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lunes, 28 de abril de 2003
Reportaje:

El Athletic femenino conquista la Superliga ante unos 35.000 espectadores

35.000 personas celebran en San Mamés el título en una fiesta de la igualdad

E. RODRIGÁLVAREZ Bilbao 28 ABR 2003

Queda la duda, filosófica, de si las mujeres del Athletic, que ayer obtuvieron el título de la Superliga (tras golear 5-0 al Hispalis), congregaron a unas 35.000 personas en San Mamés por amor a un fútbol nuevo, distinto, razonable, deportivo, aficionado, o si por el contrario, esos animosos, educados y festivos espectadores saciaban las ganas de ganar algo, famélicas desde 1984. Queda la duda y conviene no apresurarse en el juicio, a juzgar por la amalgama de personas distintas: futboleras y no, habituales y no, generalistas y propias del equipo femenino a juzgar por las camisetas que muchos lucían con el nombre de sus preferidas o familiares (Gaztelu, Iraia, Eva y compañía) y por el conocimiento de sus habilidades deportivas.

Las chicas del Hispalis, -un equipo muy joven y buen cultivador de la escuela andaluza de fútbol (pase corto, taconazo y juego de puntera)- venían avisadas del ambiente impensable que les esperaba. Por eso, las suplentes del equipo cogieron su cámara de vídeo y, mientras las titulares calentaban, se dedicaron a filmar a la Tribuna Principal, que les devolvió una salva de aplausos. Aquello debía quedar grabado: 35.000 personas casi abarrotaban San Mamés y probablemente tardarán en vivir una situación similar. Había que grabarlo, porque de lo contrario nadie les creería a su regreso.

Al público no le costaba aplaudir. Había un masoquismo sano que consistía en el deseo de tener dolor de manos por aplaudir y dolor de garganta por gritar. Por vez primera en mucho tiempo, las 35.000 gargantas cantaron el himno del Athletic (bien es verdad que la mitad, porque la segunda estrofa no se la sabe casi nadie), por vez primera se oían irrintzis en directo, no grabados, coreados por el público; por vez primera se hacía la ola, una costumbre no muy celebrada en San Mamés. La batalla de las cifras quedó a la par. Los hombres congregaron el sábado a tantas personas como las mujeres el domingo. Incluso funcionó la reventa (triplicando el precio) como en los grandes acontecimientos.

Y hubo mensajes continuos. Las chicas del Athletic no se olvidaron de su capitana, Nerea Onaindía (lesionada en la rodilla y en espera de operación) y le dedicaron una camiseta conmemorativa con el lema "Aurrera Nere". A la espalda, algo más global: "Eskerrik asko denoei" [Gracias a todos, en euskera].

Pero había más. Había, por ejemplo, ansiedad por lograr el primer gol, que se demoró 30 minutos, todo un calvario para una afición que venía de fiesta, que soñaba a gol por minuto -vista la diferencia entre ambos equipos-. Así que cuando Tzibi cabeceó un saque de esquina de Ibarra en el segundo palo, La Catedral se puso de rodillas y acarició la gloria. En aquel momento, una pancarta colgada en una balconada de San Mamés cobraba todo su sentido: "Con esta garra, sacamos la gabarra". No ocurrirá. Ni el club, ni las chicas del Athletic femenino quieren tamaña celebración. Cuestión de humildad, cuestión de tradición, aunque algunos consideraron delito que el Athletic celebrara (sin gabarra, pero en camión y en balconada municipal) un segundo puesto en la Liga, con Luis Fernández en el banquillo.

La felicidad de ganar algo, que era mucho -un porcentaje de conquista en el igualitarismo de géneros-, tuvo otros rasgos que no conviene olvidar: ni una patada, ni un mal gesto. Incluso una bandera común del Athletic y de la Real Sociedad. Otro mundo.

Empezó en Sondika

El fútbol femenino vizcaíno empezó en Sondika. Un grupito reducido de mujeres, jugando ante sus familiares y amigos, soportando algunas chanzas de mal gusto y destinos de mal agüero, dieron inicio a lo que hoy es una fiesta que colapsa el metro, agota las localidades y rivaliza con los hombres en aceptación popular. Aquel Sondika, y algunos otros equipos no menos meritorios, pioneros, acabaron siendo el Leioa y finalmente el Athletic cuando a Javier Uría, candidato entonces a la presidencia del Athletic, se le ocurrió crear un equipo femenino y acudió al equipo del Txoriherri que hacía poco había conquistado la máxima categoría, la llamada Superliga, sin perder ni un solo partido. Éllas, y tres futbolistas guipuzcoanas, serían el Athletic, el equipo encargado de dar la primera alegría en un cuarto de siglo a la afición rojiblanca. Ahora espera la Copa de la Reina. Y Europa.

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