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Bronca institucional en Sevilla por el origen de los sucesos de la 'madrugá'

Los ediles creen que fue una trama, y el Gobierno, obra de un navajero

Todo quedó en un susto -eso sí, muy grande, de miles de personas que participaban en las procesiones de Jueves Santo-, pero los sucesos de la madrugá de Sevilla han provocado un durísimo cruce de acusaciones entre el Ayuntamiento y la Subdelegación del Gobierno, que ayer subió de tono. La subdelegada del Gobierno, Rocío Roche, tildó de "inexpertos" a los ediles que airearon la teoría de un plan organizado para reventar las procesiones. Para el Ejecutivo, el pánico, que causó tres heridos, lo provocó un hombre con un cuchillo.

Lo único claro fue el pánico general. Poco después de las cinco de la mañana en los alrededores de la Plaza del Duque, en pleno meridiano de la célebre madrugá de la Semana Santa de Sevilla, miles de personas empezaron a correr aterrorizadas. Cerca de medio millón de ciudadanos se apelotonaban entonces en las minúsculas calles que rodean la denominada carrera oficial de las distintas procesiones. El terror se apoderó de casi todos e incluso algunos nazarenos y costaleros pusieron pies en polvorosa dejando los pasos (como el del Cristo de Los Gitanos) varados en el suelo.Tras 45 minutos de histeria, las cosas volvieron a la normalidad y las procesiones de La Macarena, El Gran Poder, La Esperanza de Triana, El Silencio, El Calvario o Los Gitanos regresaron a sus templos entre las primeras horas y el mediodía del Viernes Santo. El resultado: tres personas sufrieron fracturas óseas, la más grave una de tobillo, varias decenas fueron víctimas de ataques de nervios, y en el suelo quedaron cruces de penitente y candelabros rotos.

Ahora, la gran incógnita es el porqué de la estampida humana que se extendió por las angostas calles del centro sevillano a velocidad vertiginosa e inundó portales y tiendas que se llenaron de personas buscando cobijo de no se sabe qué. Pero la incógnita se ha convertido en polémica oficial.

Nada más suceder los acontecimientos, la primera teoría era que la masa de personas se había visto espoleada por el sonido de una explosión. A las seis de la madrugada, el delegado de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Sevilla, José Gallardo, avanzó la tesis ante varios medios de comunicación de que el origen de los hechos "podía" ser el reventón de una tubería o una tapa de alcantarilla. Una posterior verificación confirmó que ninguna tubería había explotado en la ciudad.

En la calle los rumores se dispararon y se hablaba desde tiroteos a bandas de jóvenes motorizados a cabezas rapadas armados con cadenas.

Poco después del mediodía del Viernes Santo, la Delegación del Gobierno emitió un comunicado en el que aseguraba que el pánico colectivo había tenido su origen en un delincuente habitual de 26 años que blandía un cuchillo con una hoja de unos 20 centímetros. La nota añadía que el boca a boca y las retransmisiones en directo de las radios magnificaron el suceso hasta crear una psicosis colectiva. El hombre fue detenido por la Policía Local antes de las seis de la mañana en la confluencia de las calles Reyes Católicos y Pastor Landero.

Por su parte, el Ayuntamiento de Sevilla tiene la teoría de que se trata de una acción coordinada en ocho puntos de la ciudad (desde fuera de la carrera oficial hacia adentro) para reventar la madrugá.

Desde la Delegación del Gobierno, aunque no se descarta nada, se tilda de "inexpertos" a los responsables municipales por haber hecho pública esa información con las únicas pruebas de dos testimonios (uno de ellos de un invidente), y reprocha poca colaboración en la investigación. El alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, aseguró a EL PAÍS que, aún con indicios endebles, informó de esta hipótesis ante lo inverosímil de la versión del Gobierno. "Decir eso, es no conocer Sevilla ni a los sevillanos", dijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de abril de 2000