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lunes, 19 de junio de 2000

El riesgo de la droga y la prostitución

  • El sida no ha cambiado los hábitos de las trabajadoras del sexo y sus clientes, que se resisten a protegerse según un estudio

En el mundo de la prostitución, el sida no ha causado el temor suficiente como para modificar los hábitos tanto de las trabajadoras del sexo como de sus clientes, poco conscientes todavía de la necesidad de protegerse. Así se desprende de un estudio que analiza el sector más marginal y sórdido de la prostitución, el de las trabajadoras del sexo consumidoras de drogas por vía intravenosa. Por su doble condición de prostitutas y de heroinómanas, estas mujeres se hallan en una situación de riesgo constante de contraer enfermedades contagiosas, así como de transmitirlas.El estudio, realizado por la organización no gubernamental Àmbit Prevenció por encargo de Órgano Técnico de Drogodependencias (OTN), del Departamento de Sanidad, se hizo para conocer las características y conductas de las prostitutas consumidoras de drogas por vía endovenosa y elaborar programas adecuados de prevención y atención sociosanitaria, no sólo para garantizar la salud y seguridad de este colectivo, sino también las de la población general. "Al ser la prostitución una posible vía de infección hacia la población general, hay que tratarla también como una cuestión de salud pública", afirma Xavier Major, miembro del OTN.

El trabajo, realizado por la antropóloga Marta Sanromà y coordinado por Cristina Sanclemente, presidenta de Ambit Prevenció, se basa en un riguroso trabajo de campo que se llevó a cabo entre los años 1996 y 1998. Durante este tiempo se recogió el testimonio de prostitutas consumidoras de droga reclutadas en la calle, principalmente en el Raval, Les Corts y la Rambla de Catalunya. De las 350 trabajadoras del sexo observadas en una primera fase del estudio, un 25% eran consumidoras de droga por vía endovenosa (el porcentaje en la actualidad es inferior, según matiza Sanclemente). Pese a que el 62,5% de las prostitutas drogadictas entrevistadas admitieron tener anticuerpos del VIH y el 31% habían sufrido alguna enfermedad de transmisión sexual, el uso del preservativo no era una práctica habitual en todas ellas. Un 79% declaró utilizarlo siempre y un 12,5% sólo "a menudo". Sanclemente explica en este sentido que suele ser el cliente "quien determina las condiciones de la relación sexual y muchas veces exige mantenerla sin protección". De las encuestas se desprende que es cierto el tópico de que las prostitutas drogadictas trabajan rebajando precios y aceptando más conductas de riesgo, sobre todo si padecen el síndrome de abstinencia y necesitan dinero.

Otra de las prácticas de riesgo es el uso de jeringuillas ya utilizadas. El 21% de las entrevistadas admitieron haber compartido alguna jeringuilla en los seis meses anteriores a la consulta.

Recurso eficaz y peligroso

Para la mayoría de las trabajadoras del sexo que se pinchan, ha sido la adicción a las drogas lo que les ha abierto la puerta al mundo de la prostitución, no al revés. El trabajo sexual es una forma eficaz de obtener dinero para adquirir la droga, pero a la vez es un recurso peligroso que conduce al estancamiento en el mundo de la marginalidad y la pobreza. "No deja de ser una situación como la del pez que se muerde la cola", señala el estudio. A menudo, la droga, que era en principio la finalidad de su trabajo, se va haciendo cada vez más imprescindible porque se convierte en un estímulo para poder ejercer la prostitución. Ésta es una de las principales causas de los fracasos de los programas terapéuticos de desintoxicación entre este colectivo, según concluye el estudio.

Las prostitutas que se inyectan son las más jóvenes y se concentran especialmente en el Raval, Les Corts y la Rambla de Catalunya, así como en la parte baja de La Rambla. Suelen buscar a los clientes en la calle y prestan sus servicios en el coche y sólo ocasionalmente en pensiones o meublés.

Pese a las pésimas condiciones en las que suelen vivir las prostitutas drogodependientes (la mayoría de ellas han estado en la cárcel más de una vez, tienen hijos a su cargo y viven en lúgubres pensiones o incluso en la calle), la mitad de las entrevistadas no han perdido la esperanza de cambiar de trabajo y de alejarse de la droga.

El estudio concluye que la problemática de estas mujeres debe abordarse teniendo en cuenta su doble condición de prostitutas y de drogadictas. El trabajo propone la creación de un centro especializado que permita la oferta de atención sociosanitaria en un espacio fijo complementado con un servicio móvil. Estos centros deberían ofrecer información y atención sanitaria básica y material preventivo, y constituir un espacio de relación y de apoyo psicológico, entre otras prestaciones. También se propone la instalación en Les Corts de una máquina dispensadora de jeringuillas, complementada con una unidad móvil de apoyo a las prostitutas.

Manolo S. Urbano

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