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Crítica:

Los cazabichos

Ivan Reitman se hizo popular, y se forró de millonadas, con el epidérmico, trepidante y divertido negocio anticinematográfico de Los cazafantasmas. Ahora, en Evolution, no escapa del cerco de aquel ejercicio de efectitos fantasmales y flagela al honor de la pantalla con un burdo remedo -en siniestro, con baño de voluntad fracasada de farsa y con humor asombrosamente soso- de aquella mina. Puede resucitar algunos de sus millones, pero no resucita en absoluto lo único recordable de aquella película, que fue su ingenuo encanto.

Lo que no se entiende es que Reitman logre enrolar en esta simplonería a gente tan seria como David Duchovny. Y menos aún se entiende que haga dar la réplica a esta estrella televisiva a Julianne Moore, que es una de las mejores, más solventes, exigentes y preparadas actrices del cine estadounidense. Sorprende, casi duele, ver a la eminente actriz de Short cuts, Tío Vania y Magnolia hundida en tareas que están abismalmente por debajo de lo que se espera de ella.

EVOLUTION

Director: Ivan Reitman. Guión: David Diamond y David Weissman. Intérpretes: David Duchovny, Julianne Moore, Orlando Jones, Sean William Scott. Género: ciencia ficción. Estados Unidos, 2001. Duración: 105 minutos.

Pero el dinero manda y ningún obstáculo detiene al embolado de un meteorito completamente canalla, que trae al mundo el regalo de una floración tan fertil y veloz de vida extraterrestre, que sus bichos, al final convertidos en un gran bicho, amenazan con comerse cruda nuestra biosfera. Y si Reitman tiene a sus espaldas unos inefables cazafantasmas, ahora se saca de la parte más fea de sus tripas unos completamente olvidables cazabichos, tan guapos y bobos, que se termina amando al feo bicho que se los quiere zampar.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de junio de 2001