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miércoles, 31 de mayo de 2000

Las supuestas asesinas de la joven de Cádiz 'ensayaron' el crimen con una desconocida

Las dos supuestas asesinas de Clara G.C. ya habían ensayado con anterioridad un posible crimen. A las adolescentes, R. C. T. e I. S. G., de 17 y 16 años, respectivamente, les rondaba la idea por la cabeza desde hacía tiempo. Según declararon ayer ante la policía y el juez, hace un mes, en los servicios de señoras del centro comercial Bahía Sur, un concurrido establecimiento de compras de San Fernando (Cádiz), probaron cómo cometer un asesinato semejante al que supuestamente cometieron el pasado viernes en la zona de El Barrero.

Las jóvenes, que pasaron ayer su primera noche aisladas y separadas del resto de las reclusas en el módulo de mujeres de Puerto II, en El Puerto de Santa María (Cádiz), decidieron actuar con una chica de características similares a Clara, la compañera del instituto con la que habían tenido bastante relación. Habían pensado elegir una víctima "débil" y desconocida, una chica que, por azar, fuera al cuarto de baño, según fuentes de la investigación. Una de ellas permaneció fuera del servicio, a la espera de que apareciera alguien con el perfil propicio. La otra aguardaba dentro empuñando una navaja, la misma que, según aseguraron ante el juez, utilizaron el pasado viernes para asestar las 18 puñaladas que acabaron con la vida de Clara. Esa navaja fue hallada por la policía clavada parcialmente en una maceta del domicilio de R. C. T.

Pero en el centro comercial un vigilante de seguridad abortó el ensayo de las dos jóvenes, según han reconocido ellas mismas. El guarda consideró extraña la conducta de las adolescentes y les pidió la documentación. Luego las dejó marchar. Otras fuentes confirman la declaración de ambas, pero aseguran que aquellos hechos fueron más "un juego inexplicable" que un intento de asesinato.

En su declaración ante el juez, las detenidas admitieron haber lamentado el "fracaso" en el centro comercial, y afirmaron que decidieron planificar meticulosamente el crimen. Aunque no se preocuparon de ocultar el arma del crimen ni las ropas ensangrentadas, sí se dedicaron a hilvanar una coartada. La policía halló en las habitaciones de ambas varias cuartillas de papel, a modo de ficha, en las que habían detallado las explicaciones que debían dar en caso de ser interrogadas. Cada una había memorizado, en tramos de 15 minutos, la cronología de sus supuestas acciones la tarde y noche del crimen. Las fichas desarrollan una coartada para cada una de ellas, con justificaciones, en la mayoría de los casos, complementarias. A juicio de algunos investigadores, este procedimiento denota una mentalidad "fría y calculadora".

Pero las macabras cuartillas no les sirvieron de nada, ya que la policía las cogió a "contrapié", según fuentes cercanas a la investigación, en sus casas el sábado por la mañana. Y no tardaron nada en confesar. La policía confirmó ayer que las jóvenes no estaban bajo los efectos de ninguna droga.

Según el relato de las presuntas asesinas, sólo una de ellas, R. C. T., asestó todas las puñaladas a la víctima, mientras la otra, I. S. G., supuestamente se limitó a sujetarla. Presuntamente hubo ensañamiento y Clara opuso resistencia hasta el final, como lo prueban los navajazos que recibió en sus brazos y manos. La autopsia revela que ninguna de las puñaladas -la navaja tiene una hoja de un solo filo, de 11 centímetros, y está poco afilada- asestadas en la espalda y en el tórax fue mortal, por lo que la víctima habría fallecido desangrada tras el corte que le seccionó la vena carótida y la arteria yugular.

El cadáver fue hallado por el novio de Clara en la mañana del sábado ya que, tras recibir la llamada de los padres de la joven, alarmados porque ésta no había dormido en casa, se dirigió al descampado de El Barrero, donde la chica le había comunicado que había quedado con las dos presuntas asesinas el viernes.

Las investigaciones han descartado la participación de otras personas en los hechos, al igual que lo hizo el lunes el juez, Juan José Parra.

Los abogados de las acusadas piden que pasen a un centro de menores

Los abogados que representan a las dos jóvenes acusadas por el asesinato de Clara G. C en San Fernando (Cádiz) han decidido recurrir el auto de prisión dictado por el juez instructor y que, si no se las pone en libertad, se las traslade a un centro de menores. Los letrados pretenden que se utilice el mismo criterio que aplicó la Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Supremo, que el pasado abril apostó por la sustitución de una pena de prisión de 21 meses para un joven de 17 años por algunas medidas alternativas que recoge la Ley de Responsabilidad Penal de los Menores. Esta norma está ya promulgada, aunque no entrará en vigor hasta el 14 de enero de 2001.La Audiencia de Huelva había condenado a J. A. V. R., de 17 años, a 21 meses de prisión por atracar con una navaja y robar una pequeña cantidad de dinero a un niño de 15 años. El ponente de la sentencia del Supremo, José Antonio Martín Pallín, considera que la ejecución de la sentencia dictada por la audiencia onubense, que ya es firme, puede conmutar la pena de prisión por el internamiento del menor en un centro especializado.

Los abogados de las detenidas consideran que en este caso se puede aplicar el mismo criterio, que supone adelantar la aplicación de la ley.

Por otra parte, los padres de Clara G. C. anunciaron ayer que recurrirán a medidas legales para "limpiar" la memoria de su hija, sobre la que consideran que se han vertido "muchas falsedades".

"Clara no se merecía lo que han difundido algunos medios de comunicación, porque era una joven pura, buenísima y que nunca tuvo relación con actividades esotéricas, juegos de rol o ritos satánicos", explicó ayer su padre, José Antonio García.

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