muy primitiva y seguí recorriendo el Call, hasta que un día descubrí, en la calle de Marlet, un edificio que cumplía todos los requisitos: un muro, entre dos ventanales, apuntaba al sureste".

"En 1987, el gran historiador Jaume Riera i Sants publicó un folleto editado por la Generalitat, llamado Cataluña y los judíos, en el que se incluía una foto del edificio que yo había identificado. Estaba basado en un documento del año 1400 en el que constaba el recorrido de un cobrador de impuestos del Call. Acababa justo en esa esquina de la calle de Marlet. Me dije: 'Bueno, ya está, ahora harán lo que hay que hacer para rescatar la sinagoga'. Pero pasó el tiempo, pasó el 92 y comprobé que no se hacía absolutamente nada".

"Un día, en 1996, pude asomarme al recinto, ya que la puerta estaba abierta. Era un depósito de material eléctrico lleno de cosas obsoletas: un desastre. Averigüé. Estaba en venta. Con la ayuda de un buen amigo, pude comprar el edificio. Limpiarlo, llegar a ver piedras, fue un trabajo muy arduo. Pero ahí estaban".

"Conocí a Jaume Riera i Sants, quien volvió a escribir un artículo sobre el Call y el recorrido del recaudador de impuestos. Tengo que decir que, a lo largo del proceso, la reacción de las instituciones fue desigual, aunque la nota dominante fue el escepticismo. Aunque quienes debieron haberse ocupado no lo hicieron, parecía que les molestara que la sinagoga mayor de Barcelona estuviera en manos de un particular. Pero claro, yo nunca imaginé que acabaría asumiendo ese rol; si lo hice fue para llenar un vacío".

"Con unos cuantos amigos formamos una asociación para la recuperación de la sinagoga: Associació Call de Barcelona. Hicimos dos prospecciones arqueológicas por cuenta propia. Luego, a través de Pilar Rahola, a la sazón concejal de Turismo y Comercio, conseguimos que el Ayuntamiento financiara la tercera exploración arqueológica. Sacamos 60 toneladas de tierra y acabamos de corroborar, in situ, que nuestras previsiones eran correctas. Por supuesto, las obras costaron mucho más caras de lo que cubría la subvención, con lo cual aún estoy endeudado. A cada santo una vela, como dice el refrán".

"Llegar a ver las antiguas piedras fue un éxito. La segunda gran satisfacción fue comprobar, mediante una cata arqueológica, la presencia de restos de la época romana. Es muy probable que el recinto ya fuera sinagoga en el siglo III -un edificio público orientado hacia el foro romano-, lo cual la convertiría en la presencia judía más antigua de Europa".

Hay un milenario y todavía vibrante componente judío en el alma de Cataluña. El cronista recuerda cómo sintió la vigencia de ese espíritu al llegar a Barcelona, su sorpresa al descubrir la coincidencia de tantos rasgos idiosincráticos. ¡Si hasta los mismos chistes que oía en su juventud porteña, nieto de judíos lituanos, rusos y moldavos -chistes sobre judíos-, los volvió a oír aquí convertidos en chistes sobre catalanes!

La antigua sinagoga mayor de Barcelona, primorosamente recuperada, se puede visitar en la calle de Marlet, 5. Para consultar horarios y actividades, llámese al 93 317 07 90.

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