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sábado, 22 de julio de 2000
Reportaje:

El espíritu del Tormo Barberá

  • El ascenso del Quart y los éxitos de la selección autonómica cadete devuelven el protagonismo al voleibol valenciano

Un modesto club de Quart se ha convertido en la esperanza del voleibol valenciano, que trata de recuperar de espíritu del Tormo Barberá, aquel club de Xàtiva que ganó varios títulos en la década de los ochenta. Tras conseguir el patrocinio de una empresa local, el Club Voleibol Quart jugará la próxima temporada en la División de Honor B, a un peldaño de la máxima categoría.El ascenso del Quart se convirtió en una aventura para las jugadoras, que tuvieron que costearse el desplazamiento a Huelva para disputar la fase final. Hasta allí llegaron en una furgoneta de alquiler. "Jugamos nada más bajar del coche", recuerda Francisco Javier Lloret, entrenador del Club Voleibol Quart, quien ya acarició el ascenso la pasada campaña: su equipo se ganó la plaza deportivamente, pero luego no obtuvieron respaldo económico para afrontar la temporada.

El voleibol valenciano vuelve a presumir. A la consolidación del Benidorm en División de Honor -este club cuenta desde hace años con un sólido apoyo económico-, se han unido el Quart y la selección autonómica cadete femenina, que se proclamó recientemente campeona de España. "El voleibol valenciano goza de buena salud. La Comunidad Valenciana siempre ha tenido una cantera de buenos jugadores, pero en la mayoría de los casos emigraban ante la falta de expectativas", explica Cristobal García, de la federación valenciana de voleibol. La falta de patrocinadores ha supuesto siempre un lastre. Mientras un buen número de jugadores valencianos se curtía en otras ciudades, la provincia de Valencia no contaba con ningún equipo de élite. "En ciudades grandes como Valencia es muy difícil que clubes de deportes minoritarios, como el voleibol, salgan adelante. En Valencia el fútbol centra la atención. Por eso en ciudades como Albacete, Murcia o Granada, donde el fútbol tiene papel discreto, los deportes minoritarios tienen mucho más tirón", afirma Asunción González, una de las muchas jugadoras valencianas que reforzó clubes de otras ciudades ante la falta de expectativas en Valencia. Fueron los casos de Ana Tostado, Inma Torres, Inma González, Marta Signes o Sonia Navarro.

En la década de los ochenta el voleibol valenciano vivió una época de esplendor merced a los éxitos de un club de Xàtiva, el Tormo Barberá, que ganó siete títulos, tres de liga y cuatro de Copa. Xàtiva era una cantera inagotable de jugadoras. Allí coincidieron varios factores que impulsaron la actividad. Pero aquello se desmoronó. El Tormo desapareció en el verano de 1991. La Federación Española de Voleibol concentró a la selección española para preparar los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, y el Tormo, plagado de internacionales, quedó desmantelado. "Ni una institución se interesó por nuestra situación", recuerda María Ángeles Vidal, entonces entrenadora del Tormo. "Cuando volvimos de las Olimpiadas no existía ningún equipo de élite en Valencia y muchas de nosotras tuvimos que emigrar", recuerda Asunción González.

Ahora retorna la ilusión con el Quart y los éxitos de la selección autonómica cadete. Pero sobre todo se recupera el espíritu del Tormo Barberá y se evoca aquella época.

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