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sábado, 20 de abril de 2002
Editorial:

El horror de Yenín

La masacre de Yenín, la ciudad de Cisjordania donde se refugiaron los palestinos desde la guerra de 1948, se puede convertir en el Srebrenica de Sharon, un pavoroso crimen de guerra y contra la humanidad. El enviado de la ONU, el sueco Larsen, ha descrito lo que ha visto en Yenín como 'un horror que supera el entendimiento', y la intervención del Ejército israelí, un 'terremoto que lo arrasó todo'. Bush no podía haber errado más al calificar a Sharon de 'hombre de paz'.

Con la misión cumplida, las fuerzas israelíes se retiraron ayer de la ciudad, según el calendario que Sharon había prometido a Powell, mientras lleva la escalada a la franja de Gaza. Pero ni siquiera Bush, pese a su 'comprensión' hacia la política de Sharon, se ha podido resistir al clamor mundial para una investigación internacional, de la ONU y de la Cruz Roja, sobre lo ocurrido en Yenín, aunque EE UU se niega a darle apoyo en una resolución del Consejo de Seguridad. Como cabía esperar, Israel la juzga 'innecesaria' y la rechaza en ésta o cualquier otra forma.

Tras mencionar la posible existencia de 250 muertos, las fuerzas israelíes rebajaron la cifra a decenas, y los palestinos hablan de centenares. Lo que sale del desescombro está resultando espeluznante, pues durante 11 días los israelíes no dejaron que pasaran equipos de rescate, a pesar de lo cual hay algún superviviente bajo los cascotes. Tras una dura batalla, los israelíes perdieron 23 soldados y arrasaron con combatientes y no combatientes palestinos.

Larsen tiene razón. Lo ocurrido en Yenín supera todo entendimiento. ¿Cómo ha sido posible? ¿Es ésta la estrategia de Sharon, la destrucción para aniquilar no sólo a los terroristas, sino cualquier atisbo de voluntad de ser de los palestinos? De Sharon, el carnicero de Sabra y Chatila, todo es posible, y también de alguno de sus ministros, como el titular de Justicia, Meir Shitrit, que ha lamentado que no hubieran muerto 'más terroristas' en Yenín. Incluso el Tribunal Supremo israelí está indagando algunos excesos del Gobierno en su represión de los palestinos.

Cada vez está más claro que palestinos e israelíes no van a poder entenderse y que la comunidad internacional tiene un deber moral, y geopolítico, de imponer una solución. Kofi Annan ha pedido el envío de una fuerza de interposición, que Israel rechaza con el apoyo de EE UU. Bush debe percatarse de que ser hiperpotencia o querer ser imperio implica no sólo poder, sino responsabilidades. Y la forma en que está dejando que Sharon lleve a la región al borde de una guerra general es de una enorme irresponsabilidad.

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