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Dos mujeres, una de ellas embarazada, mueren al intentar alcanzar en patera la costa canaria

99 inmigrantes llegaron al litoral y fueron detenidos, dos murieron y cinco desaparecieron

Fuerteventura / Las Palmas
Entre los inmigrantes africanos, especialmente subsaharianos, que tienen como objetivo alcanzar las Islas Canarias a bordo de frágiles pateras se produjo ayer otra tragedia. Dos mujeres nigerianas, una de ellas embarazada de tres meses, murieron en su intento por alcanzar las costas del archipiélago. Viajaban en una de las siete pateras que trasladaban a 106 personas. Trataban de desembarcar en el litoral de Fuerteventura y Lanzarote. La embarcación, que acabó naufragando, forma parte de una oleada de inmigrantes que crece sin pausa. En lo que va del mes de abril han llegado 286 sin papeles a Canarias, región que se ha convertido en el destino preferido de muchos inmigrantes debido a la férrea vigilancia del Estrecho.

Las costas canarias de Lanzarote y Fuerteventura registraron desde la madrugada de ayer y hasta primeras horas de la mañana una masiva llegada de inmigrantes que arribaron en siete pateras diferentes. La avalancha de 106 extranjeros sin papeles acabó en tragedia tras naufragar una de las frágiles embarcaciones que trataba de alcanzar la zona denominada Charco El Palo, en el municipio de Haría (Lanzarote). Dos mujeres nigerianas resultaron muertas. Una de ellas se llamaba Lilian y estaba embarazada.

Lilian nació en Nigeria sólo 30 años atrás. Hacía unas horas que, tras cruzar África, había conseguido embarcarse en una frágil barca de madera junto a su marido y otro buen puñado de mujeres y hombres asustados. Apenas quedaba sitio para alguien más, pero Lilian Imatitikwa, embarazada de tres meses, se las apañó para que su vientre no sufriera demasiado con los embates de las olas. Muy cerca de ella viajaba otra mujer, Joi Yiamu, también joven -29 años-; también nigeriana. La una y la otra a punto estuvieron ayer de alcanzar su sueño, llegar a Canarias y así aspirar a un futuro mejor, pero no lo consiguieron. La patera zozobró y los equipos de rescate llegaron demasiado tarde. Por eso el marido de Lilian se retorcía ayer de desesperación sobre el puerto de Mala, en el municipio de Haría, al norte de Lanzarote. Los guardias civiles que lo rescataron para después detenerlo, incapaces de darle consuelo, apenas pudieron tapar su frío con una manta marrón y esperar a que el hombre dejara de sollozar.La tragedia fue mucho más grande. En la patera hundida viajaban 20 inmigrantes, de los que, además de las dos mujeres fallecidas, cinco desaparecieron. El resto fue detenido, incluidos los tres marroquíes que supuestamente tripulaban la patera. Han sido acusados de tráfico ilegal de personas.

En las seis embarcaciones restantes, que fueron llegando de forma escalonada a Canarias desde las 00.30 horas hasta las 9.30 horas de ayer, arribaron las otras 86 personas, en su mayoría de origen subsahariano -principalmente de Nigeria, pero también de Costa de Marfil y Sierra Leona-. Todos, a excepción de siete de los 15 marroquíes -dos de ellos menores- que viajaban en esta travesía, fueron detenidos por la policía y la Guardia Civil.

Estado lamentable

En la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Fuerteventura ayer no daban a basto. El lamentable estado en el que están llegando últimamente los emigrantes ha movido incluso a un grupo de agentes de policía de Puerto del Rosario, capital de la isla, a hacer una colecta para comprarles zapatos y ropa.

Desde la Delegación del Gobierno en Canarias se baraja la tesis de que las pateras llegaron remolcadas por uno o varios barcos nodrizas, que las fueron acercando a las costas de las dos islas orientales, sin que se haya localizado ninguna de las embarcaciones. Ayer se rastreaba la zona para tratar de localizar al resto de desaparecidos, cuya patera zozobró bien por una mala maniobra o por el estado de la mar. Éste es el segundo naufragio mortal que se produce en aguas de Canarias en menos de un año, tras la tragedia vivida en julio de 1999, cuando se ahogaron nueve inmigrantes, entre ellos un menor.

La avalancha de ayer, que ha venido precedida por la llegada de otros 180 imigrantes en grupos de 30 o 50 en lo que va de mes de abril, confirma además para las autoridades el cambio de tendencia del origen y perfil de los emigrantes que desde el Aaiún y el Cabo Jubi están entrando a Canarias, fundamentalmente por Fuerteventura. Al principio eran sobre todo marroquíes, ahora son subsaharianos de Nigeria y Sierra Leona, y por lo menos un 35% son mujeres.

La mitad de ellos no saben a dónde llegan. Algunos dicen que han pagado para ir a Las Palmas, otros para ir a París. Uno de los guardias civiles que se estrenó en su puesto recogiendo cadáveres en el sur de Fuerteventura, en las playas de Jandía a finales de julio pasado, comentaba ayer que no le extrañaba que estuvieran llegando embarazadas: "Se ha corrido la voz de que si dan a luz aquí tienen la estancia asegurada. Todas dicen que el padre es español". Este agente no puede comprender cómo se juegan la vida 15 o 20 personas en un barquillo completamente inestable. Desde que está en su puesto ha interceptado unas 20 pateras y cree que son muchas más las que entran, porque controlar y vigilar esta costa es prácticamente imposible. "Es mucho más grande que el Estrecho y allí hay muchísimo más control", razona.

Por su parte, el consejero de Asuntos Sociales del Gobierno de Canarias, Marcial Morales, hacía ayer un nuevo llamamiento para alcanzar un acuerdo con las autoridades de Marruecos y otros países del entorno para poner coto a la red de mafias que trafican con personas. "A las mafías hay que atacarlas en el lugar de origen, donde se sabe además quiénes son y cómo funcionan", añadió. El buen tiempo que se avecina traerá más inmigrantes. Vivos o muertos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de abril de 2000