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Un premio con escándalo

Alemania vive estos días un grave debate ideológico sobre su pasado bajo el régimen nazi, después de que uno de los galardones literarios más importantes del país haya ido a parar a manos de un historiador que ha justificado en varias ocasiones la destructiva ideología de Adolf Hitler.El autor en cuestión se llama Ernst Nolte, y se le conoce por argumentar que el antisemitismo del régimen nazi tenía una "base racional", y que el nazismo no era, en su esencia, más que una respuesta al bolchevismo soviético. Este mes, Nolte ha recibido el Premio Konrad Adenauer de literatura, causando un escándalo que ha salpicado de reacciones de desprecio las páginas de todos los periódicos del país y ha provocado una profunda división en la histórica institución que lo otorga.

El premio, otorgado también en su día al mismísimo excanciller Helmut Kohl, es adjudicado por la Fundación Alemania, según sus bases, a trabajos que "contrinuyen a un futuro mejor". La organización, con sede en Múnich, es conocida por su conservadurismo y se le atribuye cierta proximidad con el ala derecha de la Democracia Cristiana, pero nunca se la había considerado reaccionaria hasta ese punto.

En agradecimiento del premio, Nolte tampoco se hizo un favor. "Debemos dejar atrás la idea de que todo aquello que se opone al nacionalsocialismo es lo correcto", proclamó. También añadió que, al ser el nazismo "la fuerza más poderosa" de las que se oponían al bolchevismo, y al ser éste un movimiento con gran apoyo de la comunidad judía, Hitler tenía una base "racional" para atacar y perseguir a los judíos.

En Alemania y Francia se ha hecho patente una reacción de los conservadores ante lo que los franceses llaman "la izquierda angelical", el nuevo progresismo, al que acusan de poner en práctica una política europeísta que amenaza al tradicional modelo de Estado-nación con una especie de marea multicultural integradora.

En este contexto, Nolte se presenta con éxito como un iconoclasta de sesgo conservador. Pocos días después de recibir el premio, recibió aplausos entusiastas al término de una conferencia en París, donde, de nuevo, expuso sus tesis sobre la persecución a los judíos.

En opinión de Charles Maier, historiador de Harvard, "premiar el trabajo de Nolte es un claro manifiesto político para apoyar la idea de que, en comparación con lo que se hizo en la Unión Soviética, no es correcto demonizar el nazismo". "En el contexto de Alemania, es exculpatorio, y también absolutamente escandaloso", añade.

La indignación en Alemania ha sido alimentada, además, por el hecho de que otro prestigioso historiador, Horst Moller, director del Instituto de Historia Contemporánea, decidiera hacer el discurso de presentación de Nolte. Moller destacó en su texto que no estaba de acuerdo con las tesis del galardonado, pero alabó "toda una vida de trabajo de alto nivel", y lanzó un potente ataque contra los intentos "demagógicos y llenos de odio" de acabar con este debate en Alemania.

La masiva reacción a sus palabras se ha plasmado en los periódicos, llenos de cartas de otros historiadores que piden la dimisión de Moller. En una carta abierta al diario Die Zeit, Heinrich Winkler, profesor de Historia en la Universidad Humboldt de Berlín, dice: "El profesor Moller se permite tomar partido en una corriente intelectual que trata de integrar las posiciones revisionistas y de ultraderecha en el discurso conservador".

Pero Nolte está decidido a luchar contra la eterna victimización alemana por el holocausto. En su discurso, atacó a aquellos que defienden "una imparable transición hacia la globalización". También denunció amargamente lo que considera una "acusación colectiva" permanente contra Alemania desde 1945.

El historiador, autor de libros como Tres caras del fascismo y La guerra civil europea, es conocido por este tipo de argumentos acerca de Hitler, Stalin y los judíos desde hace años. Pero nunca antes una prestigiosa institución como la Fundación Alemania le había apoyado de manera tan contundente, un gesto que sugiere que la propia ala derecha de la Democracia Cristiana está dispuesta a adoptar la idea de que los horribles crímenes nazis no fueron los únicos en aquella época y que han sido injustamente singularizados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de junio de 2000

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