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Reportaje:TAJOS DE ALHAMA

Desfiladero fantasmal

Una ruta entre los Tajos de Alhama, que llega hasta la Pantaneta, descubre parte de la historia del pueblo

Alhama es una ciudad que mira hacia abajo para ver los pájaros. Como una gran fortaleza, se erige en lo alto de uno de sus dos vertiginosos tajos. Uno frente al otro observan cómo se extiende a sus pies un magnífico valle con restos de lo que antaño fue un gran complejo molinero, ubicado junto al río que discurre casi incrustado entre las rocas calizas del desfiladero.

Alhama también suele mirar al fondo de los Tajos para conocer su historia. Estas formaciones montañosas son poseedoras de una gran cantidad de restos vegetales y animales fósiles que indican que el mar bañaba estas tierras hace miles de años. Pero hoy las aguas saladas están lejos, aunque las que emanan del subsuelo no son menos privilegiadas. Los baños de Alhama atraen anualmente a cientos de personas que acuden con la esperanza de encontrar mejora para su salud entre las aguas termales.

Las propiedades naturales de sus aguas no son la única riqueza de esta localidad, situada en pleno corazón del Poniente granadino y a 55 kilómetros de la capital. Al sur, en las alturas de la Sierra de Játar, nace el río Alhama, un caudal de agua que, aunque relegado al rango de afluente, ha perfilado para este pueblo uno de los paisajes más impresionantes de Andalucía. Su débil cauce, en el fondo del valle que se extiende entre los Tajos, parece haber abierto semejante desfiladero a fuerza de años de hacerse camino.

La Iglesia del Carmen, que, como otras tantas casas encaladas del pueblo, se encuentra al filo de uno de los grandes cortados, es el inicio de un bucólico sendero que discurre paralelo al río, en sentido contrario al discurrir de sus aguas, y hasta la Pantaneta de Alhama, una pequeña presa que es lugar elegido por las aves para su concentración.

El camino baja precipitadamente desde el pueblo hasta Los Molinos, una zona al fondo de los Tajos donde hace años se instalaron las fábricas de harina de Santa Teresa, la Purísima, San Antonio y San Francisco; un gran complejo que servía para transformar la gran producción de cereal de la campiña alhameña. Hoy sólo queda de estas instalaciones un paisaje fantasmal lleno de casonas con tejados hundidos, muros desvencijados y ventanas rotas a través de las que se observa el estado de abandono de las estructuras interiores de madera. Casi los únicos elementos que recuerdan la actividad allí desarrollada son los letreros pintados al estilo de principios de siglo con los beatos nombres de las fábricas. Estas casas serpentean a ambos lados del río, que proporcionaba la energía necesaria para la molienda del cereal. La intensa actividad humana de la época en la zona ha dejado otra huella curiosa. Los habitantes de Alhama esculpieron en las roca pilas para lavar junto a los molinos y hoy todavía se distinguen estas tallas entre las piedras mohosas.

La ruta de los Tajos deja atrás Los Molinos y emprende un camino ligeramente ascendente entre la gran capa de vegetación que flanquea el río. En esta época, el espeso manto ocre de las hojas caídas de los árboles se entremezcla con el verdor propio de rocas que desprenden humedad por todos sus poros. Grandes salcedas y alamedas ocupan casi todo el fondo del valle a lo largo de su recorrido hasta el final de los Tajos. Entre este espesor de árboles se adentra el sendero hasta llegar a la Pantaneta, pero pasando antes por el Barranco de Doquería y el del Chopo. En total, no son más que un par de kilómetros de recorrido sencillo para un caminante que tiene tiempo de extasiarse con los pequeños detalles y los grandes paisajes que le ofrece la ruta.

La Pantaneta

El embalse mediano conocido como la Pantaneta o Pantano de Alhama está rodeado de un nuevo sendero a través del cual se puede acceder a pie al área recreativa y a los dos observatorios de aves instalados. Desde las casetas de madera, previstas para esconder la figura del vigía, éste puede contemplar la actividad de decenas y a veces cientos de aves, tales como el zampullín chico, el ánade real, los andarríos, la cerceta o el comorán. Se observan animales de este tipo durante todo el año, pero muchas de las especies sólo acuden en enero, por lo que se aproximan los mejores días para pasear por la Pantaneta y disfrutar de su fauna.

Descanso de arrieros

- Dónde. Alhama es uno de los pueblos que se encuentra más al sur del Poniente granadino, cerca de la provincia de Málaga. Para llegar desde la A-92, es necesario tomar el desvío de Moraleda de Zafayona, y la carretera A-335 lleva directamente hacia Alhama. Una vez en el pueblo, hay que subir hasta su parte más alta para encontrar el mirador de Los Tajos y el inicio del sendero que los recorre. Este camino lleva hasta la Pantaneta, pero también se puede llegar allí directamente en coche cogiendo la carretera que conduce a la localidad vecina de Játar. - Cuándo. La primavera y el otoño son, en principio, las estaciones en las que el paisaje de los Tajos es más espectacular. Pero el invierno tiene sus ventajas, sobre todo para disfrutar de la observación de aves, que son más abundantes en esta época. - Alrededores. La Pantaneta de Alhama dispone de un área recreativa y varias instalaciones puestas por el Consorcio del Poniente. En esta zona hay también un alojamiento rural, El Ventorro, también conocido como la Venta de la Paloma, donde los antiguos arrieros paraban a descansar ya en el siglo XVIII. - Y qué más. La gastronomía de la zona ofrece, entre otras cosas, dulces como el tocino de cielo o el bienmesabe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de diciembre de 2001

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